Se perdió en el pasillo. Como islas de ensueño, emergió al centro del océano. El cristal se hizo pedazos. Encuéntrame, suplica.
Se perdió en el pasillo. Como islas de ensueño, emergió al centro del océano. El cristal se hizo pedazos. Encuéntrame, suplica.
El coronel Acevedo capitán de grandes botas y sombra intimidante. Es como una hidra negra, gastada. Pisoteaba la tierra como un viento negro. Yo recuerdo la maléfica mirada de sus pupilas. Era un señor crecido por el miedo de los otros. Ningún mensajero recuerda sus batallas ganadas. Sobre la niebla reluce a penas su gorro frigio como ultimo sentimiento de una engañosa liberación.
Su sable se disputaba la sangre de los espías. El silencio crece como verdad. Ningún sobreviviente lo lamenta. Gustan de su mueca de cadáver en la trinchera de la historia.
Justino, vio como la espiral le subía desde el hueso calcáreo hasta el Atlas. No era la fuerza mística. Era la fuerza del cambio obligado.
Nunca sabremos si encontró la puerta de salida. Tal vez siga en espiral sin perder la vertical de su presente.