Reclinada su belleza cuesta arriba ella se impone así misma y de su polo magnético le presta al mundo las musitaciones y es entonces audible el despertar, la respiración y los nombres. Ella sabe que la fiebre es jugosa al pasar en la memoria los gestos del deseo. Prodigiosa levanta el brazo para señalar la inútil presencia del macho. Ella sabe que nunca perderá su ella para enloquecer por nada. Las maneras han cambiado y el que no lo sabe se perderá como un chorro de agua delante de un abismo.
420. Escritores españoles I
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Francisco de QuevedoEl recto Juan Ramón Jiménez Tenía la heroica manía
bella de lo derecho, lo recto, lo cuadrado. Se pasaba el día poniendo bien,
en e...
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