lunes, 9 de mayo de 2022

Derrotero

 


Amarrado al recuerdo del riachuelo, avanza hasta el estanque. Los nombres que aprendió se ahogaron a las primeras de cambio en la corriente.

sábado, 7 de mayo de 2022

La historia del que se mira y se refleja

 


Mi persona se sacudió. Condenado a nacer en ese óvalo provecto, como imagen, como reflejo de mis transformaciones. Todo lo vivido era como un charco de imagen. Me pregunto, ¿no se quién me dejó esta herencia? Este rostro que trasciende el polvo humano que tengo.

Bien lo sabes, caminabas por el mercadillo de la lagunilla y al ver el espejo arrumbado entre muebles Chippendale y botellas vacías de coñac. Preguntaste el precio. Protestaste. Ofreciste y protegido en un manto azul lo trajiste a casa y lo colgaste en el comedor. No te duelas. No te expliques. Ese dolor de imagen no es neutro. Tiene tu nombre y tu historia. Si fuera de otro modo hubieras comprado ese sillón irreversible de terciopelo rojo con patas inglesas. Pensaste ponerlo en la estancia oscura, para evitar verte rodeado de objetos, de recuerdos. Eres esclavo desde entonces. Para ti no hay princesa, necesitas un príncipe de tinieblas que te de un beso de Judas. Tal vez esa saliva te devuelva el calor de admitir lo que eres y serás.

Sí, me hace falta un espejo donde abotone el paso del tiempo, donde pueda examinar los días. Yo me quería, tenía el certificado de linda infancia. No sé porqué ahora me estremezco cuando me miro. Innumerables espejos han pasado por mi vida y ahora me interrogo. Será un hechizo o la conciencia enferma del reflejo. Mi cordura se ha quedado boca arriba.

Tu niñez no tuvo el perfil suficiente para recibir felicitaciones. Eras un perfil incoloro. Invisible, fatal para los olores; irrelevante para los anteojos. Dabas pena de la cabeza hasta el abultado abdomen. Leías esos cuentos de pasta dura lleno de tuertos y duendes alrededor de aquelarres. Gustabas cuando las chispas iluminaban la tristeza de los reformistas, devorados por las llamas.

Sí, siempre me han gustado los espejos hospitalarios, como aquél con marco de cedro con figuras de vendimias en los cantos. Entraba a escondidas y me quedaba parado frente a él, hasta que la gata de mi abuela maullaba celosa para que la abuela o las tías vinieran a regañarme. - ¿Qué haces ahí parado? Me gritaban, mira si ya puso la puerca, - y era verdad, en casa de la abuela había una puerca que se llamaba Enrique. Tal era la necesidad de nombres masculinos. Carencia de las tías. En ese entonces me gustaba el reflejo, me hipnotizaba ser niño, ahora me repugna.

Te acuerdas de ese libro que tanto hojeabas, hasta que se deprendieron las hojas y hacías un reguero por tu cuarto intercalando las páginas para darle diferentes lecturas.  A veces comenzabas cuando los enanos, vestidos de verde con gorritos frigios danzaban alrededor de las hechiceras; se enredaban en sus faldones negros y ellas lúbricas, se quitaban la ropa hasta quedar desnudas, entonces los enanos lamian los muslos de las hechiceras. Cambiabas rápidamente de página, para evitar ese molesto escurrimiento por tu bragueta, y en voz alta leías el hechizo que frente al caldero hacía Gertrudis, la hechicera madre, para que las cabezas rubias de las princesas con sus borregos blancos comenzasen a burbujear. Tu nariz, poco experta en olores, se pegaba a la página intentando poseer las emanaciones del cocimiento. En vano, restregabas la cara hasta que comenzabas a sangrar.

Voy a los mercados de baratijas, porque me gusta andar entre vidas pasadas; las cosas son su reflejo, a veces menos crueles que el reflejo del espejo. No les tengo miedo, son fantasmas inanimados que les construyo historias. Cuando la imaginación no me ayuda, compro libros antiguos de cuentos fantásticos. Me gusta la historia de la niña comida por el lobo, con ilustraciones de las vísceras en las fauces, sobre todo la que muestra los carnosos intestinos como espaguetis enredándose en los colmillos. También me gustan las historias de los bobos niños que son dominados por sus mascotas. Hay una en que un perrito jala del niño con tal fuerza que la cabeza rueda por la acera con los ojos abiertos como platos de sopa. Una delicia.


¿Te acuerdas? Cuando la abuela te acariciaba. Tendrías 10 años y corrías en los corredores. Te escondías en el gran ropero. La abuela se aburría de no encontrarte. Salías y te abrazabas a su cadera. Ella te reprochaba y comenzaba a acariciarte. Al principio querías, después te incomodaban esas manos arrugadas por tu piel. Por entonces sabías oler. Distinguías el rancio olor a jarabe arce. A pantaletas cagadas. Por eso ya no hueles, tu nariz se paralizó. No es sinusitis. Es la realidad de la caricia forzada.


Me gustaba comprar muchos espejitos. Cabían en mi mano. Me adosaba a las maestras y lo acercaba debajo de su falda cuando ellas estaban distraídas. Creo que todas mis profesoras pasaron por esa prueba. Me gustaba la de Historia. Traía siempre unas diminutas bragas. Adoraba. Cuando me descubrieron tiré toda mi colección de espejitos. Una lástima.


Cuídate del azogue, de la victima y del verdugo. Cuídate de tus historias que un día te dejarán sin aire. Cuídate de esos héroes enanos y de esas lecturas solitarias que te devorarán. Metros de sangre muerta. No la hueles, no te dueles. Nada vale tanto como un buen reflejo. El yugo póstumo es tu imagen. Eres un hombrecito de ciudad. Sin rencor. Herido de imagen. Desde mi punto de vista, tu debilidad se te pegó en la saya de tu abuela poderosa.


Se me acercaron dos vecinos. ¿Qué traes envuelto? - me preguntaron. Un cadáver, contesté. Me gusta contrariar. Plantar cara. Primero quise poner el espejo en el comedor y así mirarme cuando me llevara la sopa o el espagueti a la boca. Pero, la comida no me sabe y ese pesar no es digno de verse todos los días. Preferí colgarlo en la zona mas oscura de la casa, donde no entra luz porque la ventana está muy lejos. Así evito las miradas indiscretas, esos fisgones que no tienen una buena imagen de sí mismos y quieren allanar la de los otros. Era un criadero de nervios cuando lo colgué. Fuimos dos más que nunca. Algo de madre tenía el reflejo de mi imagen. Sólo yo, me voy quedando con mi dónde.


Tu imagen chorreaba poco a poco. Tu rostro se reconcilia. Me acuerdo de ti mismo. Nos hacemos uno. Baste la mañana para alcanzar el rostro de nuestro tiempo. Miras como los enanos brincan alrededor de ti. En el caldero la imagen de tu abuela se consume. Glu glu. No hueles la carne quemada del recuerdo. Nada te inquieta.

Te sabes príncipe.


jueves, 5 de mayo de 2022

Signos alternos

 

Los rumores quedan atrás. Gravitan las letras absortas en figuras retóricas. El contorno árido del hexámetro era el límite de la voz de los antiguos. La sana teoría, como agua que lava, ahogó el imposible tiempo de la conversación.

Las voces quedan girando en la plaza pública.


miércoles, 4 de mayo de 2022

Un caer irremediable



Un día fue pájaro. Tenía toda la distancia entre sus ojos hasta que un septiembre se encharcó. 

Lo sufre desde abajo, sin explicar cómo el viento del sur lo dejó tan inútil.
Ve tan lejano lo que tuvo, que hoy sólo deja volar su tristeza hasta diciembre.





domingo, 1 de mayo de 2022

Mayo

 

Hay meses que quieren ser amados con fuerza, por eso se desnuda, se sacude por los días. La dicha se remienda y del mundo animal se urge para serle útil. Saludemos a mayo a todo pecho sin resabios

domingo, 24 de abril de 2022

Sin papeles

 


Le viene de lejos esa historia. Le hace esconder su ira debajo de su trenza. Esconder la luz en su pañuelo. Encontrar su papel, su persona en escena. Le vino la grandeza sin dicha. Prosapia de sangre, de apellido y de torcedura de tobillo. Célebre, su capa roja era buena para sofocar, para matar sin dolor. Como si una gran vulva cubriera esos rostros fieros que la perseguían por el supermercado, por el almacén y se volvían locos con la mirada extraviada, sedientos de beso. Ella no se tocaba, sabía que sus zapatillas rojas eran ajenas a la lascivia. Ella sabía que era mala para preguntar, para tocar puertas. No sabe a qué historia pertenece su destino. Sobre su amapola, negras horas. Su bosque mental se plancha como la camisa de franela, la misma que heredó de su hermanastra salvaje, muerta de parto cuando los abogados le metieron mano. Yo no sé, pero sus ojos de Magdalena quedaron como noche de diciembre, sin cena, sin abrazos. Ella sufre solamente, sin explicarse las causas. Nada puede perturbar sus ganas de explorar la urbe y tirarse en el asfalto, ayunando de universo. Le falta espalda y le sobra pecho. Sufre de padre como de liquidez. Estudió enfermería, le gustaba controlar el dolor. Sofocarlo. Entonces llora y se sufre desde lejanos tiempos. Nosotros sabemos, al fin hombres, que estamos lejos, que no vemos las piezas que unen, y nos crece un odio general por no entender, como ella, cuál es el papel que vamos olvidando sin querer siquiera.


martes, 12 de abril de 2022

Muchas gracias

 


Vienen las Gracias tomadas de las manos rondando con flores de sepulcro sus vientos de fábula y desgracia.

Cuando cruzaron el río, sonaron las fanfarrias de sus canticos en las rubias mechas de su pelo. Fue entonces que las iracundas vocales de Zeus se posaron en las venas verde azules de las Gracias.

Sí, son tres las Gracias, por eso a cada una se le nubla la vista de su garbo.

Marchitas, modelan en la mente de Rubens, la algarabía nocturna de chavalas.


viernes, 1 de abril de 2022

Abril 2022


Abril llega sin fondo. Exhausto de días. Todas sus alas se encogen. Sin embargo, los años salen al sol, humildemente se apoyan en su bastón ilustre y sonríen.

Todo se despierta y se renueva el fondo.


viernes, 25 de marzo de 2022

Entretela


Maléfica está triste. Ha manchado el vestido de seda negra que le dio a cambio de su sobrina.

Sale a caminar. Resbala. Se quiebra el brazo.

Doliente en cama, resuelve cambiar de guardarropa.

jueves, 24 de marzo de 2022

Ensalada paraíso

 


El trayecto fue agitado.

Se acomodaban como podían en el reducido espacio con ese ánimo verde tan característico de lo pequeño. Sin embargo, la canasta de mimbre les picaba el rostro redondo.

No se agriaron, tal era su voluntad de sabor. Cuando entraron a la ensalada una enorme sombra de hojas de lechuga los ocultaron, hasta que un tenedor les abrió su barriga bien cocida.

domingo, 20 de marzo de 2022

Por el río Selho



El río con su frialdad se tragó el reflejo del palacio de los Condes de Bragança. Las gentes comunes de Guimarães lo saben. En ese Palacio sus habitantes tuvieron un futuro que nadie quiso.

En la sala principal todavía se puede ver el retrato al óleo de la Condesa ennegrecido por el barniz dammar, con una grieta a mitad del rostro.

El río aspiró el rostro de los Condes de Bragança a mediados del siglo XIX. Por eso en los campos la imagen del desaliento se empotró en sus antiguas murallas.

La población de Guimarães se acostumbró.

El río indiferente sigue su curso.

martes, 15 de marzo de 2022

Los de afuera

 


Los ojos rehuían de las sombras de algas que en la pared de agua de mar gruñían. Huraño es el gesto matutino. El vínculo con los labios inferiores se fue desvaneciendo. La noche se tomó en serio su papel y se comió de sopetón las despedidas. Afuera nadie responde. El amarillo en duelo, como foráneo, golpea el empedrado de las calles. La familia duerme en el último relincho de sus miedos.

Pienso en el sexo y en el corazón, que como flecha se clavan en la conciencia. He logrado, gracias a la disciplina, un mundo de algas neuronales arropándome. Ellos guardan silencio.

¿Hasta cuándo llegará la oración pasiva que me de descanso? Se escuchan llaves.

¿Habrán vuelto?


miércoles, 9 de marzo de 2022

El celo de la diferencia

Cuando la manzana se encontró con la pera en pleno invierno se confundió con el descubrimiento de los continentes. 

No te rías. 

Las diferencias son plenarias. Son testigos, el frutero y la mano que lava la fruta.