El mensaje se encierra en sí mismo. Está
vivo. Lanza afirmaciones que alguien atrapa. Un secreto a voces de líneas sobre
la piedra. No sé si el escriba tenga en cuenta la porosidad del muro y su color
y en base a ello escoja la tonalidad de los trazos. Palpable, la garganta del
signo no tiene pies o cabeza. La ciudad fluye entre sus paredes como en el
antiguo latido de la cueva donde una primera mano revivió la chispa de decir
para otro: estoy presente.
420. Escritores españoles I
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Francisco de QuevedoEl recto Juan Ramón Jiménez Tenía la heroica manía
bella de lo derecho, lo recto, lo cuadrado. Se pasaba el día poniendo bien,
en e...
Hace 12 horas.


