Tómalo con calma, le dijeron. Y lo hizo. Comenzó por buscar la cosecha del 2011, sabía que ese año la colecta fue sin parangón. Descorchó, dejó respirar y ya en la prisión del vidrio contempló el rojo purpúreo. Contundente, dulce, afrutado, joven. Encontró la aurora del mañana; el rumor de los astros y el escándalo de sentirse raptado. Por contagio, el oscuro fuego le invadió el cuerpo y lentamente, retomó la trenza del amor perdido. La turgencia volvió a mostrar su perfiles y en ese lecho de uva se excitó de nuevo ante el brindis temerario de estar vivo.
426. Nasrudín, minicuentos sufíes V
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Nasrudín y Tamerlán (ChatGPT)Mantos Un día de invierno, el juez encontró
a Nasrudín en el mercado. —¡Es extraordinario! —dijo—: llevo el más
cálido de ...
Hace 5 días.


