viernes, 2 de octubre de 2026

Incógnito retorno

 


En las estrellas del otoño se miraba su regreso. Una luna cruzada se extendió. Una gráfica cardiaca representaba su salud. Yo lo conocí en el huraño año del 27. Lo invité a mi casa. Él, frío como un hueso enterrado, me pidió Lacrimosa de Mozart. La oyó extasiado y desde entonces regresa cada miércoles a escucharla conmigo. Le ofrezco café y galletitas con miel. Él, las devora. Cuando llegó el invierno no volvió más. Segura que escapo al son del dorado sonido de la niebla.

Me hubiera gustado saber su nombre, pero la brújula de mi timidez es una mueca orgullosa.

Me conformo porque las estrellas ya lo vaticinaban.