miércoles, 28 de febrero de 2018

Lección sexta


No hay dolor ni pena en al mañana que la luz perturba. A cada sombra le da su lugar para que se manifieste abiertamente.


*estas lecciones tienen la acepción etimológica de lección: acción de leer. No tienen uso académico.

martes, 27 de febrero de 2018

Calle de doble sentido


En la calle de las Flores habita un señor muy bien sucedido, esto es, vestido con traje negro y temperamento caballeroso. Le gusta meterse en los aparadores y en la calle de las flores hay muchos. Su figura se agranda y se desfigura. Hoy, como un Magritte educado, en los cristales se instalaba el reflejo de las casas de la ciudad como si su cabeza entrara en una ventana. Se diría que le queda bien la ciudad en su cuerpo. Si cada uno dijera lo que piensa, se formaría una escalera tan grande que llegaría hasta el último tejado. Pero nadie se da cuenta, llevan su propio reflejo, sus barcos de sombra y humo, a imaginar otros cuerpos que se den cuenta de ellos.
Me gusta llamarlo Jac, por darle un nombre corto, impersonal. Lo siento como un vecino en el río de la calle. Es como un espasmo pictórico, se cruza y se entrecruza, se funde y confunde entre los escaparates y sus objetos. Su deseo es sencillo, exhibiese a sí mismo, proyectarse en el ascensor de su imaginación. "Jac el Magritte de la calle de las Flores" así lo bautizo. Me moja ese aire sin aire, esa voz sin voz, esa subversión. Ese maduro perfume de los que viven con la irreverencia. 
Como un dibujo de tinta china, con el silencio helado, el cambio de luz ha desvanecido a Jac en insípido mortal. Que importa, me animo, así el mañana tiene sentido.

Fotografía: Montra na Rua das Flores, Porto, Portugal.

lunes, 26 de febrero de 2018

Sopa fria



Fue un hombre famoso por comer sopa de verduras. Regresó de la guerra con el desencanto propio de los veteranos y la inquietud de que algo le explotaría en cualquier momento. Todos lo querían en la ciudad. Una ciudad pequeña, muy pequeña, por eso era posible cruzarse con él cuando iba al restaurante a comer su sopa.

- Buenas tardes, Pep.
- Buenas, vamos a eso.

Con su guerrera verde camuflada se le veía con paso firme entrar y sentarse en su mesa preferida cerca de la puerta, alerta al más mínimo movimiento extraño.

- Que tal, Pep.
- Todo correcto. Ya sabes, la quiero tibia y con tres zanahorias fuera del plato.

Todos gustábamos mirar su cabello ensortijado y esos finos modales para llevarse la cuchara a la boca. Esa placidez, ese desarme de su tensión para entrar al pleno disfrute nos conmovía. Eran los momento en que parecía olvidar tantas muertes.

- Fue inútil. Siento que me consumo.
- Te entendemos Pep.

Todos lo queríamos en la ciudad. Nadie sabe hacia donde partió. En su honor seguimos poniendo en su mesa cerca de la puerta el plato de sopa tibia con tres zanahorias fuera del plato.

domingo, 25 de febrero de 2018

Lección quinta


Cuando el río y el mar se juntan parece como una una mano abierta contuviera la saliva del planeta. Algunos intentan arrojar el anzuelo.

Fotografía: Rua du Ouro, Porto, Portugal.

sábado, 24 de febrero de 2018

Jonas el obcecado


Obsesionado por mirar, el ojo le ha crecido tanto que ha jurado venganza. Comenzó por meter en un gran saco de ixtle todas la imagines conocidas. Le gustaba que lo llamasen Jonas. Era tan oficioso que poco a poco el mundo se fue quedando vacío. Su jubilo contrastaba con esa mueca de desencanto. Todo mundo sabía que nunca pudo guardar la imagen de su enamorada. Comenzó el vecindario, primero a murmurar y después a vociferar el nombre de su amada para evitar el exterminio de la representación. Desesperado, Jonas, se ha puesto tapones en los oídos sin resultados. La imagen de Matilde hace presencia a cada momento. Se suplica que hagamos una cadena para evitar que Jonas siga pepenando imágenes.

viernes, 23 de febrero de 2018

Cuerpo danzante


Bailaban con sus cuerpos.
Había música en sus cuerpos.
Nada más pegajoso que el cuerpo.
El caracol se acurruca en el cuerpo,
en la piel
en los huesos
en el ritmo.

Un paso,
un círculo que se escurre en el piso.
El olor pegajoso del cuerpo.
Sus nombres en el ritual del cuerpo.
La melodía del calor se tambalea,
penetra como aguijón
en los húmedos cuerpos.

El ritual atado paso a paso
es la misma historia de los rituales
en la orilla de los cuerpos.
Una letanía que se festeja en el cuerpo.
Otra vez el aliento, las voces,
la historia de los latidos 
en la plegaria de los cuerpos.
El ritmo de la lengua
baila por todo el cuerpo.

jueves, 22 de febrero de 2018

Plenilunio arquitectónico


Recurso fácil decir que me vuelvo luna brillante cuando pienso en ti.
Para el amor una aspirina, decía mi tía Bertha, en sus nupcias definitivas con la soltería. 

miércoles, 21 de febrero de 2018

Maquinación


La rutina se rompió. Un proyectil de sonidos. Un acueducto de trompetas chirriantes llegó con el correo. Yo quería una cajita de música, que saliera de sus entrañas una sílfide o cuando menos el lago de los cisnes. Nada, gasté mi salario bisiesto para esta estrambótica máquina. Leo el instructivo como si fuera la entrada a una gruta imantada. Mis oídos servían de ataúd a tal espanto. Me siento en una dualidad funesta. Regateo la decisión de tirarla a la basura y con ella mis dineros. No hay garantía, el mecanismo funciona pero la música es un borbotón de infamias.
Llorosos, me interrogo dónde quedó la fragancia de un Tchaikovsky. Esta tarde inválida veo pasar el cuerpo rígido de mi infancia con su pálido rostro. Un coro de fantasmas me invade. Me conviene decir que lo compré confiado, naturalmente, el vendedor parecía honesto. Con este licor dulce de manzana en el cuerpo y el martillo en la mano, doy el definitivo golpe a este relincho maquinal.
Prometo no volver a escuchar a los merolicos. Haré voto de silencio.

martes, 20 de febrero de 2018

Quincuagésima novena columna


Algunas columnas sustentan la bifurcación irradiando su sostén con brazo firme.

Fotografía: Estación de Porto-Campanhã, Portugal.

lunes, 19 de febrero de 2018

domingo, 18 de febrero de 2018

Tarde entonada


La tasa, muy Mozart, convivía con la jarra muy Scarlatti. Todo parecía indicar que la tarde sería tranquila, sin tonos violentos, pero la intrusa cuchara, muy Brahms, tenía que expresarse, dramáticamente. Presto, intenté acompañarla con un movimiento circular en el agua de té de pasiflora para mitigar ese dolor de la existencia tan suyo. Hipocondríaca, veía tonos mayores devastarla, perdía el compás para caer en un silencio de fusa. Como podrán imaginar mi tarde nunca alcanzó la tensión necesaria para encontrar el goce estético. He salido de casa molesto. No tuve reparos en comprar unos palitos de madera para sustituir a la cuchara. 
Tienen razón, regresé al origen, el compás binario que todo corazón tiene para armonizar con el domingo.

sábado, 17 de febrero de 2018

Lección cuarta: Hoyo en granito


La concentración de masa no es nueva. La región finita de la piedra sugiere que nada puede salir de ella, como la memoria, la radiación genera un horizonte de sucesos.

viernes, 16 de febrero de 2018

Jonas y la palmera


Los días son extremadamente calientes. La arena parece que se rompe en mil pedazos. Jonas llegó como los impíos, sin ceremonias, se recostó en la candente arena, junto a la palmera que tajante como columna egipcia desuella al poco viento que choca en contra sus hojas. La luz rota, fulgor que caía a plomo sobre el cráneo de Jonas. Cansado de hombres y ciudades llegó a este solitario páramo. No hay paredes, nada que le impida volver al punto de partida. Jonas acaricia amorosamente el tronco de la palmera. Nada le gusta más que la textura, el repliegue de su forma. La palmera erguida, permanece invencible. Un mundo de vértigo lo somete. Recuerda ese sonar remoto del llano. Huizaches, cantos de grillos; sus pies dando pasos de ciego levantando polvo. Se abraza a la palmera; a su querida palmera. Jonas reconoce su debilidad. 
Así es el sueño cuando busca su cauce en los días extremadamente calientes.

jueves, 15 de febrero de 2018

Recibidor


Los reflejos son el esqueleto discreto de las imágenes proyectadas en el agua. No hay mejor gris que el horizonte callado de la ciudad con su río. A veces un barco se desprende y surca en silencio haciendo de la estela una especie de llanto que fluye en comunión. La brisa errante nos cuaja y somos los estáticos ojos que se espantan al oír el rumor de una vieja tristeza o ese deseo de partir y desandar el camino. Furtivos, los tonos turbios de los ocres se pierden como huéspedes que no saben cuál puerta indica la salida.
Es fácil decir que los tránsitos futuros errarán por lo que llaman alma. Una prosa nadará incolora y sus esfuerzos se fundirán con el celaje.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Torcuato es un caso


Todos saben que hay un abril en su memoria y que tiene debajo de la lengua palabras enroscadas. Todos saben que tiene la jovial presencia de animo para vestir con gracia ese sombrero de saltimbanqui en su amapola cabeza. Por eso, cuando lo visito me traspasan las biografías conocidas y me siento en esa silla de paja a mirar como acomoda sus libros. Pasa Ovidio entre panes tantálicos, pasa el libro del Buen Amor, se acomoda Quevedo entre Sigüenza y así, uno a uno de los libros llenan sus estantes, como si la resaca nunca dejara inmune el rostro. Alguna fe adorable tiene Torcuato, su mirada es una palmada en el  hombro, yo no sé cómo resiste ese vendaval de ser consciencia. No tiene adioses en sus ojos y parece que sabe de qué lado caerán los dados. Hay una inmensa calma pulida en su manos, son como un dulce bolillo salido del fogón. Cada martes lo visito, si hay algo que gusto de la semana es ese día. Lo ausculto como si fuera un huerto de árboles frutales. Torcuato me cuenta que en mayo tomó la decisión de ser abril. Le creo y espero que algún mes pueda vivir en su totalidad en mi. Una chicha calma se lamenta en mi voz, porque Torcuato sólo sonríe y no me dice nada. No me aburro, trato de encontrar esa bahía que parece acoger a Torcuato. Todo parece tan fácil. Haber nacido sin causa, lo he leído, sabe a sombra.

martes, 13 de febrero de 2018

En el ropero


Me acabo de enterar que escondida en el ropero se encontraba el testimonio de su eco, de su espacio, de sus raíces; ahí se siente tranquila y canta, trepida entre abrigos y bufandas. En mitad de la noche la busco con los ojos abiertos. No pestañeo. Trago saliva enamorado. Con los ávidos dedos froto el vestido azul en mi cara. Me crecen los labios entre los ganchos de ropa y ese fino olor a encierro de la seda. Dibujo el signo prohibido de su nombre y siento que respira entre el roble y la sequedad de los cuellos almidonados. Habito este reducido espacio que no se acaba nunca. Entre brasas se mete en mi nariz la polilla, me hace toser. Me aferro a una bufanda, la enredo a mi cuello, aprieto y me deslizo. Doy vueltas buscando completar el ritual del apareo. Caigo inmóvil en la quimera, en el callejón de mi frente.
Nunca entenderá lo que me gusta este ropero.

lunes, 12 de febrero de 2018

Lección tercera bis: Lavado en seco


Las torres como la ropa se secan al sol para que su destino pueda arder con la alegría del amor consumido. La memoria guarda con gentileza esos instantes. Después, todos volvemos a casa.

Fotografía: Torres de la Sé Catedral. Oporto, Portugal.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Afinidad atractiva


Amigos entrañables para regocijo de los biógrafos o da las precarias historias para niños que se cuentan para hacerlos dormir. Genaro y Tolentino, se conocieron de manera natural, al verse en la plaza, después de la función, era obvio que se fugarían, embebidos en esa sensación de ser libres. Genaro, con su anillado cuerpo supo que esa nariz  enorme de Tolentino iría a facilitarle la subida a su lomo. El primer cansancio llegó tres días después, cuando Tolentino decidió parar para beber agua en la fuente. Genaro, temeroso, urgía seguir el camino. Amanecía y las desiertas calles comenzaban a despertar cautelosas, como tratando ocultar al máximo la fuga. El final asechaba, ellos lo sabían y como anestesiados retomaron el camino silenciosos como esos amigos interminables, exhaustos y ciegos. El cazador los espera, anclado en la esquina, afina la puntería. No falla. Ellos no se quejan. Caen en un sueño narcotizado. Los suben al camión. Se prepara una jaula conjunta. Una nueva atracción se avecina.

martes, 6 de febrero de 2018

Quincuagésima octava columna


Algunas columnas conviven con celestiales imágenes en el contraste permanente de la clausura.

Fotografía: Braga, Portugal.

domingo, 4 de febrero de 2018

Lección tercera


La materia toma cuerpo cuando la ciudad avanza en su cotidiana exposición a la intemperie. De igual manera, el olvido toma materia cuando se expone. La coloración tiende a los ocres, a los cobaltos y grises verdosos. No hay referencias, sólo el juego del mirar, como deseaba, Antoni Tàpies.

jueves, 1 de febrero de 2018

Febrero


Se acabó la espera, la manera de pedir haber nacido sin causa única. Febrero destapa el pomo de los números de la buena brecha. Estiremos las extremidades y las innumerables horas de las madres nocturnas que cantan nanas con las pupilas abiertas. Celebremos.