jueves, 24 de enero de 2019

El elefante y la manzana



Un elefante se balanceaba por el jardín cuando se encontró con un una manzana entre la yerba. Con su trompa mano inspeccionó el fruto, porque sabía que era un fruto, que para eso tenía memoria. Si me la como pensó, ya no sería muy honesto, tendría que saber si tiene dueño. Aunque era paquidermo, piel dura, tenía una conciencia milenaria. Desde la última glaciación un prurito territorial le afligía. Olisquea, merodea. Su ayuno tropezaba por primera vez con la indecisión. Si fuera hombre, retaría, conozco la historia, pero yo, un monumental herbívoro, no puedo darme el lujo de romper la cadena cultural.
Esto es horrendo, se quejaba balanceando su orgullo majestuoso. Yo no sé en este caso como consolar y para abreviar me comí la manzana que por algo soy omnívoro facultativo.

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