El coronel Acevedo capitán de grandes botas y sombra intimidante. Es como una hidra negra, gastada. Pisoteaba la tierra como un viento negro. Yo recuerdo la maléfica mirada de sus pupilas. Era un señor crecido por el miedo de los otros. Ningún mensajero recuerda sus batallas ganadas. Sobre la niebla reluce a penas su gorro frigio como ultimo sentimiento de una engañosa liberación.
Su sable se disputaba la sangre de los espías. El silencio crece como verdad. Ningún sobreviviente lo lamenta. Gustan de su mueca de cadáver en la trinchera de la historia.


