Abstraído en el círculo rojo, Valente Armenta pasó los mejores años de su vida, es decir todos, imaginando esa figura misteriosa. Entrecerraba los ojos como si no pasara nada. Sólo esa ventisca de las caderas de Felipa le entraba por la nariz. La olía venir desde el final de la calle. Valente se imaginaba el balance perfecto de los muslos y esa música volandera entre el escote y el perfume apretando las carnes. Por eso no deja de mirar ese punto rojo. Como si no pasara nada.
BALONCESTO POÉTICO
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No todo consiste en encestar,
sino en asistir para agrandar la canasta.
Muévete,
que no te piten tres segundos
en la nostalgia.
Cógete
a la mano...
Hace 2 días.



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