miércoles, 8 de mayo de 2024

La alcancía

 


Chavelita entró a la iglesia como si el alma se le fuera entre los ojos. Miró a su alrededor y al darse cuenta que estaba sola fue a la capilla de Santa Eduviges. Sacó de su bolso un desarmador y comenzó agrandar la ranura de la alcancía. Movía los labios y miraba a la Santa buscando perdón. Sin darse cuenta el capellán se acercó, sin decir palabra vertió en su bolso todo el contenido de monedas. Ella lo miró agradecida. El milagro estaba hecho, pensó.

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