martes, 20 de noviembre de 2018

Convivencia

Antes que fuera mi casa, esta casa tuvo una gran familia. Se siente fría, vacía, vaga. En el oído escucho crecer su hueco. De otros fue la palabra que habitaba estas paredes, la mía se adormece por los rincones en penumbra. En realidad hay un silencio transparente. Como un amor remoto, un gozo, que ahora sin sed, aparece al abrir los armarios. Es curioso, tiene muchos armarios, a veces dos en cada habitación y son cuatro. Me gusta el fuego extinto de esta casa. Esta sonoridad humana, oscura. Ese coro de otros impregnado me hace tener una vivencia de un antiguo paraíso. Habitar es también rehacer la inteligencia en cuerpo muerto.