lunes, 15 de octubre de 2012

Cuando el tren se marcha



De tanto esperar al tren se le rompieron las rodillas. Progresivamente el fierro de sus huesos deambuló  por los andenes relativamente saludables. Pocos lo han visto. De noche es una inquietante  luz roja dando círculos y de mañana se abraza al reloj de la estación e intenta mover el minutero sin conseguirlo.

Sobre cada pupila abierta a la llegada del tren hay otra mirada sin  peso que nunca sabrá lo que es ir o venir. Tal vez, las imágenes ya oxidadas se encajen en las esquinas del viaje y los caminos se crucen en la espera, sonámbulos,  sin alcanzarse nunca.

Los perros ladran como si presintieran la llegada. Pero no existen ni pies ni cabeza en este éxodo. Dentro de este tiempo hay otro tiempo que ya se ha marchado por otras estaciones que arden y se apagan. Por eso, cuando el tren se marcha, una madeja se le enredó en el pecho y mil astillas se clavan a cada instante.

Sergio Astorga
Tinta/papel.

8 comentarios:

Isabel Barceló Chico dijo...

El tren tiene una carga alegórica siempre inquietante. Lo que se va, lo que encierra, lo que se vislumbra, lo que queda atrás y no se volverá a ver jamás... Un abrazo, querido amigo.

Myriam Mahiques dijo...

Tu texto me recordó que una vez casi cruzo las vías sin ver el tren, era noche oscura de invierno y quedé hipnotizada por la luz del frente de la máquina, al punto que no escuché el ruido. Un viejito a mi lado me gritó con voz que casi no le salía, y me sacó de mi ensueño. Tenía unos 25 años.... Un abrazo,

Paz Juan dijo...

¡Qué hermoso y qué triste, querido Sergio!

sergio astorga dijo...

Isabel, en los andenes hay un tiempo indeciso. Las cosas se inmovilizan y la realidad se petrifica. Con el ticket en la mano andamos vagando como si llegar fuera el consuelo del partir. El destino es uno mismo y el equipaje tiene que ser ligero como el adiós.
Vas a Roma y cómo quisiera estar escuchándote su historia. Mucha suerte.

Abrazos con destino.

sergio astorga dijo...

Myriam, alucinante experiencia, tienes material para un cuento. Fue en ¿Estados Unidos o en Argentina? Te invito a que nos cuentes en tu blog.

Abrazos fuera de la vía.

sergio astorga dijo...

Condesa, hay una cabellera que se enreda cuando estamos en una estación de tren. En una estación, uno nunca esta completo o se piensa en el ayer o se aspira lo que viene. La vivacidad siempre tiene un aire de tristeza.

Abrazos después de la fiesta de nacer.

Alicia Uriarte dijo...

Sergio, vas tan rápido que casi pierdo este tren.
Una estación de tren muchas veces es el punto de inflexión entre el ayer y el mañana. Me gustaría pensar que, en la mayoría de los casos, sea un viaje en busqueda de una atmósfera más armónica.

Un abrazo.

sergio astorga dijo...

Alician no sé el porqué no apareció mi respuesta. Por cuestiones de teclado, escribo en word y lo luego pego. Te ofrezco disculpas, que se me fue el tren.
Tener delante un camino, sobre todo cuando no lo conoces se despliegan las sensaciones que mencionas. Cuando el camino es rutinario hay una abulia que te mata.
Abrazos de regreso.