Alza su frente para que la fiebre se escape. Los reflejos acuchillan su cuerpo. De su ojo derecho un enjambre de lágrimas baja por su mejilla. El tiempo no pasa, arde, se consume, pero no pasa. En la calle los ladridos metálicos lo orientan, sabe que es su calle, que es su cama. Ella llega. La siente. Una mano colérica lo despierta. El tiempo se le abre en dos. Jadea. Un labio vacío lo reconforta.
LA PLAYA DE NINGUNA PARTE
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Cuando muere, Eulalia siente la levedad de un globo el día de la Primera
Comunión. Observa con extrañeza su cuerpo ajado desde la perspectiva de una
tela...
Hace 16 horas.



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