viernes, 12 de octubre de 2012

La cara Bela



Fue en el año en que la hostería cerró sus portones cuando tuvo la redonda idea de salir a los mares. Le llegaban cartas de navegación  por correo y con ellas dibujaba, la mayor parte de las noches, geografías imaginarias. Cinco años atendiendo la hostería le dejaron buenos ahorros que utilizó para encomendar a un buen carpintero la embarcación que le permitiría descubrir una nueva ruta para su monótona existencia.

Zarpó un día de viento suave y sostenido. Como no era muy grande su barca las provisiones eran limitadas. Sabía que si seguía con rumbo al este encontraría alguna tierra prodiga para reabastecerse.

Durante dos meses estuvo navegando en círculos sin ver tierra, ni cercana ni lejana. No tuvo oro, ni plata. No corrió sangre y exhausta regresó a su punto de partida pensando que el mundo era redondo.

Desde entonces se le miraba en los parques contando la historia de su viaje por unas cuantas monedas. Para acrecentar su infortunio a las gentes no les gustaban sus historias porque no había salvajes, ni sangre, ni oro, ni plata.

La cara Bela sin dejar que su vida hiciera agua,  ahora inventa historias de amor para los despechados, con un éxito envidiable.

Sergio Astorga
Tinta/papel

4 comentarios:

Myriam Mahiques dijo...

Buenísimo. Y me sorprendió que fuera una mujer, leí la mitad del texto pñensando en un hombre (influencia de nuestra sociedad machista). Sergio, te dejé un comentario en mi micro acerca del significado. Un abrazo,

Maribel dijo...

Genial, las historias de amor siempre triunfan. En el fondo a nadie le gusta que le cuenten calamidades.

Un abrazo redondo.

sergio astorga dijo...

Myriam, esta navegante fue anterior a Colombo y sus mares interiores fueron anchos y turbulentos. Se han encontrado vestigios de su barca en las costas de Venezuela, se piensa que al terminar su travesía incineró la barca y sus bastimentos.

Abrazos en español.

sergio astorga dijo...

Maribel, las historias de amor y desamor siempre tienen partidarios que han sido partidos a la mitad. Las calamidades son el pan de todos lo días que ocultamos debajo del mantel.
A mi me gustan en el fondo las historias con éxito en la palabra.

Abrazos desde estribor.