miércoles, 4 de octubre de 2017

El duende Martín


Como de costumbre, la noche con su luna jineteaba oronda. Las moscas daban vuelta sobre la fruta que en la mesa, esperaba ser servida de desayuno. El pensamiento, como último cuchillo, abría la conjetura de otro mundo. Ese mundo buscaba el duende Martín. Derrotado de la última provincia donde fue expulsado, llegó a estas calles a pie, con la sentencia en el rostro de nunca más hacer pronósticos. Su suerte es compartida con esos rostros anónimos, esas manos rajadas de tanto amasar; ese tiempo antipático con la esperanza. 
Como siempre, hay en algunas calles unos barquitos pintados en la pared con su banderín rojo poblado por siete lunas. Cosas de barrio, le dicen. Ese futuro ilusorio le ha gustado al duende Martín. 
Esta torpe historia puede comprobarse cuando hacemos el simulacro de vivir al día.

martes, 3 de octubre de 2017

Un rollo blanco y negro


Los vi llegar desde el balcón. La esquina se redondeaba y sobre los adoquines la luz se partía en dos sombras. Ella con el cabello rubio y esa blusa negra que tanto le gustaba porque enseñaba los hombros blancos y redondos. Él, con los zapatos puntiagudos; caminaba doblado por el eterno dolor de estómago. Mi cámara no miente, pueden ver cómo la calle estaba desierta en una tarde tibia. Los oí subir la escaleras. Tres pisos que parecían elásticos, alargaban la intención de subir. Cuando tocaron la puerta, me recité unas frases de Cortazar. Abrí la puerta, se abalanzaron para quitarme la cámara. Ahora mismo que reconstruyo la escena, me arrepiento de haberles dado dinero. Sé que es mentira. Él, callado, fingiendo. Ella dijo con desenvoltura que necesitaban un medicamento para el dolor de estómago. Tuve miedo a negarme cuando vi esos ojos, tan desafiantes. Ella sabe que me domina. No he podido tomarle fotografías desde que la conocí hace cuatro meses. Por eso no pueden entender esa mirada y mi sumisión. Hoy tengo el propósito de superar este pavor inexplicable. La calle sigue desierta, igual que aquella tarde. La escena me apasiona.

Fotografía: Por una ventana en Braga, Portugal.

domingo, 1 de octubre de 2017

Octubre


Octubre llega cargado de lunas blancas castañas amarillas y espero que por las hendiduras de tu casa un espíritu de nardo o plata reconstruya la historia que perdiste tal vez en alguna esquina de septiembre. Levantémonos las mangas que la sed de octubre se sacia de mañana.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Dragoneo


Algún dragón acalorado se adueña de la fuente de la ciudad. No obstante, su fuego interior sigue intacto, como aquellas sutiles ideas del jácaro. 

Fotografía: Fuente en Braga, Portugal.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Mucho peso


Mundo abajo, transido bajo el signo de Aries, el duende se consolaba de sus pesares con una canción de amigo:

*Decid vosotras, ay hermanillas,
¿cómo he de atajar mi mal?
Sin el amigo no puedo vivir:
¿adónde he de ir a buscarlo?

Rodaba en esa pendiente triste del desdeño. Sus ojos secos envuelven ese antiguo paraíso de los enamorados. Sus versos nunca llegaron al corazón indicado. A veces la tradición acorrala, como un tercero estorboso para la prisa. Por eso su gesto lleva la carga de la esperanza ajena. De nada le ha servido tener buena voz si el soplo amoroso se vuelve resaca. Quiere mudar de oficio, ser un burócrata espeso, y no este espectáculo doliente de cantar inútilmente.
El joven duende no sabe aún como se comporta el mundo. El mundo que explicó Newton todavía tiene mucho peso.


*Jarcha de Yehuda Halevi

jueves, 28 de septiembre de 2017

Un vigor sin cuerpo


Un vigor sin cuerpo
la desmemoria de llegar a tu puerta. 
Encontrarla cerrada y no hallar las llaves. 
Una hilera de anchos recuerdos 
revientan todos juntos. 
Se acumulan en la mano
como si fueran de plastilina.
Modelan esos pómulos,
ese deseo de tocar. 
El ojo de la cerradura 
tiene la garganta oscura 
introducen los latidos líquidos de tu sexo. 
Claveles ya sordos en la memoria. 
Encontrarse en la calle 
queriendo nacer en otra calle, 
en otro orgullo, en otro misterio. 
¿Cuál es la necesidad de este reposo?          

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Tres soles


El Señor de los tres soles heredó las alas de Hermes y la fragilidad de las mariposas. Tiene orejas grandes que atraen todas las voces, lo que le provoca dolores de cabeza que mitiga con su sombrero de hojas de laurel. Sus rostro normal es inerme a los exabruptos de algunos ángeles que presumen alas mejor dispuestas. 
Con aire pavonado sus tres soles se sostienen gracias al cuerpo flexible de serpiente. El primer sol tiene frases cortas, de lógica severa, ilumina la ausencia de principios. La segunda cabeza levanta un grito al cielo desafiando los principios romos del Universo. La tercera tiene la virtud de la carcajada. Nada es tan grave para detener la sonoridad de su insolencia.
Feliz, en su sustancia, el Señor de los tres soles, estos últimos días anda incomodo. Suplicante, pide la experiencia de un buen zapatero que pueda ser indiferente al vocerío de los soles y pueda ejercer su sabio oficio, y mudar las suelas de los zapatos, que en un aterrizaje forzoso, la bota del pie derecho perdió su tacón y el otro, ya gastado, impiden ejercer su única presunción: aterrizar sin contratiempos.
Si ustedes, tienen conocimiento de un zapatero que sepa de Mitología, por favor entren en contacto en la Avenida Heliopolis número 34, Col. Clavería. El último, quizo modernizar los botines, tratando que quitar las alas y ponerle estoperoles. ¿Se imaginan?

martes, 26 de septiembre de 2017

Quincuagésima cuarta columna


Algunas columnas se parean para sostener un frontón de dos aguas donde se desliza la luz. Curioso que un arco de medio punto tenga en su dovela central todo el apoyo de la escena. Por fortuna la puerta se mantiene cerrada para estancar la mirada.

Fotografía: Capela Carlos Alberto, Pálcio de Cristal. Porto, Portugal.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Esmerada cabeza


Dueño de los caminos naturales porque los días se quiebran rápido, él prepara, agudo, un espacio menos frágil que la tierra. Su reloj es puntual, como esas caras que se asoman de vez en cuando, en torno a la luz neón de los escaparates, apuntan el precio de las camisas y siguen calle arriba haciendo cuentas mentales para ver si les alcanza. Así es el reloj, para algunos, no alcanza a dar la vuelta completa y se queda detenido en un hecho de emoción o de pensamiento. Él, por eso tiene la cabeza de escarabajo para poder andar entre las cacerolas cotidianas. Bebe whisky y cacahuates, empaña los espejos y tiene la flexibilidad de los bailarines. Héroe de sí mismo, desprecia la opulencia y, busca en los diccionarios la palabra que defina ese afán de meterse en las rendijas y aguardar a que pasen los gendarmes disfrazados con corbatas azules. 
Está inquieto, le han llegado noticias, que en enjambres furiosos, miles de monedas aplastan los humildes deseos de comprar una camisa. Tanta lágrima lo tiene húmedo y comienza a comprar telas para hacer camisas gruesas para el frío, porque sabe muy bien que los días se quiebran rápido.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Agua en horas


Hay memoria de agua en el cuchicheo de las aguadoras. Suspensas en sus ánforas de bronce comenzaron a verter agua, ebrias de charlar todo el día. Su voluntad se une al coro de los labios sedientos de otros tiempos potables. Ya desfallecieron aquellos que llegaban con su extendido brazo con el vaso vacío.
Ahora, ignorada toda esa historia, las aguadoras por las tardes, a fuerza de costumbre, confidentes, esconden, sin esfuerzo, el mapa de la acequia donde las alma se juntan y refrescan. 
Así es de sentimental, a veces, el obturador en una mano.

Fotografía: fuente Palacio de Cristal, Porto, Portugal.

sábado, 23 de septiembre de 2017

De última hora


Se le cayó el truco al salir de la caja. No tiene la pericia del Santo Oficio. Ni la mano larga de las cámaras alta y baja. La desgracia de su gracia sucumbió al primer intento. La sonrisa y la violencia se mira en el rostro. La feria tiene luz de dispensario. Los niños lo miran y se apiadan, tanto es su desánimo. 
¿Qué salió mal? se pregunta.
La gente ha despertado le gritan. No le valió ir con el cura, ni con el alcalde. Ha caído en desgracia. Su truco ya no funciona. Otro, en la sombra, ensaya nuevas maniobras que seduzcan.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Verticalidad


Mantener la rectitud o la vertical es uno de los principios que el otoño atesora. Los pechos colorados, los que saben del paso de lo días, lo saben. ¿Habrá que buscarlos? No a los días. A los pechos. Hagamos el esfuerzo aunque nos ardan los ojos. La verticalidad es una aspiración. Una altura que emociona.

Fotografía: Vímara Peres e Torre dos Clérigos, Porto, Portugal.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Cabezas hambrientas


El hombre de las cuatro cabezas tiene los intestinos de fuera, un cinturón de serpiente y una espada. Hambriento, mordisquea rutinariamente hierbas e insectos. La serpiente la usa como escudo para apartar a todos los curiosos que quieren tomarse fotografías.
De una a cabeza a otra circulan múltiples historias. Cada una nació en diferente tiempo y país, por eso la cabeza uno, la que tiene la visión del mundo izquierdo, habla de cosmovisiones que contrasta con el materialismo de la cabeza de la derecha nacida en tiempos modernos. Sus desavenencias se logran ver en sus gestos y cada una, inamovible, se aferran a sus principios, por fortuna, cada una aprendió una lengua común (el español) y aunque cada una tiene sus lengua inicial, griego e inglés, respectivamente, se comunican con relativa civilidad.
Las dos de en medio, llenas de remordimientos, son políglotas. Viven tristes, ellas quieren comer carne y frutas como la serpiente. Tanta fue su desesperación que a una de ella le salió una cabeza al lado, le creció como un brote de incontinencia, ahora no deja de anunciar, con polifónica voz, la filosofía dual de la existencia. 
El hombre de las cuatro cabezas, acaricia en sueños la esperanza de encontrar pareja, en este tema ellas están de acuerdo y con esta idea comunitaria recorre mitologías con ilusión y celo. 
La espada la usará para evitar la piara. Único destino cierto de los hombres que tienen más de dos cabezas.

martes, 19 de septiembre de 2017

Equipaje de mano


Aquél muro no deja de mostrar el peso del nosotros. Atormentada por lo que se aleja con el tiempo, te digo, con la vocación que conoces, este derrame de agua; esta profundidad de la valijas; esos cabellos que te has cortado; entonces esa exploración de los antiguos caminos, sin brújula, confiando en las imágenes que salían en esas ausencias. Esas yerbas que mordías con los pies descalzos; el vuelo de los últimos tramos de la mañana. Sabes que tu cuerpo tiene esos signos irrepetibles, difusos. Esos umbrales que iluminabas cuando habrías las puertas. ¿Sabes de tus apariciones?. Cruje en la penumbra tu presencia y esos ademanes tan tuyos humedecen esas cavidades de mi espacio. ¿Te acuerdas de la muñeca de trapo? Sigue en el ropero como virgen inmaculada en el olvido. El azul que te gusta sigue equilibrando el abismo. El temblor de tus labios, las indecisiones. Saliste a explorar del mundo y te orientas con lo que sabes, con ese equipaje de luz; los niños jugando, tus amigos, intercambiando chabacanos de colores mientras brincabas en el patio. ¿Recuerdas ese pájaro que se golpeó en la ventana? Ha vuelto, o así parece, porque es tan bello como aquél, el que querías llevar a tu cuarto. No me consuela verte crecer. Esa obcecación por crecer. Mis palabras no te detienen. Creces con otras vestiduras. Te has salido de cauce. Sigues creciendo y yo sigo como madre anclada en las imágenes, sentada a la puerta dejando la brisa entrar en mi pecho, mordiendo la ausencia. ¿Estaré equivocada? Sigo zurciendo tu vestido verde de festival. Ya no crezcas, que los pasillos se reducen en esta angustia, en esta obsesión de verte niña.

lunes, 18 de septiembre de 2017

El Señor Bartlett


La felicidad ajena no lo corrompe, el Señor Bartlett, lleva en su barriga la dulce forma de su dicha. Lujurioso, su dulzura lo desborda. Su guardarropa gira en la espiral vegetal. Camina ingrávido por las calles y en su cerebro gira la idea de ser un testículo verde de sereno dialecto, cargado de vitaminas y en armónica danza. Sale ileso de la fatal mordida que le asecha y lo sabe, cuando siente cómo lo miran con la avidez del frutícola. Con un guiño los deja embelesados en ese óvalo perfecto y silencioso se marcha sonriente. La belleza esta en mi vientre, presume.
Ingenuo, como todos los dichosos, No sabe que toda estética tiene su trinche creciendo en el crepúsculo.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Un par de ojos


Las cicatrices de un ciudad dejan ver el zumbido de las vidas pasadas. El vacío de un resplandor. No entrar es el signo que aparece y no desenterrar ese palpitar arruinado. Nuestros cuerpos huyen de esos otros cuerpos que habitaron recámaras y balcones. En el tránsito de una calle a otra ya no sabemos qué nos espera a la vuelta de la esquina. Un monumento o, la fría sensación del caminante que sólo habita con sus ojos, nunca con su cuerpo los espacios. 
Siempre hay un puente de tiempo, un círculo, que nos une lacónicos, a los habitantes de las otras casas fracasadas. Como ventrílocuos reproducimos sus sonidos sin cansancio.

Fotografía: pelas ruas do Porto, Portugal.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Mnemósine


El aliento tiene el mismo idioma, nutritivo, procreador. En lo más callado de las huellas de los dedos tengo los retazos de la luz que se filtra por la cortina de la hierba, la caricia de esa voz que no deja de olvidarme. Alguien me dijo que eras un libro. Entonces, letra a letra te fui llenando de palabras agridulces que se concentren en darte forma. Todos los que han escrito de memoria siguen desnudos y tienen frío. Siempre en la orilla de un cuerpo crepitan los abrazos y el incendio nunca cubre del todo la ceniza. La claridad, es esa imagen repetida, deslucida, de tanto tallarla. El aliento es esa voz que se ignora para seguir buscando otras palabras. Queda el aire llenando los pulmones y ese fulgor de construir esa voz que tal vez me nombre.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Punto de encuentro


Un signo en otro signo tiene la gracia de la confusión, del no estilo, del caos mental que una ciudad que se camina conlleva. El arte colectivo y anónimo no tiene patrones, sigue el impulso de violentar el espacio; su función última es contradecir y fincar un espacio emocional citadino. Si lo llevas a una galería o a un museo, lo corrompes. Los valores, como en la calle: transitan.

Fotografía: por las ruas do Porto, Portugal.

jueves, 14 de septiembre de 2017

El Duende del Sombrero Rojo


Era una vez. No. Eran dos veces que el Duende del Sombreo Rojo perdía el encanto de subir por las escaleras y llegar a la nube de su casa. Olvidó sus llaves, las dejó sobre la mesa del salón del curso de primeros auxilios para duendes que tomaba en el extremo oriente de la ciudad, en el muy celebrado barrio de los Encantados. La primera vez se quedó dormido en una banca del mismo salón, tal era su cansancio que nunca supo el destino de sus llaves. Tuvo que ir al cerrajero, un duende de chapeo amarillo, de mal talante y peor aliento que le cobró cincuenta monedas de cobre. 
El Duende del Sombrero Rojo, no es mal duende, pero es decente, y no hace travesuras que puedan lastimar el orgullo de sus víctimas. Fue tanta la presión de su barrio que un día sofocó hasta la agonía a una señora que regaba sus crisantemos todas las mañanas. Por eso decidió tomar el curso de primeros auxilios. En buena verdad, el único auxilio que le ha interesado del curso, es aquél que cambia la página de lectura, así que cuando un lector abre el libro, tiene que recomenzar de nuevo porque no reconoce la página que lee. Le encante mirar la cara de azoro del lector, sobre todo la de los primerizos que se enojan y se insultan así mismos por no tener método cierto de lectura ni cabeza para el recuerdo. Los lectores avezados, al contrario, se divierten, porque inventan las páginas perdidas y ayudan al autor del libro, sobre todo a los aburridos, para componerles la página.
Si estas detenido en tus lecturas espero que tengas la suerte de que el Duende del Sombrero Rojo no pierda sus llaves y pueda visitarte a tiempo.