miércoles, 27 de junio de 2012

Ángeles de la Uva




En los últimos siglos han vagado como ríos y  aclarado gargantas. Cantos y lamentos han humedecido los labios en sus alas. Los han confundido con lascivias imágenes de mares de plomo, cuando las cabezas giran sobre un eje de vómito y de nausea. Parientes de la aceituna (por carnosos)  tienen  el  ánimo de la luz antigua. Nunca tuvieron jaula y sus parras contienen el deseo de la acrobacia adolecente.  Hay un gusto de amor en sus membranas y se ocultan los sátiros cuando miran la sombra afrutada que pasa como bergantín  en busca de la playa. Tienen cintura fina como el nardo y todos quieren ser la lengua suelta del requiebro.

Cuando el ombligo te duela por deleite y tu sueño se fermente, siempre habrá un ángel de la uva agitando las copas de las madrugadas.

Se me olvidaba, a los Ángeles de la Uva no les gusta la monotonía, ni los rumores, ni las espadas.


Sergio Astorga 


Acrílico/Papel 60 x 80 cm.