martes, 19 de junio de 2018

Aviso angelical


Desde el último cielo el número de ángeles aumentó debido a la deshidratación de sus celestiales cuerpos. El calor ambiente y la indiferencia humana han hecho estragos. Por eso, el blanco y negro domina el paisaje.
Si usted tiene calculadora de nueve dígitos sabrá del peligro de un hacinamiento global. El humor negro hará época en alta voz. Raspen las nubes sino me creen. Las inscripciones permanentes en el firmamento lo dicen, independientemente de nuestro oficio de tinieblas. Es natural que entre cientos de presagios nos den ganas de no hacer caso.
Están avisados lo avezados del Norte y del Sur. Hagamos continente.

miércoles, 13 de junio de 2018

Media sentencia


No basta el sol para secar la ropa. Lo digo sin convencimiento.

Fotografía: alguna Rua do Porto, Portugal.

martes, 12 de junio de 2018

Beso ambulante



Amante como era, las mil bocas se le pegaban a su cuerpo como un rostro querido. No hace falta decir el alboroto que se vivía en el octavo piso de la calle tres. Ella sólo daba el primer beso, nunca otro.

domingo, 10 de junio de 2018

Día de Camões


El caracol suena en sus bronces inventando la fama y la gloria de los que nacieran con carne y con hueso. Todo viene del mar. Aquí en Portugal lo supieron.

viernes, 8 de junio de 2018

Día de museo


Cansado de mirarse a sí mismo se fue al museo a buscar lavarse la cara con los retratos que hicieron los pintores del siglo dieciséis. Miró rostros de cardenales, reyes y gente común. Se vio representado, encontró semejanza en cada uno de ellos. Se reconoció, se palpó y descubrió su insignificancia entre tantos ojos y narices. Fue entonces, que entró a la sala de de arte del siglo xx. De inmediato se despreocupo con esos rostros que no representan a nadie y que sólo personifican una intensión de trazo, de gesto, de existencia. Destinado a ser hombre, sintió un alivio encontrarse en esa levadura de lo informe, en esa confusión de rostros que pueden tener o estar en cualquier cuerpo. Caras que tienen nombre de color, espacios que rasgan la forma. De prisa, entre corredores, buscó esconderse, se acodó en la ventana, alargó la vista y comenzó a reconstruirse como parte de esa masa que lidia con su realidad día por día.

En recta conciencia se puede concluir: se tienen que visitar los museos en domingo y en familia, para que la tribu consuele.

jueves, 7 de junio de 2018


La mesa dispuesta. Las jarras, la fruta de la estación en convivencia sobre un mantel de lino, reservado para las ocaciones fértiles, las que convidan a sentarse y contemplar. Así fue, ningún miembro de la familia se atrevió a descomponer la puesta en escena. Pasaron las horas. Sentados frente a la mesa poco a poco sintieron como les invadía una pesadez contemplativa que literalmente los engulló. 
La mesa sigue puesta, en espera de los familiares lejanos. 

martes, 5 de junio de 2018

El errante caso del casi fauno


Bucólico, errante, sin saber que por una efervescencia retórica su condición de fauno o de sátiro quedó mermada. Deambula sereno y triste en las noches sepias de los bosques. Abstemio y casto, ha estado confinado todos esto años a entonar cantos a la luna. Clama por sus derechos perdidos, sin embargo, con la ironía propia de su ADN sus lamentos se rinden ante la costumbre de los que se creen definidos en su ser y estar. Tal vez la pasión amorosa lo rescate en otras mitologías. 
Dejo constancia de su imagen por si alguien quiere seguirle el rastro.

lunes, 4 de junio de 2018

viernes, 1 de junio de 2018

Junio



En tan alegre peregrinación de nubes algunos rostros aparecen sin pedir nada y sólo nos miran como esas tardes en las que no nos visita nadie. Estiremos este junio como aquella frente limpia de afeites, y busquemos el aro que quepa en los dedos del mes.

jueves, 31 de mayo de 2018

La caída de la torre


Caer de 75 metros no es poca cosa. Por eso esas historias de la caída de un verdadero ángel en plena plaza no es creíble. Don Justo, me lo ha contado, testigo ocular del acontecimiento y fiable en su palabra, afirma que ese año de 1925, el 24 de junio, día de San Juan; dos acróbatas subieron a la torre por sus 240 escalones. El cansancio era indudable y más llevando sus pesados disfraces de ángeles votivos. Sus alas con plumas reales pesaban diez kilos cada una y siendo dos, ya se imaginaran el calvario de subir hasta lo más alto de la torre. Cuando uno de ellos, de nombre Santiago, quizo extender sus alas, perdió el paso y calló estrepitosamente, ni los gritos que subían desde los cuatro puntos de la plaza amortiguaron su descenso. 
Desparramado en el suelo fue levantado y velado en la casa de Susana, vecina de la torre. Las alas se guardaron en un arcón. Al paso de los años, y buscando atractivos para que la torre sea visitada, las alas son exhibidas como reliquia del paso del ángel que calló un día de San Juan.
Don Justo, siempre tan perspicaz, lo que no se explica son las apariciones y esas acrobacias que algunas plumas hacen al caer desde lo alto de la torre el día en que se conmemora la caída.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Sentencia decimosexta


Contemplar no tiene un lugar específico. Miles de ojos nos miran. Como la higuera, el círculo se prodiga como fruto visual.

Fotografía: Alguna casa en Braga, Portugal.

martes, 29 de mayo de 2018

Calma tinta


Tómalo con calma, le dijeron. Y lo hizo. Comenzó por buscar la cosecha del 2011, sabía que ese año la colecta fue sin parangón. Descorchó, dejó respirar y ya en la prisión del vidrio contempló el rojo purpúreo. Contundente, dulce, afrutado, joven. Encontró la aurora del mañana; el rumor de los astros y el escándalo de sentirse raptado. Por contagio, el oscuro fuego le invadió el cuerpo y lentamente, retomó la trenza del amor perdido. La turgencia volvió a mostrar su perfiles y en ese lecho de uva se excitó de nuevo ante el brindis temerario de estar vivo.

domingo, 27 de mayo de 2018

Sentencia para toda ocasión


El sentimentalismo como el espejo, si no tiene buen azogue, distorsiona.

Fotografía: en la Estação de São Bento, Porto, Portugal.

viernes, 25 de mayo de 2018

La burbuja inmóvil diaria


Efervescente, envuelta en su burbuja, Martha Carmela se siente tan fresca, tan ingrávida que parece que pierde los pies, y esa fatiga de andar todo el día con los tacones altos, puntiagudos, innecesarios. Un pequeño paraíso redondo, es lo único que necesita. La ventaja es que esas esferas se reproducen por bipartición, ella las desea y surgen. Toda la casa vital y espumante se ha convertido en un bullicio de agua. Como en una ampolla enorme, Martha Carmela, gira, se toca, fluye en su humedad, se condensa. Sus recuerdos se licúan, se hacen jugo, agua pesada y secreta. El tiempo se hace lento, su cuerpo, ya viscoso, comienza a oler a sopa, suculenta, tibia. ¡Ay, la envidia!. Siempre desnuda, sin freno, envuelta en esa envidiable burbuja inmóvil diaria. 

jueves, 24 de mayo de 2018

Tundir olvido


Tundir olvido era su aspiración. Con rigor, se abismó a esa lejanía, donde el ojo aprende a ver los medios tonos, que difusos, se esparcen por la tierra. Errante, su campo de batalla: los reflejos. Los sonidos eran esos ecos que le llegaban envueltos en polvo por el sol molidos. No era explorador, ni antropólogo, era un hombre simple con una - como dicen- sensibilidad a flor de piel. Su anonimato era un prodigio de obstinación. Lo conocí por accidente, vendedor de forraje, tenía que visitar ranchos y a veces decrépitas granjas en los lugares más apartados del país. Ahí donde había ganado, mi visita era obligada. 
Cuando llegué a Yuya, un pueblito a cuarenta quilómetros de Pachuca, lo vi, como dormido, endurecido por tanto polvo. Bebía una cerveza, caliente, en ese tendajón todo estaba caliente, el refrigerador descompuesto tenía las botellas bien ordenadas fingiendo frescura.

- No va encontrar nada fresco en este pueblo. Me dijo, amigablemente.
- Me llamo Martín, le contesté. De todos modos me tomo una cerveza que traigo polvo en la garganta.
- Así es, es inútil cambiar lo irremediable. Yo estoy de paso y ¿Tú?. Me extendió la mano para saludarme. Me llamo Eladio.
- Vendo forrajes, hago la venta y me regreso. Dos días o tres. No más. ¿Vives aquí, Eladio? 
- Estoy de paso, como tu.
- ¿Vendes algo?
- Nada. Nunca he vendido nada porque no tengo compradores.
- Pues, ¿qué vendes?
- Olvido.
- No juegues.
- Es verdad. Hago surco para que me olviden. Hoy platicamos pero mañana nunca nos volveremos a ver.
- ¿Andas huyendo?
- Eso se puede decir. Huyo de los otros, de ti, por ejemplo. 
- Eres un errante.
- Eso. Me vale esa palabra.

Su cara era dura, pero sin culpa, no había la queja del sacrificio. Eladio se quedó quieto. No volvió hablar. Me dio como tristeza. Sentía ganas de llorar. Yo tenía que seguir. Seguir ¿para dónde? Al ver a Eladio, me volvió a dar tristeza. Empecé a sentir miedo, algo como un remordimiento me punzaba.  Como si de repente el aire fuese amargo y tibio como la cerveza. Tuve que hacer un esfuerzo para no abandonarme, para no desistir. Eladio, salió como anima difusa en medios tonos. Tiene razón, me digo, nunca tendrá compradores.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Cadencia perdida


Como arroyo de serpentina su cadera se movía. Sí, que se movía. Al anochecer, los timbales sonaban sin ser vistos, pero ella los escuchaba. Para nosotros es tan extraño que alguien pueda moverse de memoria, porque no hay música, ni malecón, que sería lo adecuado. Aquí, en plena calle, a la hora que la gente sale del trabajo. Harta, meticulosamente desabrida, y ella, descalza, comienza a bambolearse, a mecerse como aquella prima Norma, con su radio a todo volumen. Pero ella, la de la Avenida Principal, se distingue porque no hay radio, la música es interior. Por eso la vemos de manera extraña, pensamos que está fallida. Si no escuchamos esa música no podemos incorporarla a nuestros cuerpos. Es verdad, se mueve bien, pero la incertidumbre, precipita nuestra reacción hosca, violenta. Ella parece que no oye, está en trance. Ni siquiera nos mira. Mis hermanas lloran de rabia. Envidian esa soltura, esa libertad corporal. Cuando llegan a casa, mis hermanas se miran al espejo, no entienden porque no pueden bailar como ella, sin inhibiciones, con su música interior. Deciden buscarla, hablar con ella. La encuentran a dos calles de donde acostumbra moverse o bailar, nunca lo sabremos. Le preguntan, le suplican, ella las mira azorada. Llevan un radio, lo encienden, le piden que las enseñe a moverse, a ser libres. Ella se asusta, la tratan de calmar, le preguntan su nombre. Ella no entiende. No recuerda. No se acuerda de nada.

martes, 22 de mayo de 2018

Los ahorcados


Un mayo que viene del futuro con sangre viva de las calles muertas. Ellos llevan el lobo, el cereal de su alma creciendo en el yugo entre las épocas. Pelear para que todos tengan la honesta muerte y el olivo crezca pecho a pecho hasta ser adulto, sin plomo en la carne. No saben donde vaciar sus bolsillos. La gente los mira, los desprecia, por sucios, por esas ideas que duelen si se viven. Sus madres no tuvieron tiempo de apartarlos; sus esposas los siguieron como raíz que se comparte. Ganando con el brazo el honor de pisar la tierra con el pie desnudo. Las almas débiles se esconden, como siempre, pegando sus canas en su cómodo sillón. Ellos son inmortales en la espera y nosotros, desollados de presente, los nombramos.

lunes, 21 de mayo de 2018

Lección decimoquinta


A veces el tiempo se palpa áspero cuando las puertas crepitan en su vestidura carcomida.
Un gesto de materia que nos obliga a mirar, sugestionados, la abolición de  la entrada.

Fotografía: Por las Ruas de Oporto, Portugal.

domingo, 20 de mayo de 2018

Nuevo hogar para un mejor nombre


En respuesta al aviso marinado, quince sugerencias llegaron, la Sirena, consumida por los relámpagos de la ansiedad, siguió por azar una de las coordenadas, la que comenzaba con el número siete -al fin supersticiosa-. Nadó con ese hueco en en la boca del estomago y al llegar se quedó sin canto al ver la maravilla profunda, azul intenso, agua fría irreprochable. Se alejaron sus temores, se disolvieron esos callos que le nacieron en su aleta a causa de la incertidumbre. Sólo espera ese ojo carnal que la alimenta y entretanto, se deja dormir, se suelta al sueño y quiere bautizarse de nuevo con un nombre que vibre hasta la superficie. Clámide, Licurga, Procástina, Merodea, Fugata. Todos esos nombres le rondan como rémoras. Perdida, sin guía, ha entrado en crisis, chapotea indecisa con un humor de amarga alga. 
Se solicita una vez más su invaluable colaboración para enviar, siempre por este medio, el nombre que más se aviene a su figura. Ustedes la vieron en su corta pero fructífera estadía en el ácido nítrico. No tarden, ella enloquece sin nombre en lo profundo.