sábado, 18 de mayo de 2019

Octogésima tercera lección



La acumulación de capiteles merma la rectitud de los principios .

Fotografía: templo romano, Évora, Portugal.

jueves, 16 de mayo de 2019

Octogésima segunda lección



Cuando el león se asolea el templo aguarda.

Fotografía. Sé Catedral, Braga, Portugal.

martes, 14 de mayo de 2019

Octogésima primera lección



En la dualidad como en la puerta, se sale o se entra si se tiene la llave.

Fotografía: Alguna porta en Aveiro, Portugal.


viernes, 10 de mayo de 2019

Secreto a voces


Soy tan inseguro que las variantes, por mínimas que sean, me trastocan la natural posición bípeda.

jueves, 9 de mayo de 2019

Sexagésima séptima



La soledad de la columna soporta tiempo y friso para beneplácito de los refugiados.

Fotografía: Pelas Ruas de Aveiro, Portugal. 

martes, 7 de mayo de 2019

Cárdenos azares



Era la sombra proyectada en un islote lo que le apremia. De los redondeles, el torito con la luna de testigo salió buscando pastura, con ese salero que tiene su bravura rumiaba su heroico destino. Cuando miró su sombra proyectada la quiso torear embistiendo como gladiador apuesto. Su sombra le engañaba, templando y cargando la suerte. Lumbre y nobleza le corría del testuz al rabo.
Cuando lo miro me ligo a él, al tótem, al pozo de la magia sanguinaria de estar vivo, lidiando de puntillas en la danza, jugando con la penumbra como si fuera primer espada.
La suerte es callada aunque andemos muy mozos espiando a los toros que salen a proyectar su sombra.
Que así duele la cornada, me dice la cuadrilla. Y sin mirarme la ropa finjo que no me duele aunque la sombra se tiña de grana cuando clarea el día.

lunes, 6 de mayo de 2019

Sexagésima sexta Columna



Algunas salomónicas columnas sostienen corintias formas como si al romper el frontón una barroca sensación de altura nos libertara.

Fotografía: Sé Catedral de Aveiro, Portugal.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Mayo



No lo digo de soslayo ni como lacayo, ha llegado mayo envuelto en el sayo. Tiene rostro de papagayo. 
Vamos a festejarlo antes del desmayo o que nos parta un rayo.
Lo subrayo.

martes, 30 de abril de 2019

Octogésima primera lección



Algunas fauces capitel se abren a las claridades cuando ya están en decadencia.

Fotografía: Capitel Sè de Aveiro, Portugal.

sábado, 27 de abril de 2019

Tríptico castaño de amarillo recuerdo



Eran tres en uno con manías extrañas porque se miraban insistentemente desde distintos puntos de vista como si el revoloteo vespertino les diera cuerpos resbaladizos. El suave abrazo de los sepias daba calor de hogar y ese otoño que se lleva en la memoria.
Cuando se mete el sol las ventanas se agrandan, es entonces que en esa marea ocre los reproches menguan como esa luna traviesa que se asoma. 
Viven siempre al poniente, si se les visita por la mañana, se les verá dormitar sumidos en en un empacho de luz. Sus sonidos son suaves, místicos, polifónicos, como un motete inspirado.
Algunas veces, me acerco, y con una caligrafía redonda les dejo notas, los animo, les pido que me inviten a entrar.
Para mí es como mirar un jardín de colores tierra. Me acuerdo de mi antiguo yo, enamorado del barro, del vapor y de la temperatura tripartita del forma.

viernes, 26 de abril de 2019

Octogésima lección



Los antecesores forman un sueño bípedo, vertical. Reflejo de toda criatura que aspira humanidad.

Fotografía: Chelmamüll, estatuas Mapuches. Museo Chileno de Arte Precolombino, Santiago., Chile.

jueves, 25 de abril de 2019

Soliloquios en tiempo real



Pensaba que la flecha del tiempo era lineal, que no tenía retorno, por eso tenía diferentes relojes.
La repetición era su solución. Si media el movimiento tenía la precisión de su paso. Sabía que perdía segundos de acuerdo al reloj. Sabía la hora pero no sabía qué era el tiempo.

-¿En otra ciudad o país sería el mismo tiempo? Si voy y vengo ¿cómo coordinar el momento en la distancia? ¿Cómo sincronizar? ¿El tiempo es igual en todas partes? No. El tiempo es privado. Hay tiempos según me muevo. Por eso cuando recuerdo creo que voy hacia atrás pero también puedo ir para adelante. Todo lo que transcurre tiene tiempos distintos. 

Por eso colecciona relojes. Para unificar su sensación de presente que se sucede una y otra vez. Sus momentos se alinean y esa ilusión lo hacía sentirse a gusto, cómodo en su breve espacio vital.

- Una paloma vuela en este instante, al mismo tiempo que el tren llega a la estación, los niños en la escuela. Todo es simultáneo. Mi experiencia se congela. El pasado como el futuro están en el mismo tiempo.

Ahora lo veo flotar, levitando. El vive en el último piso y yo en el primero, tal vez por eso mi reloj de pulso no coincide con los suyos. Estoy confuso, lo que es ya no es y lo que será ya fue. La flecha del tiempo también tiene retorno.
Todo lector lo sabe.

miércoles, 24 de abril de 2019

Sexagésima novena lección


Vemos lo que no hay cuando caminamos por esas calles que parecen el desfiladero de la ciudad. Siglos habitan sonámbulos, embelesados y no se rompe el silencio, huraño, al resguardar su historia.
Caminar también es una lectura de infidencias. 

Fotografía: Rua dos Mercadores, Porto, Portugal.

martes, 23 de abril de 2019

Cosa de tipos



Lo insólito no eran las horas invertidas en la lectura de manuscritos. Tampoco el obsceno y extraordinario apego a la familia Garamond. A tal punto que se pasaba horas transcribiendo el documento que no tuviese su adorado tipo. Lo insólito era que en esos manuscritos de variado soporte, en piel, en papiro o en papel le provoquen las mismas imágenes. Escenas de alcoba, tibias  de lectores, pies desnudos como de hojas calcinadas. Olores que cortan de humedad.
Lo sé, porque él me cuenta lo que que imagina cuando lee. Yo creo que es un mal lector. ¿Cómo es posible, que siempre tenga las mismas imágenes? Dudo en responder esta pregunta pero, me parece que esto es cosa de palabras, de sombras de palabras que trae muy dentro y no quiere dejarse fluir en la escritura.
Lo único que puedo afirmar es mi preocupación: ¿qué pasará en el momento que entre en la fase de la relectura?
Por fortuna él ya lo había pensado y me dio la respuesta: “cuando eso pase cambiare a la Helvetica”.

lunes, 22 de abril de 2019

El Señor Torres



Todas las mañanas ejercita su capacidad de crear espacios. Al principio construía ambientes horizontales con su patio y sus macetas. Un día cansado del horizonte, comenzó a tener pensamientos altruistas. Subir, tener el aire contenido. Comenzó a construir dos torres: una hembra y otra macho. Las dos torres son amarillas, es fácil reconocer una de otra gracias al reloj que dobla sus manecillas como si fueran trompas de Falopio. La otra es esbelta, estrecha como un birote. Se acompañan. Tienen miradores, recovecos, y esa sensación de colibrí suspenso.
El Señor Torres desayuna dos huevos cocidos y miel oscura. Lleva dos meses construyendo  dos torres que no porque sean mentales tienen menos cuerpo.
La afirmación: “manos a la obra” en este caso no tiene sentido. ¿O si? Ficcionistas del orbe. Aclaralo. 

domingo, 21 de abril de 2019

Sexagésima octava lección


Todo espantajo que se estime tiene que estar bien plantado para que los plumíferos acrediten en su honestidad.




sábado, 20 de abril de 2019

Con cierto pesar



Se conocieron un sábado que les supo a gloria. Los unía las cuerdas y las tonalidades. Nunca se dieron tonos bajos. Sus armonías ondulaban palpitantes por su madera cuerpo. Se podría decir que tenían el alma melódica de los amantes. Sus movimientos coordinados y polifónicos dejaban el relámpago del beso y la ternura germinal de la marcha triunfal en los corazones.
Consagrados al esplendor de su dueto, se pertenecían como si la discordia no fuera desigual, por eso se confunden sus nombres y ya no saben quién era violín o arpa. 
Sin embargo, como suele pasar a toda transcripción, parece que la notación es un invento del amanuense al no comprender el papel pautado.

viernes, 19 de abril de 2019

Sexagésima séptima lección


A veces el punto de fuga coincide con la estación del tren. Verdad que está en el plano del horizonte de todo viandante.

Fotografía:Estação Ferroviária do Pinhão, Portugal.


jueves, 18 de abril de 2019

De cara al tiempo


Era un hombre que de tiempo en tiempo se pasaba las horas esperando un tiempo mejor. Nunca llegó porque no sabía si lo valioso había pasado o pasaba o pasaría. Según su estado temporal cambiaba de carátula. Sus manecillas se estiran o encogen según la prisa o el sosiego. Yo lo veo a la distancia y sé que su tiempo no ha pasado en vano. 
Estar en el momento justo, es la aspiración de todo buen hombre que colecciona relojes y se toma el pulso y de esa sana manera ponerle al tiempo su mejor cara.


martes, 16 de abril de 2019

Sexagésima sexta lección


El pasillo tiene la ventaja de ligar espacios con la firmeza vegetal de las macetas.

Fotografía: Casa del Pueblo, San Pedro de Atacama, Chile.