Reclinada su belleza cuesta arriba ella se impone así misma y de su polo magnético le presta al mundo las musitaciones y es entonces audible el despertar, la respiración y los nombres. Ella sabe que la fiebre es jugosa al pasar en la memoria los gestos del deseo. Prodigiosa levanta el brazo para señalar la inútil presencia del macho. Ella sabe que nunca perderá su ella para enloquecer por nada. Las maneras han cambiado y el que no lo sabe se perderá como un chorro de agua delante de un abismo.
DE PROFESIÓN, OFENDIDO
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El escritor valenciano Juan Ramón Barat escribe en uno de sus libros de la
serie Daniel Villena: «Siempre he creído que no se necesitan motivos...
Hace 3 días.



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