lunes, 12 de mayo de 2014

Presagio


Su cuerpo era de cerámica como esas tazas anchas para el chocolate caliente, que ha pesar de su solidez, el vaticinio de una delicadeza que detendría la respiración con tan con sólo mirarla le hechizaba. 
Los ojos resbalan, era inevitable, por todo el contorno de sus anchas caderas. Felipe, se siente bien, cerraba los ojos y doblaba las esquinas de su voz tratando de encontrar las palabras para decirle eso, lo que cada semana se le atoraba. Ella lo sabía y disimulaba.
Cuando se casaron, los celos poco a poco fueron quebrando el aroma y cortando la leche que los unía.
Se siguen mirando pero, ahora lo hacen con saña.
Para ser sinceros todos sabíamos que terminarían así. No siempre las carnes pueden convivir sin trascenderse. 
Sergio astorga Cerámica

1 comentario:

Alicia Uriarte dijo...

Sergio, alguien dijo que en los celos hay más amor propio que amor. Así les fue.

Un abrazo.