Aburrida de dar vueltas zumbando en mi sopa, realiza un giro descomunal. Retoma la ruta del florero a mi plato y se posa en la cuchara. El tiempo se detiene y los vapores de la sopa parece que la narcotizan. Intento, en un movimiento espontáneo, darle alcance. El instante se congela, el espacio se comparte y esa línea ilusoria se quiebra y ella despega con su sabia rapidez. Revolotea triunfante por el plato con una superioridad antipática. Por fortuna tengo un instinto doméstico y nada ma perturba. Voy por un poco de miel y la unto en un pan. Espero el aterrizaje en un ambiente más propicio para la palma de la mano y propinar el manotazo final. No tengo urgencia.
PASA POR AQUÍ Y CONVERSAMOS
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¿Y qué tal si, antes de ir a la procesión, o al volver de la playa, o
antes o después de tomarte una cerveza en una terraza de Valencia, te pasas
por aq...
Hace 3 días.



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