Estaba la noche enamorada. Ya no se dice esto, pero estaba. Con una nostalgia de expresión como si le fuera dado escribir. Eso pasaba en cierta calle donde la danza y la memoria impura colgaban del número 12. Tocó el timbre y nada obtuvo en respuesta. Se oía fiesta y voces de mujeres aplastadas por el ruido de la calle. Sintió entonces lo que se siente en el bosque, cuando una y otra vez llega de lo lejano, el agudo sonido de las cigarras empalmando su quitina. Antes que lo secara el recuerdo, picoteaba el timbre, zumba que zumba. Nunca le abrieron. Pasada media hora, sintió como le acomodaron la almohada para que no tuviera esas lascivas compulsiones de la fiebre.
423. Escritores mexicanos II
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Bodegón Diana Raquel Hernández Mientras su hermano le hace sexo oral,
ella habla del libro de Boris Vian que acaba de leer. Hubo un tiempo en que
los d...
Hace 1 día.



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