En el año en curso al ladear la cabeza a causa del sueño atrasado desde su viaje a los aires asiáticos, le le cayo el bigote. Era tan cuidadoso con su pelo en cara que ya no quiere dormir recostado. Lleva dos mese en pié, adormece claro, pero sin profundizar. Las malas lenguas que abundan por estos lado de lampiños, le atizan su dignidad cuando afirman que ese bigotito es postizo. Que un pegamento lo ha descubierto.
Su novia salió en su defensa y ha publicado fotografías de cuando lo conoció y ya apuntaba un desarrollado bigote.
La confusión y el desaliento se han apoderado de la vida cotidiana. Antes de cerrar este reporte mínimo ya hay un fecha para realizar un referéndum.
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