domingo, 10 de noviembre de 2019

El que oye, dice y se entromete y por si fuera poco, lo cuenta.


Los dos sabemos que la forma toma el alma de las cosas y todas las frases que sonaron sólo yo sé que se perdieron involuntarias en el tránsito del día.
Sabemos que estamos suspensos, cara a cara en la mesa, lo saben el humo y el vapor en los cristales. Preferimos la ceguera en vasos separados. El precio de nuestros nombres es tan grande que no hay como venderlos. El grito que escuchamos nos ha dejado una sordera y una opaca sensación de vida.
El recuerdo nos sale al paso de palabras, son testigos lo habitantes silenciosos de esta mesa.
No lo niegues.