La realidad del café se aposentaba ese lunes a sus anchas. Su aroma tostado y esa acidez propia del café de altura lo hacían perder la cabeza. La rotación de su mirada, la sed de sus labios y esa interrogante cotidiana se abría paso. Nada de azúcar y sólo dos cucharaditas monosilábicas le daban la seguridad de sentirse planeta, como un sueño litigante.
424. Homéricas III
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El hombre, animal lujurioso Marco Denevi (Argentina)Al menor descuido de
Circe, los amantes se le transformaban en cerdos. (Falsificaciones, 1966)La
vue...
Hace 4 días.



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