miércoles, 17 de septiembre de 2014

Distancia en suspenso


Desde lo alto del barrio de Alfama el ojos trastabilla al romperse el horizonte. Todo queda colgante como si algunas amarras imaginarias y tristes pudieran detener la imagen. En lo alto se afianza la visión de un estrecho territorio. Si damos un paso a la izquierda o la la derecha, puede quedar descompuesta o perdida para siempre ese gajo de realidad visual. 
El río Tajo sostiene un barco como si fuera un cetáceo grande y quieto.
Medrosos y lejanos los recuerdos vuelan con ágiles alas en un bochorno que dilata la historia de un barrio, que entre sus callejuelas comprende, que el mundo se fracciona en una íntima vocación de mirar hacia dentro.

El aire finge moverse al compás de un fado:

Coração que vives triste
Vive alegre se puderes
Olha que por andares triste
Não alcanças o que queres

Hay lugares donde la melancolía no tiene equivoco. El espacio serpentea, sube, baja, se decanta; no hay espacio para la visión de panorama. 
La estancia es corta, el tránsito se congela. No hay desgaste y taciturna, la pupila sucumbe de tanta espera.

Fotografía. algún recinto en el Barrio de Alfama, Lisboa Portugal

martes, 16 de septiembre de 2014

Astorieta


En la declaración de principios se puede leer: 

*Una Astorieta es el juego de lo que no es, pero en un juego de palabras empujan a la línea a separarse de los cuerpos.

*La Astorieta desplaza la utilidad de las cosas y es la interrogación la respuesta que se observa.

* Toda Astorieta es un dibujo que medita.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Diálogo en palacio


En un parpadeo vimos como la luz se abría paso entre los siglos. La piedra se entretiene lijando los contornos, dejando que nuestros labios secos sigan buscando la respuesta. 

¿La respuesta a qué? Preguntas.


Son velocidades distintas. Te digo, me digo. Tu buscas echar uñas a todo lo que ves y yo sólo ando boqu
eando, dando vueltas en mi propio eje.

Hay un dialogo recurrente en estos ocres  o en esos grises. Hay una partitura de signos que se dilata como esa ligadura entre la blanca y la corchea. También el silencio es tenso y la respiración aprende a estar quieta.


Tus discurso no tienen sentido, concluyes.


No puedo rebatir, mas puedo decir que las columnas juegan a sostener el cuerpo de la piedra y las esquinas se rellenan de sombras o de luz. 

El trazado del mundo, tal vez, comience cuando inventamos lo que nunca vimos.

Fotografía: Paço (Palacio) dos Duques de Bragança (Guimarães) Portugal.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Astorieta


La Astorieta, es una vieja mueca de infancia interrumpida. Un furtivo viaje paternal y una turbia fiesta que huye por las ventanas abiertas.
No es de extrañar que la mala prosa nos confunda con universos viejos y metáforas de académica. Es cierto, el polvo que ha dejado el insecto de los años, mancha la turgencia del recuerdo, por eso la historieta levanta la línea por si acaso.
La Astorieta, al fin de cuentas, es una dicha de tembloroso espejo.

Última historieta publicada en la Revista Monolito en su número 13

jueves, 11 de septiembre de 2014

Benita Abreu


La mañana apretadita a su cintura, así le gustaba, no la mañana amplia, desbordante, esa que no cabía en sus hábitos de cobre. El día que no empezaba con un buen talle no valía la pena de ser vivido. Efímera, como el fondo de una botella de buen vino, era su gusto matutino. Era tónica su voz, eso no se puede negar y con tempraneros cantos de bolero o alguna aria aprendida, cuando niña con las monjas Clarisas, daban el contrapunto ideal de su carácter. Hay que decir que desde ese tiempo, su catequismo era un espectro de culpas y sensualidades que se mostraban en el uso de grandes y entalladas faldas que le llegaban hasta el huesito.
Mariposas de sangre, hinchadas, llevaba en su pecho. Siempre el preludio del nido estuvo en su consciencia y los denuedos de sus labios se apretaban hasta balbucir el cuarteto de su *Nervo,  obteniendo un viático de calma. Su vida se extendía como una ala de su sombrero, creando una bahía refinada de arenas doradas y inexpugnables castillos deshabitados. Nunca su traje halló fatiga; incorruptible, estaba atento a repasar cada una de sus lineas. El mundo de Benita Abreu contenía un sólo hemisferio, y eso tenia su encanto. Su fortuna era simple, mullida, como si en sus ojos no cupiera el disturbio, ese que todos conocemos si somos febriles. 

El prodigio era mirarla pasar como una centella pálida. Uno se imagina un volcán en llamas que en cualquier momento calcinaría los fantasmas y una lascivia, vuelta piedra, envolvería su cuello. 
En secreto, el escrúpulo de su encanto, nos deja la tentativa mortal de proferir algún saludo, aunque sepamos que lo que bien se mira nunca se aproxima.


*Amado Nervo, poeta mexicano.
 Exhalación (soneto)
"Cayó la tarde y el taimado anhelo
que noche a noche la extensión explora,
busca en vano la estrella donde mora
mi luminoso espíritu gemelo".

Sergio Astorga Mixta/papel

martes, 9 de septiembre de 2014

Estación Oriente


No sabemos bien a bien si subimos o bajamos a las catacumbas modernas. El concreto arma las penumbras para que la prisa de la llegada o la partida sean un trance decoroso. 
Una estación es eso: el lugar de la ilusión o del naufragio. Un transitar de frases interrumpidas por la súbita excitación del misterio de un presente, porque un adiós o una bienvenida palpita siempre; sensación que se niega a envejecer.  
Los gestos se convierten en besos contenidos y los abrazos se llevan en los pañuelos en blanco olvidados en el dormitorio.
Atrás quedó el olor a sal de los destinos y sólo miramos lo indefinido de la espera y clásicamente estiramos el cuello y un tenso sudor nerviosamente nos recorre la frente. Pensamos que tomar un cafe podría mitigar la distancia que nos espera, enfundados en esa soledad de piedra. Nos crece una hierba amarillenta semejante al amanecer de todos los días. Ignoramos el porqué se dilatan las horas y provocan que las imágenes, las de mayor grado de melancolía, se esparzan como ceniza a nuestro paso. El claroscuro entra en nosotros y el sentido de viaje nos deja las nauseas del que gira y gira en el andén buscando  a esa persona que fuimos antes de sentir que partimos. Construimos nuestros puertos interiores. Sacamos al otro que será bienvenido en algún lugar.  Arribar, es nuestra ancestral 
ansiedad de paraíso. Nuestros nervios se aprietan en un sólo pecho y entonces somos una cuerda elástica que teje la red salvadora. Cuando partimos y llegamos a los lugares siempre somos extranjeros. Somos distancia contenida y el tiempo pierde peso para sentir que en un periodo corto podemos pisar diferentes puntos cardinales.
Nunca quedamos curtidos, aunque sepamos el nombre de la llegada o la partida.

- ¿A dónde vamos, preguntas?

Cómo poder decir la distancia que siento. El paladar es una grieta de aventura  cada vez que subo o bajo una escalera. Me amarro a la lejanía como a un madero y las latitudes y altitudes me cantan canciones de viajes. No importa el boleto en mano.

- ¿Cuándo llegamos, intrigas?

Se me confunden los destinos y no me atrevo a decir que el apogeo del viaje es estar flotando en el no tiempo. Recorrer, sin pensar en llegar, es lo que tengo en mente, pero no quiero estrangular la certidumbre de tocar la otra orilla.

Cuando  entramos a estas catacumbas modernas, un panteísmo transborda el sentido útil  y un desprecio a la quietud nos nace como otra carnalidad que nos devora. Lúbricos,  nos aferramos al pañuelo olvidado, algo se rompe en nosotros y la velocidad hace vacío, para que el grito amigo nos penetre: buen viaje. ¡Que tengas buen viaje!

Fotografía; Estación Oriente, Lisboa, Portugal

lunes, 8 de septiembre de 2014

Astorieta


Una Astorieta es como el pan cocido en horno de leña. Se dora lentamente como los viernes después del beso. En su confrontación de mundos se confunden las sepulturas. Uno vive en el otro y el otro se mofa del otro. 

Todos saben que la línea describe, pero aveces un aire metafísico se quema en el mismo horno del pan y la línea se deslinda para que el dialogo deje sus violentas palabras que repulsan la realidad. EL desnudo siempre nos debe los blasones que se perdieron en las repúblicas.

Una Astorieta es altiva, tiene una cintura estrecha y la voluntad del códice. No si si algún tlacuilo sobreviviente quiera fraguar otro tezontle en la obsidiana del día. Por lo pronto, el baile es un disfraz que se quiebra según la pista del danzante.

Astorieta publicada en la Revista Monolito

sábado, 6 de septiembre de 2014

No es de fiar


En la tienda de enfrente de casa, José Ribeiro, dueño del Bom fin, una tienda de múltiples contenidos: desde el dobladillo para el mantón de la santa hasta una buena pala para el jardín, ha sido referencia inequívoca de la temperatura económica del barrio y si me apuran, de la ciudad. 
Don Ribeiro no se distingue por su dócil carácter. Viudo por segunda vez - dicen que tiene la mano pesada- de un tipo hablantín y coqueto, pasó a un cascarrabias mal hallado. Dueño de su fortuna no le incomodó que fuera perdiendo clientela. Primero fue perdiendo, de muerte natural, a todas las abuelas que poblaban las casas vecinas de una calle larga, tortuosa y empedrada. Ellas, marchantes del Bom fin, entraban a la tienda en compañía de sus nueras. Ahora, liberadas del yugo matriarcal, prefieren asumir sus funciones de mando y hacen sus compras en los grandes centros comerciales a las afueras de la ciudad. No obstante, cuando andan cortas de dinero van con don José a guiñarle el ojo para conseguir ya un kilo de arroz, ya el detergente para la ropa, ya la blusa estampada con flores verdes para no dejar de estrenar los fines de semana.
José Ribeiro se dejaba seducir hasta que un día la Margarida Sousa le colmo el ansia.

-Don José, me puede dar dos metros de esa tela azul. Es para el uniforme de mis sobrinos ¿sabe? están por entrar a la escuela.
- Margarida, después de todo lo que te he dado, me puedes decir José Ribeiro y punto.
- Don José, ¿y que hago con el respeto que le guardo?
- Te lo guardas. Bien sabes que podrías estar de este lado, tú y a los que llamas sobrinos. 
- Don José, yo no le he dado motivos para…
- Te los he dado yo. Un día me dices que si y otro que no. Te resuelves o aquí paramos y no hay mas tienda.
- Es usted un pesado Don José…

Margarida, contrariada y con las manos vacías, a mitad de la calle se topó literalmente con Rita.
- Margarida, que te pasa, mírate esa cara.
- Estoy fúrica. Ese José Ribeiro es un fresco. ¡Insinuarse así!.
- ¿A ti también?
- A ti casi te mantiene, Rita, pero a mí, que sólo le pido unas cuantas cositas.
- Hay que decirle a la Inés. José Ribeiro ya no es de fiar.

Fotografía: montra (escaparate) en la ciudad de Braga, Portugal.

viernes, 5 de septiembre de 2014

La gota caída


Sentenciada a no tener escapatoria. Trataba de buscar una salida. Recordó que el instante se puede prolongar si encuentra el agujero cierto. Adivinaba su decadencia; caer en una red vacía, como un otoño a la intemperie. Descendió fulgurante desgastando su humedad a cada centímetro. Sumergida en la negrura las imágenes quedaban transparentes. El frío metálico la envolvía y cada día una muerte pequeña la roía. 

Por fortuna para los sedientos, resucitaba con ese sabor a centavo, con esa angostura en el paladar del glifo.

Base de fontanario por una rua de Oporto, Portugal.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Astorieta


La Astorieta tiene como punto de enfoque la visión del migrante, esto es, tiene que reconstruir el mundo cada vez que sale a él. No hay certezas, porque habita siempre mundos posibles: del que viene, en el que se encuentra y el que construye.

La Astorieta en su dualidad: palabra-dibujo, llega a atisbar con la destreza propia del sin tierra, que la habilidad no basta para representar las múltiples voces que encuentra, la mayoría de la veces apaciguadas por la rutina.

La Astorieta siempre tiene la gabardina bajo el brazo y una maleta de mano con el abecedario y las tintas suficientes por si tiene que volver a migrar de visión.

Astorieta publicada en la Revista Monolito en su cabalístico numero 13

sábado, 30 de agosto de 2014

Astorieta


Una Astorieta también recuerda a Monterroso como el ariete de una larga historia de brevedades, porque como bien sabemos la brevedad no quita lo valiente.
Es cierto, una Astorieta de manera instintiva recuerda su animalidad: el gran cocodrilo Huerta, el dinosaurio Tito y el bestiario de Arreola.
El olvido tiene rasgos de animalidad y se olvidaba de Max y de la Colina. Subsanado el porrazo, suspiro, porque en casa de la Astorieta el que no dice no resbala. 

La Astorieta que tienen delante no está publicada en la Revista Monolito y detenta como característica un dibujo a lo cartoon. Ya que: El que este libre de cartoon que tire la primera línea.

viernes, 29 de agosto de 2014

Citando la fuente


Son temblorosas las gotas caídas de la fuente amparadas por su concha de granito. Se interrumpe la respiración al ver que la caída constante es la charla común del agua. Hay una huella misterioso en ese soliloquio, se parece a ese estar mirando el mundo como si fuera una cadencia. 
Dicen que la dicha es una temblorosa plata, como las gotas que siguen la misma ruta para ser comidas por la piedra.

Es cierto, son prematuros los desgastes. El musgo nos deja una marca callada y húmeda, no importa que tengamos el tedio del que pasa todos los días por la misma escena.

Fotografía Fonte da Rua de Mouzinho da Silveira. Oporto, Portugal

jueves, 28 de agosto de 2014

Astorieta


La Astorieta como la realidad, se ejerce. No va a ninguna parte pero quiere estar vibrando en el pasmo.
Una Astorieta es un chisguete de contemplación. Es la ración de dibujo y palabra indispensable para no decir que el mundo esta terminado.

La Revista Monolito (aquí)también la ha publicado en su número de agosto.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Abertura


La ausencia siempre se llena. No hay vacilación. Aquella ventana vacua, rota en su abandono, le han crecido flores. Al doblar la esquina era inevitable su encuentro. El granito enmarcando cuchicheos de violeta. La ventana ahora cuenta otra historia, el latido floral satura el hueco. 
A las ventanas le salen cosas y no quiero cambiar estas palabras, por las otras, las que dicen que hay que tocar con los nudillos para que alguien conteste.

Fotografía Alguma rua perto de Monte Cativo, Porto, Portugal

martes, 26 de agosto de 2014

Astorieta


La Astorieta es también un atisbo de realidad. Esa que tenemos enfrente o de costado y que pensamos que es la única.
La línea como representación dice que sí, acostumbrada a contornear y, la palabra dice que no, acostumbrada a sonar.
La característica principal de la Astorieta es su dualidad: puede estar cerca o junto; lejos o distante. Es un dilema de mundo habitado, por tanto de matiz.

La siguiente Astorieta también fue publicada en el número XIII página 35 de la Revista Monolito

lunes, 25 de agosto de 2014

El señor bombilla


Luminoso y equilibrista de buenos humores, requiebra a su paso las negruras evidentes de día.
Destella como etílico aroma que seduce y marea. No entiende el porqué las señoras se molestan cuando pasa y no se quita el sombrero por saludo.
¿Acaso no saben que es soberbia malsana excederse en el brillo? 

Fotografía: Farol en la estación de comboios (trenes) Campanha.

sábado, 23 de agosto de 2014

Astorieta


Una Astorieta puede ser monódica, contemplativa en su línea.En algunas circunstancias, todavía en observación, las palabras siguen el perfil de los contornos, en otras, se apoderan del espacio dejando sólo un resquicio para que se cuele la ironía.

La Astorieta que tiene usted delante ha sido publicada en la Revista Monolito en su número XIII


http://issuu.com/juanmireles/docs/monolito_xiii__agosto_



viernes, 22 de agosto de 2014

Andar confuso


Como un islote de óxido la boca del correo permanecía callada. Todos sus habitantes abandonaron la casa por falta de noticias. Una vieja tristeza se atornilló y no hay en todo el vecindario fingimiento de interés por la suerte de María del Rosario.

Su minúsculo universo era llenado por la espera. Espera de trabajo, de revistas; de noticias que aclararan la larga ausencia  del enamorado. Aún recuerda que le dijo, al conjuro de su fina voz,  “no te olvido”.
Primero se fue la prima Teresa. Le siguió su hermana Felipa.  María del Rosario clava los tacones  finos de su zapatos en el suelo. Abre cajones, arregla las fotografias, mete y  saca vestidos del armario. Llena de besos la única fotografía en la que puede distinguirse  el deslavado rostro de Francisco. Él no es de aquí, se decía,  y puede darse a confusión, se consolaba. Tal vez no recuerde que vivo en el segundo andar. El segundo andar es el segundo piso, eso es fácil de recordar hasta para los que no son de aquí. 


Sergio Astorga Fotografía alguna puerta por las rusa de Porto, Portugal. 

jueves, 21 de agosto de 2014

Al calor del verano


Nadie podrá negar que no ventilaba su presente.  Me gusta para Suzana. Ella se enoja o se entretiene limando horizontes. Sale a la baranda para ventilar su cuerpo. Su espíritu, digo.
La observaba siempre en la mañana  cuando caminaba rumbo al trabajo. Su mirada siempre perdida mirando a no sé dónde. Nunca me miró a pesar de abandonar mi trabajo y prácticamente mudarme frente a su calle. 
Ella no se inmutaba por los insultos de las señoras - digo yo- incomodas con tanta independencia  Se sentaba en la baranda y esos azulejos que cubrían su balcón, le daban un aire de alcoba. Me gustaba la Suzana por su cuello largo, sostenido por una nariz estrujadora, indiferente a los malos o buenos olores. Se olía a sí misma con una suficiencia encantadora. 

Un día tuve mi mejor atrevimiento. Crucé la calle y me puse debajo del balcón con la boca abierta a la espera de cuando menos atrapar una gotita del sudor caído de sus muslos.


Sergio Astorga. Fotografía en alguna calle de Porto, Portugal