martes, 19 de marzo de 2019

Encuadre



En la calle desierta la casa en ruinas, entra la luz gris casi blanca por las desvencijadas ventanas. Alguien llega y parte, ojos que se desprenden. Siempre es así, un espacio entre el bullicio y el abandono. Quién sabe si antes de mí, otro miró cómo el lugar del patriarca se fue volviendo espíritu, presencia inalterable y nula. La errancia tienen nicho, como la voz, enuncia y calla. Así es la distancia vista de cerca. Cada arribo es una despedida. Escueto es el momento. Ni un indiscreto verdor, sólo el gris como una ballena que sale a respirar. No se enturbia, no vacila ésta suspensa luz en las pupilas. La encarnación del futuro toma el barandal oxidado. La vieja tristeza charla con una franqueza que calma y enamora. Por esta calle vacía hay una noble lentitud, por eso todos los turistas vienen a tomar fotografías. Se juntan los universos por momentos. Por si acaso, eres bienvenido.

Fotografía: alguna ventana abandonada antes del boom inmobiliario. Porto Portugal.

viernes, 15 de marzo de 2019

Quincuagésima octava lección



Un cómplice tiene la gracia del goce y la discreción de la fiebre.
La avaricia de los labios nunca fueron mejor vencidos.

martes, 12 de marzo de 2019

Sexagésima quinta columna



El suceso en algunas columnas se empalma decorativamente en el frontis para no ofuscar el ánimo.

Fotografía: Porto, Portugal.

lunes, 11 de marzo de 2019

El Señor Flores



El Señor Flores descubrió que su diafragma se expandía excitante. Como filósofo naturalista  aceptó la transformación de su cuerpo al sentir la clorofila como alimento único desde ahora. Sus coetáneos decidieron regarlo todos los días cuando el calor arreciaba. Por noviembre, su hermana lo podaba y le cantaba esas canciones que consuelan al ser escuchadas. Sonoras y rítmicas lo hacían danzar, mas bien bambolearse con su tallo cuerpo hasta quedar exhausto de gusto.
Esta nueva naturaleza le daba credibilidad cuando afirmaba: “Yo también hablo de la rosa. La rosa que nace de mí, incólume, abrasiva, eterna. No sangro, no doy espinas y no encero la llama enamorada. Soy la casa de este gusano que me sube y me recorre y me deja este grito encarnado de la que emana la certeza de la herida”.
Avenida Clavería en su cruce con Heliopolis, puede verse la casa amarilla donde vive en el jardín el Señor Flores. Por favor, si lo ves decaído, no le des adobo. Le irrita la piel.

domingo, 10 de marzo de 2019

Quincuagésima séptima lección



Proyectarse es saborear al otro que habita al golpe de voz cuando no lo vemos.

Fotografía: Casa del Pueblo, San Pedro de Atacama, Chile.

jueves, 7 de marzo de 2019

Nada se oye en ese mar




Su nombre navegó sin escalas por ese mar antiguo. Cuando sus labios saturados de cantos ajaron el corazón de las sirenas. Sin espuma, se perfila en medio del mar tejido con esos hilos de su mente. Él viaja, guarda el secreto. La distancia cada vez más fría lo aleja de la orilla. Desolado. El cielo oscuro. Flota. Crece. 
De niño quiso, deshizo el nudo de la rutina. Alzó la voz y se fue a la mar. Cargado de equipaje. En ese juego angustioso canta:

“Quiero el negro mar
no quiero la tierra 
que ya me cansé
de clavarme la lengua”

No ha dejado descendencia, algunas, algunas medusas lo recuerdan. Fue en el año de la crecida, allá por el 86. No se equivoquen. Su voz nunca morirá en tierra. No lo esperen en la ribera. 

miércoles, 6 de marzo de 2019

Quincuagésima sexta lección



Si nos cruzamos, todo quedará en nuestra bóveda.

Fotografía: Bóveda de crucería, Braga, Portugal.

jueves, 28 de febrero de 2019

Pasos perdidos



Todo el sudor de los pasos que se pierden tienen doble entraña de hierro y balaustrada. El paso a la distancia es más frío. Nada es más amargo que la ceguera de subir a tientas sin destino. Alguien respira por nosotros y nos prolonga la vida forjando ese aireado presagio del camino. El verbo subir se perfila como ese hilo tenso que no llega de tan amarrado en el secreto del paso. Dejamos caer los nombres y los rostros y preferimos seguir paso arriba como si un lecho blando nos amara. Acaso recordamos que un día preguntamos ¿qué camino es este? y sólo el peso de la noche nos contesta.
Redoblar el paso se ha convertido entonces, en un orgullo descalzado.

Fotografía: Cerro Santa Lucía, Santiago de Chile.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Álter ego incómodo



Quizá el sol lamió su cuerpo y le dejó el estilo luminoso o tal vez, la escarcha primera lo empapo al despertar del coma. No lo sabemos. Las imágenes fracasan al intentar describirlo. Si bien hay un punto de partida, este se sucede interminable. Su vida, delante de un escritorio, le dio el tiempo suficiente para añadir historias que compartía con sus compañeros, pocos, sobre su entorno. Él era ambiguo, decía y la interpretación de lo dicho la dejaba a nosotros. Por eso cada quien tiene su evocación. La mía se ha transformado. De esa sensación de delicia, de arrullo, a la disidencia más rotunda. Pero me descubro agónico, constreñido a esa sentencia que me estrangula. La dijo ayer, cuando lleno de mí, me miró condescendiente y tomando el vaso de cristal, desplomó esas palabras duras: "así como el agua toma la forma del vaso tú serás mi futuro".
No sé qué quiso decir. Ya me siento viejo en esta infancia.

viernes, 22 de febrero de 2019

Quincuagésima quinta lección



Orestes - ¡Ay! de mí que receloso miro.

Táuride - Son clamores ebrios de mar.

Orestes - De mis ojos bajan las nubes.

Táuride - Roto y amenazante eres.

Orestes - Mi pecho se derrama en espuma.

Táuride - Mi cuchillo está a punto.

Orestes - Soy hijo salvaje.

Táuride - Náufragos y cólera desnuda eres.

Orestes - El Atlántico apura mi huída.

Táuride - Promesas son tus cantos.

Orestes - Al tronco de mí mismo atado.

Táuride - Otros dirán tus versos. 

Orestes - Calla.

Fotografía: Antofagasta, Chile.

jueves, 21 de febrero de 2019

La familia Persiana



Se reconocen en la semi luz que traspasa como proyectil luminoso esa libertad de sentirse henchidos como una cifra numérica. Para ellos, que maduraron pacientemente, desde los primeros rayos, nunca aprendidos, y que eluden el control de la memoria, sueñan su futuro del revés, hondo e infinito. Su máscara perfecta tiene el secreto de la mecánica del ojo. El mundo es la copia del reflejo. Una claridad como de alma sana, de puerilidad didáctica, nombra y articula el mundo de su entorno.
Cielo arriba, el mundo conocido se precipita y aguarda que se filtre por la persiana de sus ojos. Entonces diáfanos, los límites, como alfileres de luz, pulen su mundo como si de un copo de vidrio se tratara.
Presumen su justo día, el paso horizontal de su bella gestación de atmósfera. Obstinados, con la inteligencia de la semilla, germinan de noche, con ese amor intangible que nutre a la familia.
Aleluya.

martes, 19 de febrero de 2019

Quincuagésima cuarta lección



La distancia es una altura de piso mojado y algunos verdes. Acerca al horizonte y juega con los colores del caracol sonoro.

lunes, 18 de febrero de 2019

Rima en ina



Bajó del cielo con su ocarina.
Todo rima cuando camina.
El vuelo
las piquetas
las corbatas.
Huele a pecho de tonada.
Alegría 
aire 
alcoba
por las negras
alondras matutinas.
La ocarina en lunes
sorpresa repentina.
Todo rima
hasta la rutina.

martes, 12 de febrero de 2019

Quincuagésima tercera lección



Algunas manos dejan sus guantes en la tierra. Algunas florecen.

viernes, 8 de febrero de 2019

Los compas



La tristeza se escondió en un sarape. La lluvia despertó al lodo dormido. El ruido de la lluvia se oía revuelto, sin orillas, entre los chillidos de los cerdos y el aleteo de las gallinas. 
Miguel y Sebastián, llegaron con su perro tres día después. Ellos andaban por la sierra cazando alacranes. No encontraron nada, ni casa, ni mujer, ni gente. Se sentaron acalambrados, calados. Su perro se juntaba a ellos, se restregaba como si temiera el abandono. Ellos recordaron, por costumbre sus pertenencias. Comenzaron a llorar, agua sucia, triste. Sus ojos inyectados, así es la tristeza, hincha todo y se siente frío. Ellos se tapan con su sarape. No se hablan, se meten en sus derrumbes. Ya de madrugada, revolcados, sin sueño, pudieron juntar un montoncito de palabras agrias.

- Lo perdimos todo, Miguel.
- Nos quedan los alacranes. Tú dices, si los saco Sebastian.
- Sacalos. 

jueves, 7 de febrero de 2019

Latino Art Museum of California



Con la cordialidad del Antojo, me es grato invitarlos a la exposición colectiva en el Latino Art Museum of California.
Con la gratitud siempre en ristre les reitero mi abrazo.

Con eso es suficiente.
Sergio Astorga

viernes, 1 de febrero de 2019

Febrero



Febrero en su animalidad nos llega lentamente con su brillo, con su sonrisa inexplicable. Se dibuja como un tatuaje en el año como si en la orilla del cuerpo pudiera sostener la furia de su instinto. Lagartija dragón campean por este mes.

Como todos saben, por respeto a los que han comprado o comprarán el el Calendario 2019 “Animalia” no se publica el calendario como tal.
Si usted quiere, sólo si usted tiene un Antojo irrefrenable lo puede encomendar, pedir, comprar. Es sólo decir.

Abrazos mamíferos.

jueves, 31 de enero de 2019

Quincuagésima segunda lección



Construir es un forma de ensamble cuyas normas juegan a construir espacio. Todo trotamundos lo sabe. Lo sabe el frío y la pureza de los números al pie de la escalera.

Fotografía: bajo el Ponte de Dom Luís I Porto, Portugal.

martes, 29 de enero de 2019

El Sr. Balmiro y el círculo rojo



En las cuitas cotidianas el Sr. Balmiro, cebo de todos los envidiosos, se esmeraba en tener su mundo sin tristura. Sencillo, nocturno, discreto, se pasaba la vida contemplando el círculo rojo que con tanto esmero recibió por herencia. Su padre, diácono, coleccionista de dragones, le dijo, justo tres días antes de entregar el espíritu a lo recóndito: “Esta esfera ha estado en nuestro poder desde hace 400 años, Hernando, el Alquimista, la insufló con la cabeza de dos dragones que él mismo cazó. Desde entonces ha pasado de mano en mano. Espero que te cases y entregues a tu mujer esta herencia que ya es hora que en regazo de mujer se devele el misterio”
El Sr Balmiro, comenzó a inquietarse. Inmóvil, no conocía mundo, mucho menos mujer. Obsesionado, en penumbras su cuarto, tuvo por un momento una clarividencia, una piel blanca, tersa como el beso que recordará siempre. El aleteo de un espectro al poniente, como saliendo de un ademán de la noche. Embelesado por esa revelación, el tiempo introdujo una multitud de signos sensuales. Es necesario decir que el poder de la invocación era tan fuerte que el temblor de un cuerpo tomó forma y el Sr Balmiro, sintió la volcadura de su mundo, se dejó llevar abandonado. Sin orientación confiaba en la imagen. Se hundía en esas ausencias, ese amargo sabor de la aparición como cuando los pies descalzos sienten frío. Quería palabras para no deformar su vivencia. Todo fue vano. El aleteo de la presencia lo exploraba como esos juveniles umbrales del pasado. Las formas de la felicidad son inapelables. Quién, puede escuchar esas ausencias. Quién, le pondrá vestidura a esta profundidad. El círculo rojo brillaba incandescente. Quién, le dirá al Sr. Balmiro que todo es producto de la página en blanco.