Se perdió en el pasillo. Como islas de ensueño, emergió al centro del océano. El cristal se hizo pedazos. Encuéntrame, suplica.
Se perdió en el pasillo. Como islas de ensueño, emergió al centro del océano. El cristal se hizo pedazos. Encuéntrame, suplica.
Navega, danza y fornica con la mar.
Desde el palo mayor la vela espera ese aviso del cornetín para empezar a trajinar. Las aves por la proa y el diablo en la popa con su comitiva prepara la lavativa para los marineros boca abiertos. Faltan escaleras y sobran cuerdas.
¡A embarcarse miradores!.
Desde el cielo las risas de las gaviotas llenan de espuma la cubierta y el capitán se equivoca de ruta y su corazón se llena de tierra.
Nadie dice adiós a los jinetes del mar.
Las bahías se inundan de golfos y los helechos se alimentan con los huesos nocturnos.
Al final la luz de la mañana desfigura el viaje y las horas giran locas en la brújula.
Adiós marineros que el desierto de agua te espera.
Las letras M y B te cortejan.
Esos cantos hambrientos suben al cielo. La plenitud de las constelaciones tocan el pecho del gallo y sus guerreros. El mundo es un metal fundido, despejado de los símbolos como solitario combatiente. Es estéril el triunfo pero el ardor de las antorchas ennegrece el mito, ese ejército que marcha sin nombre y sin bandera. Los pechos y sus fantásticos fantasmas hacen boda con la tierra. La quietud no sólo es del vencido, también es del incrédulo que no quiere cruzar el borde de su identidad.
Así es la solitaria caricia de la madre muerta.
Admítelo
Por qué, no ha de ser, si ha cabalgado por las flores negras de sus monturas.
Por qué, no ha de ser, si la grupa ha soportado lluvias de proyectiles.
Si no fuese caballo sufriría menos que el jinete.
El viento del sur y del norte han cortado de raíz los caminos
y los vino ya son vinagre.
Has de galopar sin jinete.
En luto por el llano alguien guía estas imágenes.
¿Qué quiere el jinete de su caballo?
¿El caballo qué quiere?
Yo miro sentado como el camino ha quedado vacío.
Por qué no ha de ser, si su historia es una polvareda milagrosa.
En verdad, ¿alguna vez fuimos jinetes?
Desde la primera línea supo que la relectura sería su destino como un amante desolado. Si alguien lo leyó, esta olvidado.
Hoy en pasta dura está la dedicatoria escrita en oros, como amortajada.
Siempre he guardado la línea. Si consideras que me excedo. Piensa que mis raíces buscan repetir la forma de mis días.
En el altar de la fuente la caída del ángel abrazando el agua fluye como sangre viva e incolora. La monotonía se observa cuando quedamos a mirar enfrente de ella. El pelícano es testigo del cielo en el viento de la boca de agua. El liquen al sol es el camino mudo de la monotonía. Los días hacen pausa, los siglos avanzan en horas. Entre tantas pérdidas la compañía de la conciencia me distingue.
Los iguales no existen. Si miras otra fuente igual, olvídala. Discurramos con la palabra que no disimula.
Agucemos el oído.
Desnuda de mañana la piedra se llena de musgo, como si saliera del baño. Como si su vientre fuera fértil reposa el verde. Bajar por la escalera y ver como se cubre, como respira esta humedad. No importa que el grafito quiera invadir su espacio. La piedra es jadeo. Comida para los insectos en el remanso bajo la alfombra verde del musgo.
La piedra se cubre fría y hace inexorable el chocar del pedernal como un himno para los que se levantan buscando el árbol. La piedra sin edad contrasta con el hambre de luz del sediento.
Descifrar el enigma de la piedra donde comienza el agua ese es el sentido que nos llama.
El verde. El verde.
A plena luz de la mañana al subir por la escalera de las verdades nos inunda una esperanza que se termina al llegar al final. Al bajar la lucha es la misma. La inocencia se despierta y arde. Ascender o descender tiene la misma sensación que vaciarse, como ese copo de vino que nunca se repetirá en su cosecha.
Fotografia: Escadas das verdades, Oporto, Portugal.
Las afinidades están en los huesos, en las pestañas anochecidas, en su fecha de nacimiento.
Su piel sin mácula les recorre, les cubre sus cuerpos. La verdad las une y son tan diferentes que es difícil entenderlas. Su madre les tejió bufandas con rayas de colores, todavía las conservan y enredan su cuello como si el recuerdo las conociera.
Yo las he mirado crecer, sin embargo, no reconstruyo su rostro, los he olvidado y sólo ese polvo del espejo en el que se miraban me despierta su presencia.
La santa tierra no se cansa, las cabras siguen en la montaña y los zorros se esconden en la cueva. Te canto Pachamama para que los planetas no choquen entre ellos y los abuelos cuenten como les fue debajo de tu tierra.
El hambre tuya es de cosmos y este cansancio es por la falta del humo y alcohol.
En las mañanas te invoco con el moco suelto.
El equilibrio es lo tuyo, y lo mío y lo de todos.
Te canto en voz baja para que escuches.
¿Me oyes?
Los pensamientos en la ciudad lineal construyen una tierra ingrávida. En sus suburbios dejarás el cuerpo. Aquí no hay barcos ni salidas en tren. El silencio se oye cuando caminas. No hay relieve, sólo el suspiro del tiempo que crece al andar. El espacio es limitado, las calle son largas como túneles del sueño. El sol poniente es nada.
Eso disfrutarás cuando entres a esta ciudad delineada.
Mi casa.
En el contraste extenso de la noche fui besado como si mi boca fuera un cuerpo oceánico.
No he salido vivo. Mis pómulos ya tienen la inflamación del color rojo abismo.
Me obligo a recordarte como si tuvieras efigie.
Me desdibujo.
Duros cielos despejados. El salar al sol es ardiente pulmón. Los espacios abiertos del desierto en celo con la historia de la tierra. Hay un lujo mirar la lejanía. Nuestras almas con sed y sudorosas nos piden apretar la visión en nuestra memoria. Como toda belleza es seca, para que lo blanco parezca el lecho vivo de desierto.
En el salar de Atacama, boca a boca el litio duerme escondido.
Lo han despertado.
Vigilemos.
Salar de Atacama, Chile.
Mira el caserío ávido de luz; flanqueado por la muralla de piedra y el metal del puente. El placer es la inmensidad de la memoria pensativa que nos asalta.
Lentamente el azul triunfa de tan ancho.
Hoy hay paz en el ojo.
Las hojas junto con el viento formaron un rostro. Su gesto mestizo se hizo costumbre.
Reverbera. No necesita hablar.
Es como un pájaro salvaje.
En alto contraste la danza medieval se organiza en la mente lógica creando una lucidez caótica. Un delirio de luz y sombra en la Plaza Marienplatz.
Señor legislador pongamos atención.