Una procesión de luces llegó con el azul bajo el brazo. El frío como dura roca y esa herida que llegó como una duda lo dominan. Nada es más amargo que su despertar. Su Edipo, triunfó de incógnito. El mar de tan lento dejó su azul.
Su rencor marino dejó al Capitán Arrieta con la aguja ensartada en su lengua. Su epitafio flota por la ola del remordimiento.
Sus víctimas ya no lo recuerdan.


