La realidad del café se aposentaba ese lunes a sus anchas. Su aroma tostado y esa acidez propia del café de altura lo hacían perder la cabeza. La rotación de su mirada, la sed de sus labios y esa interrogante cotidiana se abría paso. Nada de azúcar y sólo dos cucharaditas monosilábicas le daban la seguridad de sentirse planeta, como un sueño litigante.
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¿Y qué tal si, antes de ir a la procesión, o al volver de la playa, o
antes o después de tomarte una cerveza en una terraza de Valencia, te pasas
por aq...
Hace 3 días.


