domingo, 28 de septiembre de 2008

Otras veces


Cuando mi tía Elodia tenía los pechos hinchados me mandaba cortar un buen manojo de manzanilla de la maceta, yo se lo cortaba como un rayo, no me gustaba verla triste, cautivada por una caliente lagrima que le escurría por su pezón.
Sus pechos me gustaban, eran como los caracoles que encontraba en el río: húmedos y asustados. Crecían como crecen los ojos por curiosidad.
“No sabes como duelen” me decía. Entonces me crecían unas ganas de ser bueno, y sin prisa, con mis manos, desgranar su dolor para curarlo.
Nunca supe ser bueno y ahora que su dormitorio está vacío, me crece un frío de cordillera largo y seco.
Hoy, un color de trigo se afianza en el corredor y un vapor de tía reposa en las paredes.
Sergio Astorga

Fotografía: "Fruta Prohibida" Manuel Alvarez Bravo

4 comentarios:

Pizca dijo...

Cautivante.
Interesante sensación.

Pasaré seguido por aquí.

sergio astorga dijo...

Con mis cinco sentidos.
Aquí estaré.
Gracias.
Un abrazo.
Sergio Astorga

Lauren Mendinueta dijo...

Qué bueno esta este texto. Te felicito por el premio que recibiste en Muchacha de sal. Al final parece que leemos los mismos blogs. Espero que estés contento.
Lauren

sergio astorga dijo...

Lauren, tu comentario me renueva. El premio me tiene perplejo, la generosidad de Muchacha de Sal ha sido oceánica.
No sé como dirá pero, parace que hay una "blogografía" común y creo que eso nos incita más a la autocrítica.
Me siento "acólito del alcanfor,un poco pez espada y un poco San Isidro Labrador". (López Velarde)

Un abrazo.
Sergio Astorga