lunes, 29 de junio de 2026

El dilema de Tartús

 


Dicen que la distancia es el olvido, si es que no tienen caparazón, por eso Tartús es conocido por su terquedad a la hora de tararear tonadas en tonos diversos. Des de un do sostenido hasta un re de la quinta octava. En su caparazón como biblioteca tiene ordenados todos sus recuerdos. De la T A la zeta.

Para amasar un olvido requiere tiempo, en sus 200 años de existencia Tartús, no ha olvidado ni siquiera cuando tuvo que exiliarse debido a la contaminación de su presente.

Ayer dio un paso en falso, lento como su humanidad, dejó escapar el recuerdo de la buena yerba. Inconsolable ya no quiere caminar más.

El mundo es como es, Tartús, le consolamos, no te fatigues que caparazon sólo hay uno.

domingo, 21 de junio de 2026

Discontinuidad diversa en el devenir

 


El dedo diurno descansa en la duermevela discursiva del detalle. Dificulta su descripción la duda documental de su destino. De vez en vez, dádivas con dardos inundan el día de danza. Desde Damasco llegó el debate, hasta que los doctores en dogma dieron dignidad al dilema. Darwin Canseco, difundió su dinastía, dejando dormir la dicha de los Dylan.

Desde el disparo inicial el dolor de diferenciar maduró como durazno.

Hoy la dejadez generacional da dinero para desanimar a los diletantes lectores.

Puedes disentir, pero con discreción.

lunes, 15 de junio de 2026

No me toquen ese vals

 


Con las estrellas gastadas en este verano, las cuerdas se le enredaron en el espíritu melódico que lo forjaba.

Estudió cuerdas desde los seis años. Su pensamiento se propagaba sobre el lomo de las partituras. Estudió con ahínco. Las escalas incendiaban la mueca del tedio en casa de sus padres.

Hoy, con el enredo que pulsa, quisiera cambiar de instrumento. Desentona, su arritmia lo enloquece. Sus nervio se tensan para descubrir sus dudas de vocación. Mudó de instrumento.

No acepta ser adulto. Ya no quiere Ana Magdalena ni el Czerny. El piano no lo consuela. 

Tal vez nada.

jueves, 11 de junio de 2026

Un cerillo en la familia

 

Ahora, después de los años de fumador implacable se pregunta si valió la pena ese humo melancólico que le acariciaba la cara. El gusto se le aviva con los años a pesar de que las buenas compañías se fueron. 

Aniñado, aún enciende fósforos y finge saborear ese olor penetrante de sus habanos.

A las tres de la tarde me avisaron de su partida. Aún conservo sus sonrisa de miudo.