Las sabanas olfateaban el momento. Limpias, perfumadas
con ese aroma de lavanda tan digestivo para los amores que prácticamente no
había manera de evadirse. La rotación de cuerpo coincidía con la mirada. Las
manos escondidas eran la respuesta. La casa oscura y ninguna fotografía sobre
la mesita de cama.
- Es curioso, se dijo. Tantas veces he visto tus
contornos y ahora siento que no acabas. Te me expandes como el discurso. Como
el apetito.
Entonces, sólo entonces, de una bocanada se alteraron sus
papilas gustativas y rebuscó entre sus sueños el manual de la merienda.
Sergio Astorga
Tinta/papael.

Me encanta el dibujo, Sergio. Y el texto tiene frases exquisitas "te me expandes como el discurso". Qué bueno.
ResponderBorrarUn abrazo.
Te admiro, un texto inteligente, sarcástico y la ilustración absolutamente inquietante, hasta dientes veo. Un abrazo :)
ResponderBorrarCama y merienda... una combinación muy sugestiva. Besos, querido amigo.
ResponderBorrarSara, tu sabes que la línea y la palabra tienen un bien común. Los ojos y el ido se juntan. Imágenes al fin de cuentas.
ResponderBorrarAbrazo escrito.
Myriam, descubrí los dientes y eso me incentivó a poner el dibujo con el texto. Es curioso como se corresponden los momentos. Son dos actos que a veces los separan días y en un momento coinciden.
ResponderBorrarAbrazo sin dientes.
Isabel, cuántas Romas no se han vivido entre el lecho y la merienda.
ResponderBorrarBinomio inquietador, ya en sueño, ya en acto.
Abrazos que coincidan.