martes, 30 de abril de 2019

Octogésima primera lección



Algunas fauces capitel se abren a las claridades cuando ya están en decadencia.

Fotografía: Capitel Sè de Aveiro, Portugal.

sábado, 27 de abril de 2019

Tríptico castaño de amarillo recuerdo



Eran tres en uno con manías extrañas porque se miraban insistentemente desde distintos puntos de vista como si el revoloteo vespertino les diera cuerpos resbaladizos. El suave abrazo de los sepias daba calor de hogar y ese otoño que se lleva en la memoria.
Cuando se mete el sol las ventanas se agrandan, es entonces que en esa marea ocre los reproches menguan como esa luna traviesa que se asoma. 
Viven siempre al poniente, si se les visita por la mañana, se les verá dormitar sumidos en en un empacho de luz. Sus sonidos son suaves, místicos, polifónicos, como un motete inspirado.
Algunas veces, me acerco, y con una caligrafía redonda les dejo notas, los animo, les pido que me inviten a entrar.
Para mí es como mirar un jardín de colores tierra. Me acuerdo de mi antiguo yo, enamorado del barro, del vapor y de la temperatura tripartita del forma.

viernes, 26 de abril de 2019

Octogésima lección



Los antecesores forman un sueño bípedo, vertical. Reflejo de toda criatura que aspira humanidad.

Fotografía: Chelmamüll, estatuas Mapuches. Museo Chileno de Arte Precolombino, Santiago., Chile.

jueves, 25 de abril de 2019

Soliloquios en tiempo real



Pensaba que la flecha del tiempo era lineal, que no tenía retorno, por eso tenía diferentes relojes.
La repetición era su solución. Si media el movimiento tenía la precisión de su paso. Sabía que perdía segundos de acuerdo al reloj. Sabía la hora pero no sabía qué era el tiempo.

-¿En otra ciudad o país sería el mismo tiempo? Si voy y vengo ¿cómo coordinar el momento en la distancia? ¿Cómo sincronizar? ¿El tiempo es igual en todas partes? No. El tiempo es privado. Hay tiempos según me muevo. Por eso cuando recuerdo creo que voy hacia atrás pero también puedo ir para adelante. Todo lo que transcurre tiene tiempos distintos. 

Por eso colecciona relojes. Para unificar su sensación de presente que se sucede una y otra vez. Sus momentos se alinean y esa ilusión lo hacía sentirse a gusto, cómodo en su breve espacio vital.

- Una paloma vuela en este instante, al mismo tiempo que el tren llega a la estación, los niños en la escuela. Todo es simultáneo. Mi experiencia se congela. El pasado como el futuro están en el mismo tiempo.

Ahora lo veo flotar, levitando. El vive en el último piso y yo en el primero, tal vez por eso mi reloj de pulso no coincide con los suyos. Estoy confuso, lo que es ya no es y lo que será ya fue. La flecha del tiempo también tiene retorno.
Todo lector lo sabe.

miércoles, 24 de abril de 2019

Sexagésima novena lección


Vemos lo que no hay cuando caminamos por esas calles que parecen el desfiladero de la ciudad. Siglos habitan sonámbulos, embelesados y no se rompe el silencio, huraño, al resguardar su historia.
Caminar también es una lectura de infidencias. 

Fotografía: Rua dos Mercadores, Porto, Portugal.

martes, 23 de abril de 2019

Cosa de tipos



Lo insólito no eran las horas invertidas en la lectura de manuscritos. Tampoco el obsceno y extraordinario apego a la familia Garamond. A tal punto que se pasaba horas transcribiendo el documento que no tuviese su adorado tipo. Lo insólito era que en esos manuscritos de variado soporte, en piel, en papiro o en papel le provoquen las mismas imágenes. Escenas de alcoba, tibias  de lectores, pies desnudos como de hojas calcinadas. Olores que cortan de humedad.
Lo sé, porque él me cuenta lo que que imagina cuando lee. Yo creo que es un mal lector. ¿Cómo es posible, que siempre tenga las mismas imágenes? Dudo en responder esta pregunta pero, me parece que esto es cosa de palabras, de sombras de palabras que trae muy dentro y no quiere dejarse fluir en la escritura.
Lo único que puedo afirmar es mi preocupación: ¿qué pasará en el momento que entre en la fase de la relectura?
Por fortuna él ya lo había pensado y me dio la respuesta: “cuando eso pase cambiare a la Helvetica”.

lunes, 22 de abril de 2019

El Señor Torres



Todas las mañanas ejercita su capacidad de crear espacios. Al principio construía ambientes horizontales con su patio y sus macetas. Un día cansado del horizonte, comenzó a tener pensamientos altruistas. Subir, tener el aire contenido. Comenzó a construir dos torres: una hembra y otra macho. Las dos torres son amarillas, es fácil reconocer una de otra gracias al reloj que dobla sus manecillas como si fueran trompas de Falopio. La otra es esbelta, estrecha como un birote. Se acompañan. Tienen miradores, recovecos, y esa sensación de colibrí suspenso.
El Señor Torres desayuna dos huevos cocidos y miel oscura. Lleva dos meses construyendo  dos torres que no porque sean mentales tienen menos cuerpo.
La afirmación: “manos a la obra” en este caso no tiene sentido. ¿O si? Ficcionistas del orbe. Aclaralo. 

domingo, 21 de abril de 2019

Sexagésima octava lección


Todo espantajo que se estime tiene que estar bien plantado para que los plumíferos acrediten en su honestidad.




sábado, 20 de abril de 2019

Con cierto pesar



Se conocieron un sábado que les supo a gloria. Los unía las cuerdas y las tonalidades. Nunca se dieron tonos bajos. Sus armonías ondulaban palpitantes por su madera cuerpo. Se podría decir que tenían el alma melódica de los amantes. Sus movimientos coordinados y polifónicos dejaban el relámpago del beso y la ternura germinal de la marcha triunfal en los corazones.
Consagrados al esplendor de su dueto, se pertenecían como si la discordia no fuera desigual, por eso se confunden sus nombres y ya no saben quién era violín o arpa. 
Sin embargo, como suele pasar a toda transcripción, parece que la notación es un invento del amanuense al no comprender el papel pautado.

viernes, 19 de abril de 2019

Sexagésima séptima lección


A veces el punto de fuga coincide con la estación del tren. Verdad que está en el plano del horizonte de todo viandante.

Fotografía:Estação Ferroviária do Pinhão, Portugal.


jueves, 18 de abril de 2019

De cara al tiempo


Era un hombre que de tiempo en tiempo se pasaba las horas esperando un tiempo mejor. Nunca llegó porque no sabía si lo valioso había pasado o pasaba o pasaría. Según su estado temporal cambiaba de carátula. Sus manecillas se estiran o encogen según la prisa o el sosiego. Yo lo veo a la distancia y sé que su tiempo no ha pasado en vano. 
Estar en el momento justo, es la aspiración de todo buen hombre que colecciona relojes y se toma el pulso y de esa sana manera ponerle al tiempo su mejor cara.


martes, 16 de abril de 2019

Sexagésima sexta lección


El pasillo tiene la ventaja de ligar espacios con la firmeza vegetal de las macetas.

Fotografía: Casa del Pueblo, San Pedro de Atacama, Chile.

lunes, 15 de abril de 2019

La multiplicación de los cuerpos


De sus cuerpos nacen los prismas
y de su sangre se contagia la casa. 
Se renueva. 
Fulgura en la habitación 
el rojo de sus aromas 
fermentada de lecho. 
Se dinamita como es obvio el día, 
el gemido, el hambre. 
Me resisto a seguir jugando
con este coloquio de imágenes. 
Inanimados los dioses 
nacen de su volumen transparente.
Yo como animal rígido y torpe 
me cobijo en el prisma. 
Sin titubeos. 
Para ser de nuevo
aficionado práctico del mundo.
Santa semana para los ojos. 
El misterio del desnudo luminoso nutre.
Como no habitarlo.

domingo, 14 de abril de 2019

Sexagésima quinta lección



Dejar un recado en la puerta es como decirle al otro que la trama está destinada a olvidarse.

Fotografía: pelas Ruas do Porto, Portugal.

miércoles, 10 de abril de 2019

Sexagésima cuarta lección


No importa cuánta luz roja encontremos en el crucero: Siempre podemos anclar en lo más alto.

Fotografía: Cerro del Ancla, Antofagasta, Chile.

lunes, 8 de abril de 2019

Los visitadores



Entraron por todas partes. Como en ayunas con sus bocas abiertas y sus cuerpos blandos y ondulados. No eran Famas, ni Troles, ni Tlaloques eran como esas estantiguas inofensivas pero asustadoras que se filtran los días de lluvia. Eran accidentes mojados, como grillos de aguacero. Las primeras veces, las primeras lluvias, me inquietaban, ahora sé que son simpáticas, casi afectuosos aunque intocables. Tienen una especie de membrana tan débil, que aún si levantas la voz se puede quebrar ya no digamos tocarlas. Sus ojos brillantes y esos movimientos sensuales me tienen en la pura fascinación. Siempre son los mismos, un tormento tibio que me pertenece. Tienen miedo de la sequedad, ellos saben que yo sé, y al alba desaparecen sigilosos.
Tengo la boca abierta de tanto silencio. Mojo las paredes, la ropa; tengo baldes llenos de agua por todas partes. No llegan. Dos amargas semanas han pasado. Endurecido los sigo esperando. Tener compañía, lo confirmo, es un largo desconsuelo. ¿Lo sabían? 
Mañana pronostican lluvia,  ¿verdad?

domingo, 7 de abril de 2019

Sexagésima tercera lección. Escher y la ventana



Algunas realidades se exponen en diferentes planos según la mentalidad que las enuncia.

Fotografía: Escher na Alfândega do Porto, Portugal.

sábado, 6 de abril de 2019

Pájaro de cubo azul



Ese pájaro se comió al mundo por sus malas compañías, ¡malhaya! como el joven poeta que  babea  cuando encuentra al endecasílabo coqueteando con la octava real. Así, lo picó y se lo trago. Se instalaba en el umbral del día.  Gorjeaba cifras de planes de vuelo o de canto.  Sabía que sus alas eran fuertes. Ejercitadas en los manuales rigurosos de aterrizaje y despegue. La única prueba que tengo de haberse tragado al mundo, mi mundo, es esta levísima sensación de estar representado en un cubo azul y transparente. 
Creo que soy mala compañía puesto que me siento incómodo. Torpe, ocupado en encontrar la cuadratura. Soy otro y no me reconozco.
Cautivo al cuadrado, ejerzo mi derecho de contarlo. Salve.

jueves, 4 de abril de 2019

Sexagésima segunda lección




Lo insólito queda suspendido como la ropa tendida, como los faroles, como el recodo entre la ciudad y el aire.

Fotografía: Ruas de Porto, Portugal.