domingo, 4 de octubre de 2015

Coautoría


No hay ciudad que no busque su espejo para reflejarse. Sus cómplices la fotografiamos. 

Fotografía: Frente a la estación del FUNICULAR DOS GUINDAIS. Porto, Porto.

sábado, 3 de octubre de 2015

Disfraz



Cuando sale de casa  son las diez de la mañana. En realidad son las doce. Se despide de sus gatos. Al fin adulto aldeano, estornuda y escupe al piso al cerrar la puerta. Piensa en papá y la fiesta de cumpleaños que nunca festejó. Todos siguen muertos. Mamá los quiso resucitar llenando los cuadernos de fotografías pero ni ella pudo librar ese sueño intranquilo de tan eterno. Nadie responde, por eso su adolorida vida y a su mañana se le hace tarde. En su momento el reloj marcaba bien las horas. Todos duermen para siempre por eso nunca quiso cambiar la hora. Camina al lomo de sus pensamientos hasta la tienda donde vende ropa para carnavales y para fiestas infantiles. Él, calla como animal fatigado, cabecea, dormita y sabe que pronto podrá volver a reunirse con sus gatos. Su mentón es ancho y su mirada tiene ese cuerpo entero de frente amplia. Sus semanas se visten con el mismo pantalón y recuerda a sus hermanos. Entonces le gusta la vida y comienza a rellanar en el cuaderno de cuentas los nombres que tuvieron. Por eso sus gatos se llaman: Sebastián, Luis y Marcos. Por no llorar se toma tres tarros de té con galletitas de limón. Repite los nombres y su ansia le baja a la barriga. Por fortuna el negocio va bien, muy bien.  A  la gente le gustan los disfraces. Sí, les gustan mucho.

jueves, 1 de octubre de 2015

Octubre


De nuevo llegas, Octubre. En tu casa la luna nunca duerme, por eso queremos vivir en tu casa y cepillar tus cabellos con el jabón de sábila. 
El ángel bueno y malo respiran y cumplen su trabajo. 
Con el dedo en los labios te invito a dormitar como si 
fuéramos grillos inquebrantables.
¿Aceptas?

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Platear


Prepotente rayo de sol, celoso de la luna, deja plateada el agua del río. La mirada cae en toda su gravedad. Desde el puente, parado en él, lo que abajo queda es un estallido de reflejos de brillantez sincera.
Tullida, la diminuta gente, sin saberlo, liba el entorno sin querer subirse al barco.
No se escuchan voces, sólo la vibración clavando su flecha en la isla del ojo. El torrente es tan vital, que el vacío parece el naufragio más profundo.

Fotografía: desde el Puente Don Luis, el río Douro y Ribeira; Porto, Portugal

martes, 29 de septiembre de 2015

El rey blanco


Aquel rey aparece todas las noches. Se dibuja en la pared como el rostro de los ancianos que van perdiendo o ensanchando su línea de contorno.
En lo oscuro de la infancia, el niño ya no niño, quiere, como un bandido con fiebre de olvido, estirar la mano.
Un consuelo fugitivo llega como corriente tibia a su sonrisa. 
Es el alba. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

Al subir


El otoño goza de pendientes castañas que nunca llegan a ninguna parte. El amor fascina porque en las puertas de cada casa madura un fruto duradero. Duradero en la espera, porque madura en el gozo de ser inalcanzable.

Fotografía: Alguma Rua en Porto, Portugal.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Don Justino


Se acuerda de sí mismo y un desencanto se le cuelga del hombro derecho, porque el izquierdo entumido por dormitar de ese lado, le es inútil. Su melancolía, amueblada por un estilo celta, tiene la ambivalencia del signo. En su mesilla de noche y en su sala comedor tiene, copias idénticas, dos esculturas de madera que resumen sus contrahechos ánimos de humano. Una figura gibosa de un viejo harapiento con un saco de caminante, regalo hecho por un su primo que vivió hasta su muerte en la Angola independiente, adornan, si podemos usar esta presunción, su atmósfera vital.
De formación occidental, su destino estaba marcado por aseveraciones de Racine y algunas sentencias de Schopenhauer. Inquebrantable, hay que reconocer, busca que rebusca horas ciertas para en alta voz, reconstruir su lado flaco. Raspa las letras como para dentarlas, como la cucharita del café. Cuando pienso en él, me dan ganas de comprar el periódico y buscar la noticia de su exitosa vida. Pero el oficio de pobrezas lo tiene amarrado. Es natural que tenga manías que se viven solitarias y su misa y su rayo de luna las tiene, como un gran bulto que lleva con entereza rutinaria. Llora con dignidad, con esas lágrimas que salen de tarde en tarde, cuando sus ojos ejercen su oficio de agua salada. Nunca quiso dejar de vivir, curioso, como aquel que sale a escena y nunca sabe cuándo bajará el telón. Eso tiene muchos siglos, desde que en una cueva comenzó a tiznarse la representación. Su palabra, más ágil que su lengua,  repite una y otra vez esa tonadilla: todo corre bien aunque esté vacía la barriga. De cuerpo entero, como el castaño del parque imaginario, sus pantalones nunca perdieron la línea. Y su frente, con el siempre, despejando los augurios, miraba de arriba para abajo como miliciano de hueso agónico. Su pecho se hincha, crece de tamaño y sin saber qué hacer, el humo se afina de tan tóxico. Un día se dejó llevar por la cólera para que no dijeran que su natalicio era como una bacteria muerta. Fue hombre dijeron, celebraron sus violencias cautivas, su pasión de pueblo ofendido. Poco duró ese reino, un asalto de paz indiferente lo devoró, como aquella Teresa que  bebió de su boca ese jugo amoroso de ponzoña. Su esfuerzo continúa, acéfalo y colorado el día. Insepulto, sigue arrendando cielos, que toma del sueño. Sueño que es una secreción de su noche. Su cuerpo va tomando la forma del tullido de alma para que los ignorantes lo llenen de pan y de misericordia.  Como dicen los adagios, hay alguien que vendrá de lejanía para darle un pecho universal que deje a un lado el canto fúnebre y ofrecer un abrazo sin caducidad palpable. 
Alguna vez será. No te arredres dando voces. 
Baja a tomar tu merienda, que se enfría. 

viernes, 25 de septiembre de 2015

Versiones


Berlangas, es amigo de Carlangas, que vive en el 129. Los dos subieron y bajaron por las mismas escaleras, comieron del mismo plato y bebieron, uno cafe y otro cerveza.
Cuando Carlangas, se fracturó la pierna, Berlangas, le dio largas y nunca fue a visitarlo. Berlangas, era egoísta y Carlangas, creía que era su deber agradecer a cada momento por lo que es o por lo que fuera a acontecer. Lo cierto, y de eso sabe, la Ramona, cuando Carlangas, se fracturó la pierna, por angas o por mangas, Berlangas, pasó una larga temporada en prisión, que es otra manera de meter la pata.
Al regresar Carlangas al numero 129, convidó a Berlangas, a beber. Durante tres días no salieron a la calle. Berlangas enseñaba su pulsera que informaba detalladamente su posición. Carlangas, conmovido, mandó hacer una placa de azulejo que colocó arriba de su puerta con el nombre de Berlangas.
Otros testigos memoriosos aseguran que, uno mató al otro en acalorada disputa. El sobreviviente puso su nombre arriba de la puerta como testimonio de triunfo. 
Lo cierto es que tengo dudas, quitar la placa o dejarla. Llegar a la decisión definitiva será para mí un tormento. Por lo pronto, mandé pintar las paredes de amarillo, en tanto busco otra versión más de mi gusto.

Fotografía: por las ruas de Porto, Portugal.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Es cuestión de dieta



Volando con la cintura enredada en la nube, así como se pega un son jarocho, como décima improvisada para enterrar las miradas rencorosas. 
Sin esfuerzo, se elevó como pretendiendo desesperar a los que estamos amarrados a la carreta de tierra.
Un niño con la palma de la mano abierta mostraba semillas con tal de que bajara. 
No hagas eso, le ordenaron. No ves que si baja tal vez ya no quiera subir. 
El ave dio dos vueltas en un alarde aerodinámico y se perdió entre las copas de los árboles.
Todos los días el niño regresaba con diferentes semillas en la mano. El ave lo ignoraba, daba dos vueltas y se ocultaba.
Cuando el niño se cansó de traer semillas en la mano y al ver que el ave seguía girando y girando se puso triste. Nadie le dijo que esa ave comía pescado.

martes, 22 de septiembre de 2015

El mosto y la lucidez

Se bebió toda la copa de vino. 
Tal imprudencia, le dejó la convicción de que esa acción fue la única que valió la pena llevarla hasta el fin.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Homenaje a Juan García Ponce


Con el sosiego que brinda estar a buen recaudo del vendaval de los últimos meses me es grato informarles de la llegada del Libro Homenaje a García Ponce, Coordinado por Magda Díaz Morales. 
Las gracias se me antojan infinitas.
Dejo con ustedes, la imagen de la portada, el pequeño cuadernillo con los dibujos que vienen incluidos en la edición, así como el texto que los presenta. Dejo también el enlace  que el Blog Apostillas Literarias tiene para poder bajar el libro en PDF, si ese es su deseo.



Cuando fui convidado por Magda Díaz Morales a participar en el libro Homenaje a García Ponce un festín de lejanas imágenes aparecieron. Mi lectura de García Ponce fue temprana, el erotísmo y sus evocaciones, sanas y malsanas, anidaron. El ojo y la pluma en Ponce son sustento, así que empalmar dibujos en su homenaje fue sensualmente natural.
Estos dibujos quisieran encarnar en las palabras de García Ponce: “El erotismo y sus polos inevitables, amor y odio, han contaminado desde siempre la pintura con su impureza vital y sus laberintos psicológicos”.

Sergio Astorga


domingo, 20 de septiembre de 2015

Vendaval


Bajando por la Pena Ventosa (monte de los vendavales) los siglos se juntan para desembocar al río. 
Se dilatan las antenas buscando el oro o al cristal que lo refleja.

Fotografía: Rua da Pena Ventosa. Porto, Portugal

sábado, 19 de septiembre de 2015

El señor del Castillo


No voy a decir, por ser de alta obviedad, la solidez de su origen, que le dio la voluntad férrea de la cerrazón. Tiene cuatro entradas como la mayoría de sus antepasados asentados en villas y valles de las fértiles tierras medievales de la península. El señor del Castillo es de buen linaje, hijo de algo, de lo que ya no se tiene memoria, a pesar suyo. Es necesario explicar esas cuatro entradas. La primera al norte, por donde todas la noticias entran y se filtran en el cedazo de los preconceptos familiares. La segunda entrada se encuentra al pie de una pequeña atalaya que mira al oeste. Por ella entran las mercaderías para abastecer necesidades. La tercera entrada, al sur, tiene una pequeña escultura, en un nicho de piedra, con la imagen de San Eusebio. En la cuarta y última, ubicada al este, tiene una arcada labrada con la heráldica de su estirpe. 
Es común que cada vida se construya de acuerdo a su condición y talento, por eso, es de lógica que tengamos en el diseño constructivo de nuestra morada el trato de los desechos. El derrumbe del Señor del Castillo se debió a que las malas aguas comenzaron a reblandecer sus cimientos. Los desagües deben ser considerados prioridad si queremos que nuestro aposento en tierra firme tenga longevidad. Cuando se dio cuenta ya era tarde. Cambiar de apellido, imposible. Reconstruir, escarnece. Así que el señor del Castillo quedó confundido entre la yerba como una ruina, reposando su impostura.

jueves, 17 de septiembre de 2015

El palomo


Es tanta su confianza en el vuelo que aveces guarda sus alas para mejores aires.
Sin embargo, la añoranza lo esta abrasando. 

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Instante prematuro


La vida de las cosas: cielo y abismo. El minúsculo universo de tan grandilocuente encalla en silla. En los cestos de mimbre platos de barro de comida futura esperan y colgados como soles, en la pared blanca, losa redonda colorida. 
Sin desviar los ojos, llegamos siempre a la conclusión de que todo palpita a su debido tiempo.

Fotografía: Una calle en Montaraz, Portugal.

martes, 15 de septiembre de 2015

La sombra de la hoja se columpiaba por la noche


La sombra de la hoja se columpiaba por la noche. Caía a la par de la luna hasta fundirse en el caparazón de tu pecho. Emblemática y subterránea donde se extrae el humeante sexo del paraíso. Las preguntas son el tegumento de infinitos laberintos de tus muslos. Errante, gravito para sentir la entraña errante. El rocío ascendía a las copas de la frente y un derrumbo de claroscuros las tiznó de rojo. Parece que apresurar el paso no sirve de nada, es como dejar que el encaje se olvide del hilo del que fue hecho. Sé que es un teatro, donde la batalla nunca se mira en escena. Ordenar las convergencias, apretar los labios y coincidir en un minuto específico, en ese instante en donde se juntan las noches anteriores y esos moteados recuerdos que recuperan esa masa informe de olvidos. La ceremonia siempre arrastra sus sílabas. Cristaliza la luz y clava una dureza en medio del pecho. Cuando parece que aglomeradas las sílabas hacen palabra, siempre hay un nabo que desentona y una musiquilla giratoria aparece y desaparece. Parecen abejas giratorias que buscan y rebuscan una miel que no se encuentra. Esa musiquilla, sin tregua, soltaba las tuercas de la noche y agazapados los temores se esforzaban en los rincones. Resistentes, trepaban uno sobre otro como esos monos que brincan de rama a rama. La transición de la imagen era como un llamado inaudible, como ese triángulo isósceles con los lados dentados.  Como si una pezuña pisara la noche, una oblicua sensación de espanto envolvía la cara con ese sudor que te bajaba detrás de las orejas y llega hasta las rodillas. La danza del amor entonces fue imposible.  Si no se tiene la llave uno sólo corre por corredores que nunca llegan al territorio del santo grial. Decapitados, el eros y el tánatos socarrones, saben que mañana volverán como calamares en la marea alta. En su tinta, la noche husmea sus confines.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Cuchicheo


En el mirador, coqueta, cubriendo sus encantos, la sombrilla se acerca a la bombilla de luz para despertar el sí, en el oído de la mañana.

Fotografía: Por alguma Rua de Porto, Portugal.

domingo, 13 de septiembre de 2015

La animalidad de Benjamín


Su amor era animal no cabe la menor duda. Desde niño mostraba su fascinación por el susurro de la abeja, que tenía por miles en un frasco. La parpa del pato lo dejaba tan entusiasmado como si escuchara una sonatina de Scarlatti. Culto para los sonidos, podía distinguir el más leve tono, agudos o graves para el Señor Benjamin, eran lo que se dice, pan comido.
Recuerdo que un verano a la llegada de la golondrinas, me decía: “Escucha con atención como trisan”. Esta por demás decir que pronto entró a trabajar al Zoológico de la Ciudad.
Sabía distinguir cuando barrita el elefante si era por enfado o por estar barruntando un pasado de libertad. En su oficina dos gatos, Benjamín chico y Benjamón, uno siamés y otro atigrado, le maullaban celosamente cuando Benjamín, salía presuroso al escuchar a la pantera humplar.
Nadie podría imaginar que una tarde noche, ya cerrado el Zoológico, escuchó el silbido de la serpiente, inquietos los pavos gluteaban como advirtiéndole de la desgracia. La gran duda es porqué no hizo caso de las alertas. Graznidos, chillidos, balidos, gruñidos y hasta rugidos no fueron suficientes para que Benjamín no entrara el serpentario. La boa en ayuno, comenzó amorosamente a devorarlo.
Si ustedes visitan el Zoológico, existe una placa conmemorativa dando cuenta del suceso. Procuren guardar silencio, la digestión va a la mitad del proceso y existe la esperanza que lo regurgiten por incompatibilidad de caracteres.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Ante el ojo


El paisaje anida desde las alturas avistando que hay montes construidos que aspiran civilidad. Entre tanto, el ojo se entretiene limando las fronteras del encuadre. 

Fotografía: Dede o Terreiro da Sé. Porto, Portugal.

viernes, 11 de septiembre de 2015

El dante


Así, como la insolencia de rimar bistec con Chapultepec o sentirse Tyrone Powell en horas de apremio, el señor Dante, vivió por los rumbos de la colonia Clavería, entre las calles del Cairo y Texcoco. 
Memorizó todos los ríos del mundo y coleccionó miles de cromos de actores y actrices de la Época dorada de Hollywood. Sin embargo, era monótono  y salobre. Llegó a la Universidad para estudiar Medicina, pero la abandonó por su afición incontrolable a los cigarrillos sin filtro y a esa dialéctica que pregona: los feos son geniales.
Insoportable, El Dante, como empezó a ser conocido, rondaba los mercados vendiendo ropa, con una caterva retórica que pronto lo llevó a ser líder del gremio de los vendedores de segunda mano.

Lo que realmente molesta, un infierno, es esa escultura en medio del parque que ayer fue inaugurada.  Una insolencia de toga y de birrete.