Bajo el puente, el hombre Diógenes, se petrifica como la mujer de Lot. El río sigue su curso indiferente a la luz de los pensantes. El día como el acero, deja suspendida la visión como esa monótona letanía de que todo pasa. La luz es tan limpia que guardamos en la memoria ese rostro que sólo tiene vida cuando se detiene. “Aquí estamos” nos decimos, para unir la voz con el silencio.
EL PARAÍSO DE LOS VENCEJOS
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Mi padre creía que Guardamar del Segura era el paraíso. Yo estaba
convencido de que exageraba, pero ahora soy capaz de apreciar las virtudes
del pueblo d...
Hace 11 horas.


