miércoles, 28 de abril de 2021

El Caballero Tigre

Su terrible garra de terror, de sangre partió en dos la noche ratona y de su simetría, el ojo cazador dominaba el sueño de Espergencia. Ella caldeada en historias de infancia por su madre contadas, nunca pensó que ese retoño gato atigrado podría tener un instinto tan diluviano. Entre cariñitos y retortijones fue creciendo. En su familia todos amaban a los gatos. Tuvieron varios de pelajes desiguales, con nombres egipcios, persas, ingleses, griegos y a este, cuando lo vieron fue unánime llamarle Caballero Tigre, así era su porte, tan mexica, tan Huitzilopochtli. 

Su territorio pronto fue todo el barrio. De carácter tempestuoso su maullido imponía respeto y a más de uno, terror. 

Una noche estival, cuando los reflejos neón de los cristales de los automóviles enceguecía, el gato con la naturalidad del cazador encrespó su lomo. La garra entró rotunda y oblicua en la carne gris peluda de la roedora. 

Los vítores se escuchaban en otros vecindarios, por eso la envidia se prolongó por varios meses. El Caballero Tigre, retoza, menea la cola y poco a poco expande sus fronteras. 

El rencor no tiene nombre, no quieren que tenga descendencia. Han desaparecido las gatas.

En verano, antes de que llegara a viejo, El Caballero Tigre salió a buscar con quien amancebarse. Espergencia espera su regreso, los roedores se juntan en las alcantarillas y cantan su fortuna como las multitudes en apogeo. 



lunes, 26 de abril de 2021

El pijama



Encontrar la salida es una cuestión de suerte y de garbo. No es por amar o por odiar. Simplemente es acomodarse la grandeza con la pequeñez del pañuelo. Así resultó el noble bruto Claudio. Nunca blasfemó su destino. Con los ojos locos de dicha o de inconsciencia se bebió los días. En la calle de la Cruz departamento 4 pasó 40 años de su vida siempre con ganas de vivir. Nunca se violó por las pedradas habituales. Tú y yo lo sabemos, nuestras cabezas partidas lo atestiguan. Claudio era bueno, y no debía. Él no era triste como tú y yo. Sufría sin querer, sin cubre. Era un feliz sin causa. Por sí mismo, como esas aves que cantan por cantar. Sucediese lo que sucediese, impertérrito, como un bruto noble, como el vino que calma a los sicarios. ¿Será tan fácil encender el fósforo de la complacencia? Yo le pregunté, ¿recuerdas?

- Claudio, ¿nunca pierdes la compostura?
- Todavía no. Cuando vea la salida no me escapo.

Sangró del abdomen. Vimos como sus ojos quedaron invisibles. La pena nos paraliza, nos aleja más, si es posible, de las ganas de seguir. Nos han quedado sus zapatos vacantes y el pijama en la mesita de noche acomodada, bien limpia.

domingo, 25 de abril de 2021

Periodo amado


Nada va a pasar de un tiempo a otro tiempo, de un cuerpo a otro cuerpo. Hay sitio para un minuto. Para un estate quieto, para mojar el pan en el chocolate y quedarse a oscuras como cuando pasamos por debajo del puente. Así de febril estaremos perdidos entre los minutos. Por años estaremos al otro lado de los lados. Así estaremos tu con tu cabello largo reloj y yo como pulsera carátula azul. Así estaremos como en una boda de horas fértiles. No demores en despertar que me aflijo, no hagas turismo con el tiempo que me quedo basura. Dime que no has empeñado el reloj que te regale a los veinte. No me digas que no es mi asunto. No me impedirás que te siga de tiempo en tiempo. Soy tu mejor hora. No lo niegues. Me llevas de la mano y me dejo llevar. No escondamos la pasión de nuestros sudores, de nuestros relojes marcando el mismo tiempo. No neguemos los bienes ganados. Incluso el aburrimiento nos hizo leales. Te digo, no demores en despertar que tenemos la urgencia de acabarnos la cosecha a bocanadas. El presente nos quema la lengua para vernos vivos.

Tenemos un techo de trecho en trecho. No perdamos el tiempo tres veces al día. 

Estamos en periodo, ¿verdad?.


jueves, 22 de abril de 2021

El malo no era yo


El malo no era yo. Derrochando las horas con la bisutería de preguntas que tienen lengua corta, me convirtieron en el autorretrato que se repite hasta el vómito. Uno no se propone tener razones, tal vez el maquillaje, el diccionario y las persianas medio abiertas sean lo único que no mata el miedo. Cuando me salieron las canas, el corazón se me pasó de moda y la luna que me dijeron de miel se acomplejó con esa verdad que se parece a la eterna mentira. Los años dorados se quedaron entre las páginas de Asterix cuando quise cruzar el Rubicón. Ni media palabra de aliento detrás de las ventanas. Sé que no lo soñé, lo vi bajar las escaleras de caracol con ese rostro de siempre abuelo, con el cinto ancho en la mano derecha y las tijeras en el bolsillo. Torpe y sin vocación suicida, el último escalón fue su quiebra. Rodó, estalló en el cemento. Yo lo vi por triplicado, como ahora aquí abrazado en mi ángel del vicio. No escondo lo que vi. Botes de cerveza y ese tiburón mental que me mastica. A veces quiero ser beodo, visco y ese niño que nunca debió de entrar a deshoras a la intimidad de otros.  

miércoles, 21 de abril de 2021

Teóricamente



Teóricamente llegó del mar pero sus muslos se partieron antes, cuando el pleonasmo de una ola le tocó la puntita del dedo gordo del pie derecho. Pulposa, se estremeció en un orgasmo turbio, no como aquel del marinero que desplegó su sexo por todo su cuerpo. Aquél que la partió en dos cuando enlazado a su cadera nadó y nadó hasta el embotamiento. Carnalidad marina de sed, de agua que palpa su vientre, que inhala la lúbrica sal que le chupa como el molusco que goza sofocado al jugo del limón. Precipitada de labios, el paraíso era la crema de líquidos que no se cansan de fluir. La boca se le llenaba de arena. Huérfana de madre, la más alta noche le hizo saber que los ríos todos habían llegado a ella y entrado por su gruta que piernas abiertas, palpitaba. Su fiebre fue una gotera que golpeo sus párpados y le dejó el cuerpo pegajoso. Recuerda que cuando lo vio llegar ella se despojó de su ropa, dejó ver sus plateadas sospechas. Él, marino experto, no pronunció palabra. La tomó del pelo y mordió su cuello. Sus manos grandes apretaban como cuerdas de proa, se sentía ahogada de lujo, de astillas que la poseían. A bocanadas le decía: “Sigue, sigue, no me sueltes. Párteme”. Él, obediente, como rodando por el aire, sin descanso, sin tregua, remaba, remaba hasta que saltaban chispas de tanto roce. Solo al recordarlo se moja, cela, se saca la mentira que lleva día a día. Teóricamente llegó del mar, pero ese olor, le aprieta las piernas, el sexo. Ella se colapsa, el olor paterno desborda su habitación, su cuarto, su lecho. 

Cuánta anestesia deja la teoría.


sábado, 17 de abril de 2021

Rebajado

Buscando rebajas se pasa el tiempo adormecido. Buscando un amor a la medida, de tienda en tienda. Se pega al aparador, lo babea y no encuentra algo que le acomode, algo decente y al alcance de su bolsillo. No quiere ir a a los saldos, la segunda mano no la admite, ni el pan reblandecido y ni el brandy frío. Reconoce su fracaso, el buen gusto es un callejón sin final.

Estaba desvelado, el tiempo pasaba y esa maldita madrugada decidió desaparecer y como testamento urbano dejó su retrato en el muro. Tristes tomamos fotografías, no sabemos hasta cuando quede en pie.

viernes, 16 de abril de 2021

Reivindicación

El recalentado no le gustó. No tuve religión para argumentar. Se fue con sus medias negras y sus guantes blancos. 

Si la encuentras, dile que tengo viandas frescas y luz de día.


jueves, 15 de abril de 2021

Tocada

 

Hay un mareo, un meneo cuando vienes de visita. Las goteras de mi casa se vuelven corazón. Quédate en casa le digo, no abuses del trombón. Que me dejas la carne de gallina. No me “tanges” que me pongo violento. Me destruyes la ermita, me dejas una ruina y me da por bailar en el tranvía. No me sones que me muero. Deja el saxofón que mi casa no es garita. Aunque tenemos el lujo de estar vivos y ropa limpia para los domingos. Te dejo mis pupilas para que te reflejes. Te dejo el boleto multi viajes y un cúmulo de noticias para el tedio. “No me mambes” que no gusto de Pérez Prado. Qué harías tú si no tuvieras ese ritmo que tanto presumes. Y ese gusto por las películas para adúlteros. 

Cuando eras más joven cambiabas de vestido, de nombre y de paso. Hoy te mueves sin música y no puedes dormir. Tus zapatos sin tacón, ¿cómo pudo suceder? Ya se te marchita el paso doble, y yo con él.


martes, 13 de abril de 2021

Reverso

Como un endecasílabo perfecto el año bisiesto le trajo una pasión fresca que le entró por la vena safena. Nunca más será el trapecista del pan y cebolla. Ni el cilantro y el perejil volverán con ese cuento del pecado original. No extrañará el suicidio de sus pareceres tirados al abandono. Por años vistiendo el traje del sin ti. Ahora será el errante cielo de cristal sin aeropuerto donde llegar. Al otro lado del teléfono se apagaron los reclamos y suplicas. Jubilarse de exiliado es como el desfile cuyas banderitas han perdido el color patrio. Así se siente. Una negación negra en las barricadas del adiós. 

Por el asfalto se le mira perfumando el perdón de los arrepentidos. Ya es leyenda. Por los consulados cuentan su historia. Mentiras confiscadas que consuelan a los que esperan. La realidad no se niega, el lodo de vida no tiene nombre, sólo instinto, peor para los que todavía le escriben a la luna. 

No cuento más, que en esa silla vacía ha encontrado a su dama ardiente. Se muere de ganas, otra vez.


domingo, 11 de abril de 2021

La piedra de Anselmo

 

Dormir dentro de una piedra y no importar que la boca se llene de arena. No conocía el mar. Lejos de un puerto, al amanecer, con el frío y la sensatez del calor de hogar. Tenía vergüenza de no conocer el océano. Una mala fama que le afeaba su sonrisa. Sin visa y sin viso de viajar juntaba estampitas de faros que pegaba en su agenda junto a la imagen de la virgen de la Soledad. Así dicen los proverbios que hace el que sueña con la independencia.

Gangrena del corazón, pócima de aguardiente. ¿Cuándo podrás tomar playa? No te compres guías de turismo. Hecha a andar un día después. Cuando tus zapatos te crezcan. Cercenar con sangre fría al amanecer, los mares del sur te esperan. Despídete y amotínate de esas lágrimas de niño mimado.

Muy propio, Anselmo, con una maleta al hombro hizo empresa con el rumbo y ahora se le mira ni fu ni fa por el puerto de Ámsterdam trabajando de camarero. Se pueden imaginar cómo le cambió la vida y su salud. El río Amstel no era lo que esperaba, él quería arena marina, por eso siente que duerme dentro de una piedra.


viernes, 9 de abril de 2021

Una bala perdida


A su pesar, eligió sentirse bien los domingos por la tarde. Columpiarse, dejarse matar por el movimiento, ponerse los lentes y sentir el invernadero de recuerdos. Ocupado en la semana con tareas innecesarias, pero bien pagadas, se quedó con los ojos tristes. Porque cuando la rutina crece la mirada lo resiente. Sin queja, ni gloria, ensayó otra rutina. Llegó a sentirse tan bien que parchaba los días, hasta el domingo. Como un Adalid eligió sentirse plenario, puso cara de malo y aguantó las mofas de propios y extraños. 
Resumiendo, recibió una corona de flores y un coro de llantos el domingo próximo pasado. 
Los abajo firmantes, negamos sentirnos bien, pedimos ocupación para las tardes de domingo. 
Que sea un día más de oficina.



lunes, 5 de abril de 2021

Tía Sara

 


Mi tía Sara tuvo las tres caídas más perfectas que he visto. La primera fue al este de la frontera cuando se le cayó la barriga cargada de botellitas de perfume, pegadas al rededor de su cintura con papel engomado. Quiso corromper al oficial y si no fuera porque llegó el supervisor lo hubiera conseguido. La segunda, fue cuando en la playa de Coralino persiguió al hombre de sus sueños. Terminó dando serenata en el cementerio cuando sus sueños no contaban con el tráfico de drogas de su hombre. Después se perdió el respeto. Esa fue su tercera caída. Se abrió el escándalo y ya no tenía ni la ropa interior en buen estado.

Ahora que veo tanto corazón roto me acuerdo de la Tía Sara, cuando me decía al oído, que se moría de ganas de mecer la cuna con una copa de brandy. 

Quemé el dinero que me quedaba mientras recordaba a la tía al recoger el abrigo del guardarropa. No hubo una cuarta caída. En el puerto de Lisboa, con alevosía, le sellaron los pasos y sus vicios. Se pintó el pelo de rubio platino y camina en el Chiado, tomando un café pingado y una nata. 

De este lado, inquieto, se me quema el cielo y es inútil comparar mis caídas con las tuyas, Tia Sara. Tú tenías, oficio.


jueves, 1 de abril de 2021

Abril

 


Abril llega con flores en el pelo. Sale al patio, hablamos sobre los hechos, sobre los pechos de marzo que se olvidaron. Algunos días sueñan que llegarán y otros, felices, se apartan de la futilidad de su presencia.
Yo miro los brazos blancos de los días, les pongo nombres y en solitario, me consuelan.
Querido abril, todos te habitaremos.