Bajo el puente, el hombre Diógenes, se petrifica como la mujer de Lot. El río sigue su curso indiferente a la luz de los pensantes. El día como el acero, deja suspendida la visión como esa monótona letanía de que todo pasa. La luz es tan limpia que guardamos en la memoria ese rostro que sólo tiene vida cuando se detiene. “Aquí estamos” nos decimos, para unir la voz con el silencio.
OTRO ABRAZO EN LA MANZANERA
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Mi madre me vendió muchos libros en el pasado. Sus amigas catequistas
fueron durante una época lectoras fieles y también críticas despiadadas.
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Hace 14 horas.


