lunes, 23 de octubre de 2017

La calentura


Estaba la noche enamorada. Ya no se dice esto, pero estaba. Con una nostalgia de expresión como si le fuera dado escribir. Eso pasaba en cierta calle donde la danza y la memoria impura colgaban del número 12. Tocó el timbre y nada obtuvo en respuesta. Se oía fiesta y voces de mujeres aplastadas por el ruido de la calle. Sintió entonces lo que se siente en el bosque, cuando una y otra vez llega de lo lejano, el agudo sonido de las cigarras empalmando su quitina. Antes que lo secara el recuerdo, picoteaba el timbre, zumba que zumba. Nunca le abrieron. Pasada media hora, sintió como le acomodaron la almohada para que no tuviera esas lascivas  compulsiones de la fiebre.

domingo, 22 de octubre de 2017

Ruta fallida


Un hombre avanzó en su circuito interior. En la próxima salida no pudo salir. No pudo rebasar por la derecha. Se afianzó a su amor propio sin saber que era tan escaso que a la mitad del camino se vio en medio del tráfico sin saber que hacer.
Tan fácil que era no salirse de su carril. 

jueves, 19 de octubre de 2017

La Sirena y su credo


Cansada de su afonía decidió operarse el rostro y tener el necesario impacto visual que se requiere en estos días para ser atrayente. Tener cauda ha causado tanta controversia que suscita apatía entre los más nuevos. Sin embargo, ella tiene una fe mitológica envidiable.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Puesta en escena


Todo aquel que camina la ciudad como un texto,  afirma: “El buen teatro por la calle empieza” 


Fotografía: Teatro Carlos Alberto, Porto, Portugal.

lunes, 16 de octubre de 2017

Belleza malograda



José Ramón subió las escaleras con su hermosa gorra, creyéndose el mejor retratista del momento. Ya lo esperaba en su estudio el rostro oval de una mujer de ojos encendidos de un negro sin contornos. Juan Ramón, tomó en sus dedos el carboncillo y trazó en el papel, con trazos hábiles el rostro de la modelo.
Ella me dijo después de estar en pose tres horas, que se sentía traicionada, nunca pensó, me dijo, asistir a tanta torpeza. A la media hora, el retratista comenzó a desgarrar papeles, a sudar copiosamente, la miraba desencajado, jadeante. De repente comenzó a reír, con esa risa inútil, desencantado de su trabajo. No quiso mirar. Ella salió luchando con su propia imagen. Nunca le perdonará esa incapacidad de José Ramón.

domingo, 15 de octubre de 2017

Quincuagésima sexta columna

Algunas columnas son los órganos de piedra que preceden al insuflado ánimo del recogimiento.


Fotografía: Paço dos Duques de Bragança, Guimarães, Portugal.

sábado, 14 de octubre de 2017

Devoto desayuno


Con todo realismo, sin ese estorbo de buscar el signo de las cosas y el futuro a cachos, porque no hay forma alguna que perdure intacta, el desayuno es, de todos los momentos, el más preciado bien al empezar el día. El mejor zodiaco es el que viene emplatado. Por eso, ligero de equipaje, Beto, llego al desayuno, pidió, porque hay que pedir, para eso se va a los restaurantes, unos huevos fritos con frijoles con quesillo derretido. Como quien cuida lo que se lleva a la boca, miró detenidamente la yema, le agradó su apacentado amarillo, su equilibrio impoluto que al menor toque de la tortilla o pan, desparrama su sabrosa lava por todo el plato. 
El presagio no se hizo esperar, atacó con la confianza del devoto, tortilla en mano, al paisaje amarillo. Resbaló por su lengua el apreciado sabor y como una marea maligna sitió la hoguera de los pecadores, una inepta mano había vertido sal sin clemencia. Imaginan la amargura impotente, la mirada penitente, la inconsolable y refinada frustración de Beto.
No hay duda que es dramático el realismo cuando se vive sin antifaces, con esa devota pasión del sibarita.

viernes, 13 de octubre de 2017

El alféizar


Construir es tan antiguo que las técnicas físicas y emocionales han estado unidas, al fin humanas. Construir ventanas y vanos ha sido una preocupación funcional y estética. Su asociación es de miradas. Hay un afuera y un adentro. Todos los pueblos, por tanto, todas las civilizaciones han tenido la preocupación de la intemperie. El alféizar no sólo es apoyo y resguardo, sino también, es la antesala, para el que está dentro, de un paisaje, natural o urbano.
Este pequeño texto es seguido por una especie de refranero que sólo tiene la intensión de jugar a mirar apoyado en un alféizar verbal, porque todo alféizar nos dibuja la sonrisa. 

.No en vano el alféizar detiene la caída.

.Antes de mirar el alféizar te resguarda.

.Al que tiene alféizar con la mirada gana.

.Ventana que no tiene alféizar no tiene horizontes amplios.

.No hay codo que no quiera alféizar ni pasaje que se le niegue.

.Quien no siembra un alféizar recibe las tempestades

.Tal para cual: abismo y antepecho.

.El alféizar con ventana y la puerta con aldaba.

.Piensa la ventana que todo alféizar es de su condición.

.El estilo es al arquitecto lo que el alféizar a la lluvia

.Quien se pone detrás del alféizar nunca se moja.

.Alféizar viejo no para la lluvia.

.Todo arquitecto tiene un alféizar sobre el plano.

.El mundo se apoya en el ojo y éste en el alféizar.

.Para tener paciencia no hay como una ventana y buen alféizar.

.El que se moja en el alféizar tiene mal arquitecto


.En casa del ingeniero, alféizar partido.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Estéticamente correcto


Al Señor Jean, se le llenó el rostro de color. Fue un proceso lento, casi espiritual. Su esposa comenzó a notar una coloración en el párpado del ojo izquierdo que se fue expandiendo al resto de su rostro. No se alarmó, no era la primera vez que esta transformación tomaba posesión del territorio gestual del Señor Jean. Al inicio del otoño comenzaba este performance y por navidades volvía la normalidad. Al Señor Jean, le gustaba sentirse transformado y la súbita atención que su esposa le brindaba. Ella, una sensibilidad refinada, fascinada con el cambio, consultaba la Historia de los Estilos, para intentar comprender cuáles eran los principios esenciales y  comportarse con la vitalidad propia que demandaba la estética. 
Durante tres meses, una Divina Proporción se pavoneaba por esa casa, que se exhibía alegremente a los vecinos. Ellos, indiferentes, sabían de lo efímero de lo imperceptible. Eran vecinos sensibles, hipotéticos, esos que no se consiguen en las inmobiliarias. 
Al llegar las navidades, al Señor Jean, se le veía llorar silenciosamente, vagante, inconsolable. La lluvia era débil y el perfil de las calles se acumulaban en demasiadas líneas. 
Su esposa lo acompaña. Abochornada.

martes, 10 de octubre de 2017

Aplicación


Cuando se tiene un teléfono algo hay que hacer para entretenerse, por eso yo me aplico y me descargo para estar en el momento. El único problema es el corrector ortográfico. Les cuento, estaba yo escribiendo en Polaco, hay una aplicación para escribir en todos los idiomas y nada, que me corrige en español, sin comentarios, y otra, estaba buscando un fármaco, un analgésico, y me ha salido en la pantallita una hormona liberadora que me ha dejado entusiasta. En fin, he decidido buscar un tutorial. Lo único que siento, porque le tenía cariño, es la estampilla de Santa Eduviges que me regaló mi madre porque ya no aplica.

lunes, 9 de octubre de 2017

Calle cierta


Por aquí pasó, lo dicen los que anduvieron, la sueñan los que andarán. La calle baja, toma aliento para terminar en el entronque de una gran avenida donde se diluye ese fervor inicial al bajar la calle. Una agonía mundial se deja sentir en la frente de los edificios. El instinto busca una soga y la pólvora se moja calle arriba con los fósforos que han dejado los que anduvieron. Entendamonos, le han cambiado el nombre a la calle a quema ropa, para que sólo los poetas dinamiten en palabra el acéfalo cansancio. No saben o porque lo saben, la placa de la calle tiene los dos nombres inscritos que darán al que camine ese efímero calor universal de la sangre.
Subir o bajar por esta calle, permite que se gaste mejor la suela del zapato.

Fotografía: Rua de Porto, Portugal.

sábado, 7 de octubre de 2017

Antes de entrar, salir


Escurre el óxido en la puerta liquido y sonoro, como si fuera el aleteo del exilio. Y el tiempo se deja ver, pasa, dejando su baba escurrir como un orín ácido y marrón.

Fotografía: pelas portas do Porto, Portugal.

viernes, 6 de octubre de 2017

Lo escuché en la radio


Se solicita personal que no tome las desavenencias como algo personal. Sueldo según aptitudes. Interesados presentarse con cuatro fotografías y dos cartas de recomendación que no sean de familiares. Si padece mal aliento es inútil presentarse. Mártires de la Patria 18. Interior 3. 
Deje de llamar a la estación. No tenemos Twitter.

jueves, 5 de octubre de 2017

Dama lectora


Hubo una vez una bella y bien sucedida Dama que entró a prestigiosa librería a procurar un libro de edición antigua, agotada desde el siglo dieciocho, decidió esperar la reedición. Tanta fue su espera que ha dejado su vestido en prenda para que al librero no se le olvidara su presencia. Los nuevos lectores, reclaman al nieto del dueño la falta de ponderación para tan apasionada lectora. El nieto, en homenaje, cada aniversario pone en el aparador el vestido para ver si de causalidad es reconocido por algún pariente y pueda proporcionar tanto el nombre de la Dama como el titulo del libro tan deseado. La librería ha cumplido ciento trece años y nadie reconoce el vestido. Comienza a correr el rumor de que se trata de una ficción literaria.

Fotografía: Livraria Lello & Irmão, R. das Carmelitas 144. Porto, Portugal.

miércoles, 4 de octubre de 2017

El duende Martín


Como de costumbre, la noche con su luna jineteaba oronda. Las moscas daban vuelta sobre la fruta que en la mesa, esperaba ser servida de desayuno. El pensamiento, como último cuchillo, abría la conjetura de otro mundo. Ese mundo buscaba el duende Martín. Derrotado de la última provincia donde fue expulsado, llegó a estas calles a pie, con la sentencia en el rostro de nunca más hacer pronósticos. Su suerte es compartida con esos rostros anónimos, esas manos rajadas de tanto amasar; ese tiempo antipático con la esperanza. 
Como siempre, hay en algunas calles unos barquitos pintados en la pared con su banderín rojo poblado por siete lunas. Cosas de barrio, le dicen. Ese futuro ilusorio le ha gustado al duende Martín. 
Esta torpe historia puede comprobarse cuando hacemos el simulacro de vivir al día.

martes, 3 de octubre de 2017

Un rollo blanco y negro


Los vi llegar desde el balcón. La esquina se redondeaba y sobre los adoquines la luz se partía en dos sombras. Ella con el cabello rubio y esa blusa negra que tanto le gustaba porque enseñaba los hombros blancos y redondos. Él, con los zapatos puntiagudos; caminaba doblado por el eterno dolor de estómago. Mi cámara no miente, pueden ver cómo la calle estaba desierta en una tarde tibia. Los oí subir la escaleras. Tres pisos que parecían elásticos, alargaban la intención de subir. Cuando tocaron la puerta, me recité unas frases de Cortazar. Abrí la puerta, se abalanzaron para quitarme la cámara. Ahora mismo que reconstruyo la escena, me arrepiento de haberles dado dinero. Sé que es mentira. Él, callado, fingiendo. Ella dijo con desenvoltura que necesitaban un medicamento para el dolor de estómago. Tuve miedo a negarme cuando vi esos ojos, tan desafiantes. Ella sabe que me domina. No he podido tomarle fotografías desde que la conocí hace cuatro meses. Por eso no pueden entender esa mirada y mi sumisión. Hoy tengo el propósito de superar este pavor inexplicable. La calle sigue desierta, igual que aquella tarde. La escena me apasiona.

Fotografía: Por una ventana en Braga, Portugal.

domingo, 1 de octubre de 2017

Octubre


Octubre llega cargado de lunas blancas castañas amarillas y espero que por las hendiduras de tu casa un espíritu de nardo o plata reconstruya la historia que perdiste tal vez en alguna esquina de septiembre. Levantémonos las mangas que la sed de octubre se sacia de mañana.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Dragoneo


Algún dragón acalorado se adueña de la fuente de la ciudad. No obstante, su fuego interior sigue intacto, como aquellas sutiles ideas del jácaro. 

Fotografía: Fuente en Braga, Portugal.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Mucho peso


Mundo abajo, transido bajo el signo de Aries, el duende se consolaba de sus pesares con una canción de amigo:

*Decid vosotras, ay hermanillas,
¿cómo he de atajar mi mal?
Sin el amigo no puedo vivir:
¿adónde he de ir a buscarlo?

Rodaba en esa pendiente triste del desdeño. Sus ojos secos envuelven ese antiguo paraíso de los enamorados. Sus versos nunca llegaron al corazón indicado. A veces la tradición acorrala, como un tercero estorboso para la prisa. Por eso su gesto lleva la carga de la esperanza ajena. De nada le ha servido tener buena voz si el soplo amoroso se vuelve resaca. Quiere mudar de oficio, ser un burócrata espeso, y no este espectáculo doliente de cantar inútilmente.
El joven duende no sabe aún como se comporta el mundo. El mundo que explicó Newton todavía tiene mucho peso.


*Jarcha de Yehuda Halevi

jueves, 28 de septiembre de 2017

Un vigor sin cuerpo


Un vigor sin cuerpo
la desmemoria de llegar a tu puerta. 
Encontrarla cerrada y no hallar las llaves. 
Una hilera de anchos recuerdos 
revientan todos juntos. 
Se acumulan en la mano
como si fueran de plastilina.
Modelan esos pómulos,
ese deseo de tocar. 
El ojo de la cerradura 
tiene la garganta oscura 
introducen los latidos líquidos de tu sexo. 
Claveles ya sordos en la memoria. 
Encontrarse en la calle 
queriendo nacer en otra calle, 
en otro orgullo, en otro misterio. 
¿Cuál es la necesidad de este reposo?          

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Tres soles


El Señor de los tres soles heredó las alas de Hermes y la fragilidad de las mariposas. Tiene orejas grandes que atraen todas las voces, lo que le provoca dolores de cabeza que mitiga con su sombrero de hojas de laurel. Sus rostro normal es inerme a los exabruptos de algunos ángeles que presumen alas mejor dispuestas. 
Con aire pavonado sus tres soles se sostienen gracias al cuerpo flexible de serpiente. El primer sol tiene frases cortas, de lógica severa, ilumina la ausencia de principios. La segunda cabeza levanta un grito al cielo desafiando los principios romos del Universo. La tercera tiene la virtud de la carcajada. Nada es tan grave para detener la sonoridad de su insolencia.
Feliz, en su sustancia, el Señor de los tres soles, estos últimos días anda incomodo. Suplicante, pide la experiencia de un buen zapatero que pueda ser indiferente al vocerío de los soles y pueda ejercer su sabio oficio, y mudar las suelas de los zapatos, que en un aterrizaje forzoso, la bota del pie derecho perdió su tacón y el otro, ya gastado, impiden ejercer su única presunción: aterrizar sin contratiempos.
Si ustedes, tienen conocimiento de un zapatero que sepa de Mitología, por favor entren en contacto en la Avenida Heliopolis número 34, Col. Clavería. El último, quizo modernizar los botines, tratando que quitar las alas y ponerle estoperoles. ¿Se imaginan?

martes, 26 de septiembre de 2017

Quincuagésima cuarta columna


Algunas columnas se parean para sostener un frontón de dos aguas donde se desliza la luz. Curioso que un arco de medio punto tenga en su dovela central todo el apoyo de la escena. Por fortuna la puerta se mantiene cerrada para estancar la mirada.

Fotografía: Capela Carlos Alberto, Pálcio de Cristal. Porto, Portugal.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Esmerada cabeza


Dueño de los caminos naturales porque los días se quiebran rápido, él prepara, agudo, un espacio menos frágil que la tierra. Su reloj es puntual, como esas caras que se asoman de vez en cuando, en torno a la luz neón de los escaparates, apuntan el precio de las camisas y siguen calle arriba haciendo cuentas mentales para ver si les alcanza. Así es el reloj, para algunos, no alcanza a dar la vuelta completa y se queda detenido en un hecho de emoción o de pensamiento. Él, por eso tiene la cabeza de escarabajo para poder andar entre las cacerolas cotidianas. Bebe whisky y cacahuates, empaña los espejos y tiene la flexibilidad de los bailarines. Héroe de sí mismo, desprecia la opulencia y, busca en los diccionarios la palabra que defina ese afán de meterse en las rendijas y aguardar a que pasen los gendarmes disfrazados con corbatas azules. 
Está inquieto, le han llegado noticias, que en enjambres furiosos, miles de monedas aplastan los humildes deseos de comprar una camisa. Tanta lágrima lo tiene húmedo y comienza a comprar telas para hacer camisas gruesas para el frío, porque sabe muy bien que los días se quiebran rápido.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Agua en horas


Hay memoria de agua en el cuchicheo de las aguadoras. Suspensas en sus ánforas de bronce comenzaron a verter agua, ebrias de charlar todo el día. Su voluntad se une al coro de los labios sedientos de otros tiempos potables. Ya desfallecieron aquellos que llegaban con su extendido brazo con el vaso vacío.
Ahora, ignorada toda esa historia, las aguadoras por las tardes, a fuerza de costumbre, confidentes, esconden, sin esfuerzo, el mapa de la acequia donde las alma se juntan y refrescan. 
Así es de sentimental, a veces, el obturador en una mano.

Fotografía: fuente Palacio de Cristal, Porto, Portugal.

sábado, 23 de septiembre de 2017

De última hora


Se le cayó el truco al salir de la caja. No tiene la pericia del Santo Oficio. Ni la mano larga de las cámaras alta y baja. La desgracia de su gracia sucumbió al primer intento. La sonrisa y la violencia se mira en el rostro. La feria tiene luz de dispensario. Los niños lo miran y se apiadan, tanto es su desánimo. 
¿Qué salió mal? se pregunta.
La gente ha despertado le gritan. No le valió ir con el cura, ni con el alcalde. Ha caído en desgracia. Su truco ya no funciona. Otro, en la sombra, ensaya nuevas maniobras que seduzcan.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Verticalidad


Mantener la rectitud o la vertical es uno de los principios que el otoño atesora. Los pechos colorados, los que saben del paso de lo días, lo saben. ¿Habrá que buscarlos? No a los días. A los pechos. Hagamos el esfuerzo aunque nos ardan los ojos. La verticalidad es una aspiración. Una altura que emociona.

Fotografía: Vímara Peres e Torre dos Clérigos, Porto, Portugal.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Cabezas hambrientas


El hombre de las cuatro cabezas tiene los intestinos de fuera, un cinturón de serpiente y una espada. Hambriento, mordisquea rutinariamente hierbas e insectos. La serpiente la usa como escudo para apartar a todos los curiosos que quieren tomarse fotografías.
De una a cabeza a otra circulan múltiples historias. Cada una nació en diferente tiempo y país, por eso la cabeza uno, la que tiene la visión del mundo izquierdo, habla de cosmovisiones que contrasta con el materialismo de la cabeza de la derecha nacida en tiempos modernos. Sus desavenencias se logran ver en sus gestos y cada una, inamovible, se aferran a sus principios, por fortuna, cada una aprendió una lengua común (el español) y aunque cada una tiene sus lengua inicial, griego e inglés, respectivamente, se comunican con relativa civilidad.
Las dos de en medio, llenas de remordimientos, son políglotas. Viven tristes, ellas quieren comer carne y frutas como la serpiente. Tanta fue su desesperación que a una de ella le salió una cabeza al lado, le creció como un brote de incontinencia, ahora no deja de anunciar, con polifónica voz, la filosofía dual de la existencia. 
El hombre de las cuatro cabezas, acaricia en sueños la esperanza de encontrar pareja, en este tema ellas están de acuerdo y con esta idea comunitaria recorre mitologías con ilusión y celo. 
La espada la usará para evitar la piara. Único destino cierto de los hombres que tienen más de dos cabezas.

martes, 19 de septiembre de 2017

Equipaje de mano


Aquél muro no deja de mostrar el peso del nosotros. Atormentada por lo que se aleja con el tiempo, te digo, con la vocación que conoces, este derrame de agua; esta profundidad de la valijas; esos cabellos que te has cortado; entonces esa exploración de los antiguos caminos, sin brújula, confiando en las imágenes que salían en esas ausencias. Esas yerbas que mordías con los pies descalzos; el vuelo de los últimos tramos de la mañana. Sabes que tu cuerpo tiene esos signos irrepetibles, difusos. Esos umbrales que iluminabas cuando habrías las puertas. ¿Sabes de tus apariciones?. Cruje en la penumbra tu presencia y esos ademanes tan tuyos humedecen esas cavidades de mi espacio. ¿Te acuerdas de la muñeca de trapo? Sigue en el ropero como virgen inmaculada en el olvido. El azul que te gusta sigue equilibrando el abismo. El temblor de tus labios, las indecisiones. Saliste a explorar del mundo y te orientas con lo que sabes, con ese equipaje de luz; los niños jugando, tus amigos, intercambiando chabacanos de colores mientras brincabas en el patio. ¿Recuerdas ese pájaro que se golpeó en la ventana? Ha vuelto, o así parece, porque es tan bello como aquél, el que querías llevar a tu cuarto. No me consuela verte crecer. Esa obcecación por crecer. Mis palabras no te detienen. Creces con otras vestiduras. Te has salido de cauce. Sigues creciendo y yo sigo como madre anclada en las imágenes, sentada a la puerta dejando la brisa entrar en mi pecho, mordiendo la ausencia. ¿Estaré equivocada? Sigo zurciendo tu vestido verde de festival. Ya no crezcas, que los pasillos se reducen en esta angustia, en esta obsesión de verte niña.

lunes, 18 de septiembre de 2017

El Señor Bartlett


La felicidad ajena no lo corrompe, el Señor Bartlett, lleva en su barriga la dulce forma de su dicha. Lujurioso, su dulzura lo desborda. Su guardarropa gira en la espiral vegetal. Camina ingrávido por las calles y en su cerebro gira la idea de ser un testículo verde de sereno dialecto, cargado de vitaminas y en armónica danza. Sale ileso de la fatal mordida que le asecha y lo sabe, cuando siente cómo lo miran con la avidez del frutícola. Con un guiño los deja embelesados en ese óvalo perfecto y silencioso se marcha sonriente. La belleza esta en mi vientre, presume.
Ingenuo, como todos los dichosos, No sabe que toda estética tiene su trinche creciendo en el crepúsculo.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Un par de ojos


Las cicatrices de un ciudad dejan ver el zumbido de las vidas pasadas. El vacío de un resplandor. No entrar es el signo que aparece y no desenterrar ese palpitar arruinado. Nuestros cuerpos huyen de esos otros cuerpos que habitaron recámaras y balcones. En el tránsito de una calle a otra ya no sabemos qué nos espera a la vuelta de la esquina. Un monumento o, la fría sensación del caminante que sólo habita con sus ojos, nunca con su cuerpo los espacios. 
Siempre hay un puente de tiempo, un círculo, que nos une lacónicos, a los habitantes de las otras casas fracasadas. Como ventrílocuos reproducimos sus sonidos sin cansancio.

Fotografía: pelas ruas do Porto, Portugal.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Mnemósine


El aliento tiene el mismo idioma, nutritivo, procreador. En lo más callado de las huellas de los dedos tengo los retazos de la luz que se filtra por la cortina de la hierba, la caricia de esa voz que no deja de olvidarme. Alguien me dijo que eras un libro. Entonces, letra a letra te fui llenando de palabras agridulces que se concentren en darte forma. Todos los que han escrito de memoria siguen desnudos y tienen frío. Siempre en la orilla de un cuerpo crepitan los abrazos y el incendio nunca cubre del todo la ceniza. La claridad, es esa imagen repetida, deslucida, de tanto tallarla. El aliento es esa voz que se ignora para seguir buscando otras palabras. Queda el aire llenando los pulmones y ese fulgor de construir esa voz que tal vez me nombre.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Punto de encuentro


Un signo en otro signo tiene la gracia de la confusión, del no estilo, del caos mental que una ciudad que se camina conlleva. El arte colectivo y anónimo no tiene patrones, sigue el impulso de violentar el espacio; su función última es contradecir y fincar un espacio emocional citadino. Si lo llevas a una galería o a un museo, lo corrompes. Los valores, como en la calle: transitan.

Fotografía: por las ruas do Porto, Portugal.

jueves, 14 de septiembre de 2017

El Duende del Sombrero Rojo


Era una vez. No. Eran dos veces que el Duende del Sombreo Rojo perdía el encanto de subir por las escaleras y llegar a la nube de su casa. Olvidó sus llaves, las dejó sobre la mesa del salón del curso de primeros auxilios para duendes que tomaba en el extremo oriente de la ciudad, en el muy celebrado barrio de los Encantados. La primera vez se quedó dormido en una banca del mismo salón, tal era su cansancio que nunca supo el destino de sus llaves. Tuvo que ir al cerrajero, un duende de chapeo amarillo, de mal talante y peor aliento que le cobró cincuenta monedas de cobre. 
El Duende del Sombrero Rojo, no es mal duende, pero es decente, y no hace travesuras que puedan lastimar el orgullo de sus víctimas. Fue tanta la presión de su barrio que un día sofocó hasta la agonía a una señora que regaba sus crisantemos todas las mañanas. Por eso decidió tomar el curso de primeros auxilios. En buena verdad, el único auxilio que le ha interesado del curso, es aquél que cambia la página de lectura, así que cuando un lector abre el libro, tiene que recomenzar de nuevo porque no reconoce la página que lee. Le encante mirar la cara de azoro del lector, sobre todo la de los primerizos que se enojan y se insultan así mismos por no tener método cierto de lectura ni cabeza para el recuerdo. Los lectores avezados, al contrario, se divierten, porque inventan las páginas perdidas y ayudan al autor del libro, sobre todo a los aburridos, para componerles la página.
Si estas detenido en tus lecturas espero que tengas la suerte de que el Duende del Sombrero Rojo no pierda sus llaves y pueda visitarte a tiempo.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Segunda Pista



El estruendo del látigo se escuchó hasta la platea. El león abrió sus fauces y el domador, atónito, miró, cómo un niño domaba a su señora madre. Ella, obediente, saltaba entre las sillas recogiendo del suelo, cacahuates, palomitas, paletones  y con una espectacular vuelta de carnero derramó el refresco del enorme vaso. La ovación de los espectadores fue inmediata, lo que obligó a la banda a tocar una y otra vez.

*Texto publicado en la Antología Vamos al Circo.

martes, 12 de septiembre de 2017

lunes, 11 de septiembre de 2017

Coexistencia


Los mejores días de Luis no coinciden con el otoño. Le gusta la fruta y el sepia de esos días pero no tolera esa desmemoria; ese decir que todo esta bien y que sólo con pedir disculpas se arregla todo. ¿Y qué pasa con la idea de justicia? ¿Dónde poner a los muertos? ¿A los desaparecidos?  A Luis se le inflaman sus férulas y piensa en el castigo y no sabe que letra va primero. No sabe que hacer. Se le baja el aliento y se asusta de tener tanta conciencia. Duda. ¿Será que sólo le pasa a él esta atribulación de espíritu? Le dicen que tiene que cuidarse de sí mismo, que es mejor para todos y niegue tres veces como es la costumbre.
Los mejores días están por venir. Sueña. En su agonía.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Ineficacia


Algunos techos se derrumban sólo para mirar al cielo. Inútil metáfora cuando son tiempos de lluvia.

Fotografía: por las ruas de Porto, Portugal.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Corregido y aumentado


Era exagerado. El aumento de sus lentes era el causante de percibir una realidad ponderada. Se paso la vida sobrevalorando las distancias y los acercamientos. Iconoclasta por parte de madre y apologista por parte de padre, lo que dio como resultado: un liberal costumbrista con ciertos toques autistas. No es que conversara mucho con sus padres, pero siempre el ejemplo puede más que la doctrina. Al menos así se dejaba ver en cada una de las circunstancias en que lo acompañé. Cierta ocasión que estábamos en la parada del autobús tuvo una crisis desbordante. Comenzó con la diatriba de que el caminar era el peor momento de la civilización humana ya que la velocidad era esencial para llegar del punto A al C. Luego se sumió en una tristeza tan absoluta al sentir que sus extremidades inferiores - así les decía a sus piernas- cada día le dolían más a causa de su inmovilidad civilizadora.
Después de dos horas y ver pasar cuatro autobuses, conseguí ir a su casa a pie y así estirar sus ya mermadas articulaciones. A cada paso, me contaba sus observaciones detalladas desde que se sentaba a comer la papilla hasta los días en que entró a la oficina de correos a trabajar. Único trabajo que le permitió no confrontar con sus superiores. Encerrado en una bodega acomodaba toda la correspondencia que había sido devuelta en grandes cajas marcadas por el año y el mes. La gente piensa que tiene una dolencia mental, pero no es así, él tiene la manía, casi virtud, de corregir y aumentar lo que ve, es un poliedro cuya realidad nunca es la misma pero integra un sólo cuerpo. Sinceramente lo estimo y me sorprende cuando me confiesa: “Yo no soy yo, sino un despropósito con buenas y anquilosadas costumbres”.
Hacer compañía también tiene sus aumentos.

viernes, 8 de septiembre de 2017

La ciudad en el bolsillo


Es una tranquilidad dichosa tener una ciudad en el bolsillo. Ni los emperadores antiguos, ni príncipes, ni reyes tienen ese privilegio. Su esplendor es permanente. Puedes escoger las calles y los perfumes de gardenia o de ruda. Puedes pavimentar sus calles con pisos blandos en las subidas y firmes en las bajadas. En las terrazas los suspiros de los estudiantes se incrustan en ese futuro siempre promisorio. La ciudad tiene tu edad, por eso es habitable, si es que estás a gusto con lo que has hecho.
Tú la vigilas y bloqueas las rutas de esas molestas caravanas que quieren entrar con sus mercaderías inútiles. El espacio lo decides de acuerdo al tamaño de tu bolsa. Te sugiero que no la guardes en bolsa con remaches. Una cremallera es ideal para que, como las líneas de un mano sepas entrar dedo a dedo. La ciudad es un todo que va contigo a todas partes y todo el tiempo la habitas. No te engañes, los deseos toman forma de tu ciudad natal, rara vez, te pierdes por calles extrañas. Procura no poner estatuas de parientes para que puedas caminar con libertad. 
Elegancia, esa es la recomendación. Te invito a que construyas tu ciudad, ahora que el horizonte se empeña en humedecer la retina.

jueves, 7 de septiembre de 2017

La perspectiva y su recodo


Las líneas vivas conviven en espacios finos. El aire se palpa metafísico. La perspectiva, de tan racional, escucha la serpentina del río y se diluye su soberbia al escuchar el movimiento. En perspectiva, el paisaje se frunce en recovecos. 

Fotografía: Desde as Fontaínhas, Porto, Portugal.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Ciudad borrosa


Gotas gruesas y castañas cayeron al segundo vuelo de gaviotas. Ahora me entero que de la calle que llevaba al dentista ha quedado llena de oraciones agridulces. Neciamente tomo la receta y con el diente casi desbordado, camino por rumbos alternos. Toda la ciudad tenía dolor de encía. Me detengo al oír un llanto de mujer que paría un robusto niño. Hay dolores que no alcanzan a llenar el propio. Hay una quieta fiera que ronda. La escucho en estos patios interiores de mi mente. Sigo caminando, para alcanzar mitigar tanto murmullo sombrío. Embrutecido, miro el semáforo, pera esperar el verde.

lunes, 4 de septiembre de 2017

El ángel de la botella


Calló. No sé si por un sólo trago o muchos sorbos. No sé. Cayó mudo. Rodeado de alcatraces y rosales. No tiene odios en su sangre de bronce y un relámpago nocturno se incendia sin tocar a nadie. Su cielo no tiene patria y de su frente se inscriben todos los rumbos donde el alma se emborracha de ese líquido que lleva en la botella que sostiene en su mano derecha. Perseguido por miradas gélidas, enseña su alas y ese aire de ángel sin derrota. Él no tiene prisa y aunque los cielos en espirales se confunden con la huída, él se queda con el pulso sin prisa y resiste bebiendo ese licor que lo define. 

Fotografía: Rapto de Ganimedes, Fernandes de Sá. Jardim de João Chagas, Porto Portugal.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Septiembre


Algún sentido tiene el vibrar de la cuerda, la tensión del sonido. El regreso de la pausa. No se acaba el movimiento al oírlo. Tratamos de tener ritmo, melodía y poco a poco nos vamos acercando a ese septiembre y tal vez, por acaso, una vianda de placidez apartará las marcha y nos dejará el canto rosal y serpentino.

jueves, 31 de agosto de 2017

Otoño próximo


En el próximo otoño 
el poema gira
en su propia redondez 
como un vientre de frutos bermejos. 
Luce la perfección natural
de su círculo. 
El día todavía no tiene pecho, 
por esos seguimos
el contorno de la voz en los versos. 
Es tangible.
Como el vientre crece. 
Congruente. 
Como el aire entre nosotros.

Texto que gira en el dibujo de Ivone Mendes da Silva.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Tardes Amarillas


Hay tardes que de tanto amarillo el sol se acurruca. Hoy me permito invitarlos a entrar a esas Tardes Amarillas hecha revista que en su número 46 aparece una entrevista y un puñado de imágenes de mi trabajo como tlacuilo.

Gracias a los editores a Antonio Cruz y a Verónica Sotelo que generosamente abrieron la Tarde para este abarrotero.

Los invito a leer y si la noche no llega, si ustedes lo quieren así, a comentar.

martes, 29 de agosto de 2017

Inferencia


Una idea cristalina tiene la sutileza de una elegancia convergente. Así se unifican la imagen y su reflejo.

lunes, 28 de agosto de 2017

Purga de familia


Al mirarse al espejo la figura del tenedor se le presentó como tridente maligno al ser el ejecutante del kilo de papas fritas que engulló en la fiesta de cumpleaños de su sobrino. Observó, no sin repugnancia, la inflamación de su rostro. Triste por no controlar sus impulso más primarios buscó consejo en el recetario de la familia para encontrar algún purgante efectivo.
Encontró esta: ajo, sal de exxon, sal de globe y jugo de naranja. De inmediato le surtió efecto, tuvo problemas respiratorios y una fulminante desaparición de signos vitales. Otra tradición de la familia: el de ocultar las malas noticias. No le informó que tenía una cardiopatía desde que nació. Los reproches no se ocultaron en el velorio y en consejo de familia, decidieron revisar el recetario que tantas satisfacciones les ha brindado por generaciones.

domingo, 27 de agosto de 2017

Pisadas en la piedra


Desde cuándo la altura no deja ver tus contornos. Sí, esos abismos que tiemblan secos cuando la cifra de los ecos corre entre las paredes. La distancia es la nieve tendida entre el silencio que llevamos dentro. La sangre caliente respira en la cima y los labios quieren ese veneno de vida que apague ese lento trabajo de esculpir la cueva. No hay cólera en las riberas contenidas y esas sílabas de rencores se mutilan en los heptasílabos, en esos estrechos corredores que flotan en ese azul ensartado entre nosotros.
Guardo el secreto, lo cuido, lo atesoro para cuando un nocturno viento nos despierte hasta que los nombres sean ese fino polvo que nos anime y nos queme sin decirnos siquiera que ardemos lentamente. Sin miedo entre los ojos que vienen de otra noche de la misma piedra.

sábado, 26 de agosto de 2017

Rostro en flor


Los ornatos de piedra con motivos florales no dejan de tener un sustento facial. Lo dicen esos gruesos labios lanceolados y esos ojos abiertos de sorpresa, como cuando esperabas en la ventana prendida en ese alfiler de la espera.

Fotografía: Por las ruas de Porto, Portugal