lunes, 30 de marzo de 2015

Inspiración


Callados siempre fueron. 
Mudos y ágiles pasaron los días de cosecha. En la temporada de riego siempre hay sorpresas. Dicen que desde el sauce hasta la casa de las muchachas, una se llama Tere y la otra Jacinta, una culebra salía por las noches. Afirman que su olor era fuerte porque atraía, cautivaba. Una vez yo me acerqué hasta su casa y las vi por una rendija de una puerta de ocote muy gastada. Sus pieles eran blancas, como de leche y sus cabellos negros, uno largo hecho trenza y otro muy corto como el de mi tía, la que nadie quiere por moderna. Ellas no me sintieron, pero yo sí. Se enrollaban y se frotaban una con otra como si tuvieran frío, ese frío de ausencia que uno lleva adentro.

Los vecinos, callados siempre fueron. Por eso tejen con palma culebras multicolores que se entrelazan como las muchachas. Yo creo que las han viso. Si no ¿cómo?. La imaginación no da para tanto.

viernes, 27 de marzo de 2015

Por encanto


Frases simples por los labios y una sencilla palabra disfraza la sorpresa del de repente; del te dije. Aunque hables días y noches lo que ya te oí tiene su rumbo. No vale la pena cumplir más cuerpos, ni escribir diarios y bitácoras de citas. A lo lejos se distingue el ocre de la tarde, tan natural. Inofensivo. 
No me sueltes, lo pienso. Nos perdemos de tanto hablar. Nos contamos bien. Nos señalan porque estamos vivos. No me sueltes, aunque el viento te ensucie el cabello. Platicar es fabular. Las paredes blancas son un buen fondo, absorben nuestros perfiles y se salvan los contornos de las frases.
Comprendo las urgencias, dejemos los cafés un instante, tu irás por una trufa y yo pretextaré ir al baño. 
Manía muy familiar sentir que el paseo es parte de la casa. Revolotean esos detalles; lo pesado de tus aguas, el deslumbrante solar de tus estancias y ese dormir entero sin pausas y sin ruido. Antes que volvamos a sentarnos frente a frente, quiero recuperar ese pensar femenino que me inventa. Yo sé que cuando llegues no podré decir nada y el zarpazo del silencio me hará morder la lengua temblorosa. 
Ya regresas con dos trufas en la mano.
Creo que volveré a quedarme callado. Por encanto.

Fotografía: Monçaraz, Distrito de Évora, Portugal.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Ni gallo ni caldo para el cazo


A este gallo lo queríamos hacer caldo, que para eso Doña Juana tiene una mano experta. Pablo y yo lo correteamos toda la mañana. Con movimientos diestros huía como si estuviera hecho de consonantes de la fuga. Lo vimos en reposo, Pablo por un lado y yo por el otro, tratamos de apañarlo. Burlados y con el alma escondida y con gemido nos sentamos para mirar al gallo vanidoso, que rascaba la tierra enviando el mensaje burlón de su figura.
No sabíamos que ese gallo era pendenciero. Doña Juana con el cuchillo de cocina en la diestra, maldecía con siniestra mirada nuestra torpeza. 
Un caudal de rasgos matemáticos parece dibujar en la tierra en tanto canta, ¿será tal vez que este gallo es la encarnación del pitagórico cuidado?
A Pablo y a mi, nos queda el destierro, que si no corremos, Doña Juana nos deja con el pescuezo partido.
Ni crean que hay moraleja, cuando no se puede no tiene caso aderezar el caldo.

Tinta/papel

martes, 24 de marzo de 2015

Para remachar


Como si estuviera tatuada, la puerta ya no tiene entrada y los azules y los grises ya son el consuelo del que pasa.

Envenenada, dijo una señora, sacando dos bolsas de basura, esta envenenada. Aquí joven, sólo va a encontrar desconsuelo. 

Una especie de látigo penetraba en la memoria. Tantas veces cruzamos esa puerta para beber ese torpe bienestar del ron. 

Fue una noche de diablos, nos contó el conserje. Fue una noche de fuego, donde el licor se moría de frío y ella, al alba se hizo luz.

En un principio había una ternura bien nacida, un amor que olía a remedio; a yerba santa. Esas manos delgadas que brillaban como este pensamiento que le dedico. Se parece al triunfo aunque sea derrota. Las palabras lo saben, por eso las digo.

Yo la vi salir, no es cierto lo que cuentan, fingió veneno para que la dejaran salir. Nos dice la vecina. Yo era su amiga. Muy amiga. Se fue al tercer mundo. Eso me dijo y se fue. Yo era su  amiga. Muy su amiga, ¿porqué me iba a mentir?

Yo vengo todos lo años. Ya son seis. Me aferro a no sé qué, a esa hermandad del recuerdo. Tal vez busque negar el fresco horizonte que tengo delante de mis ojos. Uno regresa siempre a ver si despierta el bien estar.

Fue envenenada, insiste la señora. Ya no venga. Me deja triste el verlo. No ve esos clavos oxidados, así parecen sus ojos. Ya no venga. El veneno no resucita.

Fotografía: alguna puerta en Braga, Portugal.

domingo, 22 de marzo de 2015

Gato encerrado


Legendaria es su mirada y por eso nos mira con la superioridad del que se sabe triunfador. Habitante de los trances entre la fiera y la estatuaria su ojo es un dardo que sale disparado para dar certeramente en el blanco. Yo lo espío y espero que no huela el miedo de la sangre. Nunca me dejo llevar por su belleza, por que sé que su estrellado cuerpo no es de cielo.
Confieso que me vuelvo tonto y no atino a distinguir el porqué me deja el ánimo pestífero, si es un simple peluche ganado en buena lid en la feria de San Cristóbal. 

jueves, 19 de marzo de 2015

Suerte por agua


Al amanecer, lo que en algún tiempo se llamó maitines, por los corredores del antiguo convento de la orden de las Precavidas, hoy Museo de Historia Natural, Ramiro Ramalde, reptaba siguiendo la ruta que lo llevaba al patio y a la fuente octagonal para sumergirse en el agua cristalina y fresca que toda la noche goteaba de la llave. Cuando llegaba al pie de la fuente ya tenía suficiente agua para cubrir su cuerpo, nunca aprendió a nadar por eso  no tomaba baño si el agua le cubría la cabeza. Al llegar, cual no sería su dicha, sumergida hasta el cuello, un cuerpo como de estrella verde, nieta tal vez del jade, una espuma de agua como una verdadera Chalchiuhtlicue chapoteaba plácidamente. Desde su transformación, sus gustos habían cambiado, los seres terrestres ya no lo inquietaban. Sin ser visto subió ala fuente, al contemplarla perdió el habla, es un decir, porque ya no emitía palabras, sólo sonidos como de agua corriente. Ramiro entendía todo lo que se hablaba en español pero él no podía pronunciar las palabras. Ella, con la intuición de Diosa, con un movimiento de agua lo invito a entrar. Siguiendo su instinto se lanzó a los brazos de Chalchiuhtlicue que después de la primera caricia lo devoró lentamente.

Tal vez Ramiro Ramalde, lo sabía, y eso me consuela un poco. Hoy habita en el Tlalocan, el paraíso, adonde van todos los que murieron en un trance relacionado con el agua. Ya lo veo jugando y cantando Ad eternum. 

miércoles, 18 de marzo de 2015

Luz de adobe


El mundo andaba perdido en mi cabeza y no encontraba la salida. Antes que el abandono secara la Ruta de la Plata y las nubes se arremolinaran para dejar pasar la luz acerada batiendo en el adobe, y las gallinas picotearan la tierra para que las lombrices secas como el chile guajillo asomaran su adormecida cabeza; antes de eso, yo me acuerdo, por aquí anduvo el brillo de la codicia y el murmullo del molino triturando el maíz. Yo me acuerdo del sonar de las noches y el sabor del atole caliente. Ya se fueron todos y no sé si entrar, ahora que ya no tengo querencia que me detenga. Ahora el silencio se reparte frío, indiferente a los rostros que una vez dieron vida. Hasta los pájaros se han ido a buscar el cántaro de las voces de los vivos. Aquí se hablaba y se lloraba en español y se comerciaba en ingles. También se encendían las velas y los ladridos de los perros espantaban a los nahuales y a las seis de la tarde se escuchaban los rezos a San Isidro Labrador. Aquí se mató a gente buena por otra gente buena que tuvo estas tierras como suyas. Todavía se huele a tortilla y a boñiga. Los días son para guardar porque hoy, a pesar que hay día de fiesta todos lo años, el regreso a la memoria es un apretado suspiro que se siente y no es que uno sea sentimental, la cosa es que aquí se huele a historia de caminos. Por eso el mundo se pierde en mi cabeza y la espinita que se nos clava en la palma de la mano se hunde mas y mas sin que el migajón del bolillo recién horneado pudiera sacarla. 
No me arrepiento, los remordimientos no son para mi, uno regresa a los lugares no para encontrar, ni para olvidar, sólo para sentir la vibración de la lumbrada, esa soledad que alivia cuando se atraviesa una puerta. Despacito, uno sabe que el adobe gana alma con el tiempo.

Fotografía: Rancho Las Golondrinas, Santa Fe, New Mexico.

sábado, 14 de marzo de 2015

Revista Microfilias


Este Abarrote se complace en informar a su estimable clientela que la Revista Electrónica microfilias tuvo la gentilza de publicar en su paginas cinco textos de este abarrotero. Los convido a leer.
http://www.microfilias.org/2015/03/cinco-micros-de-sergio-astorga.html

Gracias a la Editora Patricia Nasello y Libros al Albur

viernes, 13 de marzo de 2015

Cuando la imagen crece


Con el espejo entre sus piernas, la niña amanece con un lunar en la mejilla que le crece como un órgano. Se enciende el día y desordena sus noches. Y nunca más sus manos vestirán a la muñeca de trapo.

Tinta/papel

jueves, 12 de marzo de 2015

Brevedad XIX


La bella Brevedad revitaliza el antiguo mito cosmogónico: devora las palabras para vomitarlas transformadas.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Caja de ahorro


Para divertirse guardaba en una caja de madera sus trofeos de vida, los que para él tenían sentido. Era diversión, nunca tuvo ese murmullo que ancla y  que devasta los días y los vuelve estériles. A veces pienso que solo vivía para guardar. Guardaba el reloj suizo que una vez le regaló el señor Moncada, un hombre alto y generoso; regalaba sólo por ver las miradas risueñas del agraciado. El reloj no servía, ningún reloj ofrecido por el del señor Moncada servía. La verdad nada en esa caja servía. Que manía de guardar todo. Los bigotes del gato Fufu envueltos en papel de la china; los retratos de mamá y papá si tenían sentido, hasta para mi, pero almacenar las velitas de cumpleaños de la amiga Rosa, que ni siquiera llegamos a tratar me parecía un delirio. Corcholatas, botones, huesitos de tejocotes pintados, canicas de vidrio, trompos, baleros, estampas de actrices, jugadores de beis ball, plumas, lápices, grandes, pequeños, diminutos. Todo lo que ha pasado delante de su vista le parecía significativo. Lo que no entiendo es porqué guardaba ese brasier rojo. De mamá no era, de nuestra hermana tampoco, y lo digo por cálculo visual, porque ellas eran de pecho pequeño y este sostén es vasto.
La curiosidad me quemó por varios días hasta que tuve el valor de preguntar:

- Servando, ¿ese brasier de quién es?
- De Rosa.
- ¿De Rosa?
- Me ahorro los comentarios.

Mixta/papel

martes, 10 de marzo de 2015

Letras en el Liceo


Ha llegado desde Santiago de Chile cruzando la mar océana a este Abarrote el libro Letras en el Liceo, organizado por la Cooperativa Letras de Chile, con el financiamiento del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes con el patrocinio de la Municipalidad de Santiago. Así es el bombo y el platillo para poder leer una antología de textos de varia intención. El libro está dividido en tres secciones: Microrelatos, Cuentos y Poemas. Este abarrotero gusta mucho de la rebeldía lectora, por eso toma los textos (sólo los micros), los relee, los voltea y aveces comenta. Hoy con un queso de cabra untado en pan de centeno se me antoja decir que los textos o Arcanos de Susana Sanchez me dejaron el sabor del presente en el polvo viejo de la adivinanza. 
Marcelo Beltrand, sus Confesiones de un suicidio, me dejaron los cristales esparcidos por el piso de ese antiguo espejo que colgaba del lado izquierdo del mostrador; un buen abarrotero siempre tiene la escopeta lista para defenderse de sí mismo.
Pía Barrios, me dejó el sabor del exilio entre las cienes y esa nostalgia quebrada por mas algodones que puse alrededor de los días que me habitan. 
Diego Muñoz Valenzuela, me convirtió en homo, después en ogro y como pude, arrastrándome por el cieno logré erguir la mirada y otear el peso de la existencia. No sé la razón, pero siempre los textos de Diego me dejan la sensación de que hubo un paraíso que nunca conoceré. 
Gabriela Aguilera me dejó el pan ácimo del amor, el que se tuerce, el que se gasta como suela de zapato. El que todos queremos asesinar algún día, el día más y mejor pensado; un amor vacío que ni las palabras lo llenan.
Lilian Elphick, me dejo esa sensación recurrente de seguir el texto hasta el infinito, rascándole la costra, bebiendo el tuétano y queriendo componer otro cuerpo de palabras. No niego mi entusiasmo y mi recato. Confieso que se me abren mundos sensoriales con sus textos. No me importa la objetividad, soy un lector de Antojos. Por ejemplo, voy a reproducir un texto, y que me perdonen los chiles y las cebollas:

Sueño del pájaro

Un pájaro soñó que era Chuang Tzu. Al despertar tenía brazos y no alas. Triste porque ya no quería volar, se dedico a escribir. Una mariposa se posó en su ala y le dijo: “No has despertado aún”.

Con independencia a la referencia al celebérrimo Chuang Tse. En el texto el Sueño del pájaro, hay una transmutación. Las palabras tocan la metáfora como el único hechizo que puede empalmar el ser y el estar en distintos planos de tiempo. No hay confusión de estados ni de oficios. Las alas son a la escritura lo que los brazos al vuelo. La mariposa, de obsidiana tal vez, es el único ser sensible que en su fragilidad de vida se da cuenta que lo uno es igual al otro cuando hay un trance creativo. El sueño es un estado de alerta, no de abandono. Despertar, es sólo el accidente necesario para buscar de nuevo al trance. La ironía se encuentra en que tengo que estar despierto para leer que el sueño tiene al Ícaro perdido.

Gracias Lilian por aceptar el trueque del calendario 2015 “los Ángeles de Guardar” que sueñan, tal vez, en estar en un Liceo distinto al Abarrote.

lunes, 9 de marzo de 2015

El dolor de la sirena


Con intensos dolores de vientre fue encontrada en las costas cantábricas a inicios del siglo XIX, una mujer con cara de ave, cola de pescado y un olor de alga en descomposición.
Dicen que un pescador medieval pescó un bacalao de un metro de largo y esa leyenda permanencia en el imaginario de los moradores de la bahía de Vizcaya, por eso cuando vieron aparecer a ese gran pez pensaron que el mito era verdad. De inmediato quisieron salarlo para conservarlo lo mas posible con el mismo método antiguo cuando los barcos llegaban de Nueva Inglaterra repletos de bacalao. Al bajar la ola del entusiasmo comprobaron que no era un bacalao. Cautivados, notaron el parecido con una sirena. De inmediato se taparon los oídos con cera, ya que sabían que sus cantos eran mortales. Al verse vivos, se felicitaban por la suerte de tener, sin procurarla,  la viva representación de un ser marino.
Con cuidado, a la sirena la depositaron en la arena y  humedecían su cuerpo escamoso con agua marina para evitar que se resecara, pero al ver que la sirena se retorcía de dolor y que la sensualidad de su canto, si es que alguna vez lo tuvo, había sido abandonado por el gemido. Pensaron construir un tejaban para que los rayos del sol no la hirieran. Sin embargo, los gritos de dolor crecían, así como un pestilencia que salía de la boca en cada exhalación de la sirena. 
Los pescadores mas experimentados se reunieron alrededor de la sirena para tratar de resolver el enigma, ella transida por el dolor, abría los ojos como si se le fuera el aire, en una suplica conmovedora. Es mal de amores, dijo uno de ellos. No, no creo, las sirenas no se enamoran, solo seducen, dijo un antiguo capitán escupiendo las palabras. Yo creo que tiene dolores de parto, dijo el pescador menos avezado en lides de mar. ¡Imposible! gritaron todos. Las sirenas no se embarazan, son hermafroditas. ¿Entonces, porqué enamoran a los hombres? Por maldad, señaló el capitán.
Déjense de historias, dijo el veterinario al llegar junto a la sirena. Déjenme revisar. El diagnóstico no demoró en ser sentenciado. El problema es estomacal, algo tiene aquí dentro y no es un sirenito, afirmó. No puedo esperar a darle un purgante o un lavado. Voy a tener que abrir y ver que es lo que provoca el problema. Con los efectos de la anestesia los ojos de la sirena recobraron la calma.
Al abrir el vientre, un cangrejo ermitaño salió despavorido con rumbo al mar sin que le pudieran dar alcance.
Durante tres meses la sirena fue alimentada con bacalao hervido. En gratitud, la sirena vuelve cada año al finalizar el invierno a las costas cantábricas para entonar canciones tiernas en una lengua semejante a la Euskara.  

Tinta/papel

domingo, 8 de marzo de 2015

jueves, 5 de marzo de 2015

Preparativos


Detenidos por una cuerda que se enrosca tiramos a la suerte la impaciencia de llegar. Los sobresaltos están en el aire y en nuestra cabina el presentimiento de la partida se adormece. Así como el tiempo necesita de días, la espera necesita de los signos de esperanza, que son: un mapa con alfileres suficientes; papel de arroz para escribir con letra fina y una lámpara que alumbre los presentimientos.
Recuerda que desandar el camino, dicen, es la rústica manera de mantenernos unidos a nuestro propio cuerpo. Por eso los ojos siempre inventan lo que necesitamos mirar y la resurrección comienza cuando hay un buen nudo por hacer.

Fotografía: Rio Douro, Porto Portugal

miércoles, 4 de marzo de 2015

Angelito


Expulsado de los paraísos conocidos por las mentes que tienen el disfraz de la curiosidad. Él, Angelito Martínez, permanece en la misma ciudad en la que nació hace cuarenta y seis años. Pasa sus días con su gran amigo Jaime, al que le crecieron los pechos de tanto que se asomaba en las barandas. Ellos, prudentes de la gestualidad humana, conviven apacibles, contándose historias de viajes. 
La pureza humana no es duradera, por eso Angelito tiene vergüenza de mostrarse. No quiere ser expulsado de nuevo. Jaime, mas mundano, se muestra con altivez, exhibiendo el pecho sin decoro, ese que le exigen los señores de pipa y guante, y señoras que compran revistas del corazón.
Trabajan en lo que pueden, de nada les valieron sus altos estudios, los bajos instintos los han dejado a punto de la mendicidad. 
Desdeñosos, al fin y al cabo, tienen la fidelidad de haber nacido diferentes y esa ambigua certeza de que toda espera tiene recompensa, no se alteran. 
Ellos no saben que la añoranza es el sentimiento que define a los abandonados.

Tinta/papel

domingo, 1 de marzo de 2015

Marzo


Sobre el año se levanta marzo con una gana de uva que ha de defender al horizonte de tanta duda de amor. Hay un encantamiento en la cintura del día que se moja con el zumo del oriente y un labio rojo se junta con la queja. 
Serán días para crecer la calles y cabizbajos quedarán aquellos ojos que no levanten sus pupilas.
Dejemos que el ángel de la uva nos endulce el pavimento.