Era un esbozo de caballo. De finas crines y atenuadas líneas. Su forma se repasaba ya con color, ya con esa inseguridad de acertar a su bruta belleza. Nunca conoció más pradera que su propia página, sin embargo, tenía los ecos de los espacios mongoles y de los desiertos de Sonora. Nunca asistió a la doma y los jinetes solo lo miran con recelo y codicia. Su pezuña, esta hecha para estar a resguardo de las tormentas terrestres. Su relincho, es la suma de la las aventuras contenidas y en su lomo se puede ver la reminiscencia de Babieca. ¿Lo notan?
EL PARAÍSO DE LOS VENCEJOS
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Mi padre creía que Guardamar del Segura era el paraíso. Yo estaba
convencido de que exageraba, pero ahora soy capaz de apreciar las virtudes
del pueblo d...
Hace 1 día.


