Del cielo el helio llegó con alma de maderas. En su pecho, un cuarteto suma notas positivas y de la tierra para arriba el diptongo de los silencios de blanca se conmueve. La energía, como florecitas, perfuman el silencio sinfónico del contraste.
Del cielo el helio llegó con alma de maderas. En su pecho, un cuarteto suma notas positivas y de la tierra para arriba el diptongo de los silencios de blanca se conmueve. La energía, como florecitas, perfuman el silencio sinfónico del contraste.
Los que contemplan las calles como rutas afines a sus noches de congoja, así era Conrado. Por años, ando libre, sin mutilaciones verbales. Ser en la calle parte de la mirada de una ciudad.
Admito que hay candidez, pero el mundo sin calles no es mundo, aunque se extravíe.
Conrado no ha vuelto.
Casaron al golpe de la N con la nicotina de testigo y la natalidad como futuro. Nunca negaron sus orígenes, ni notaron su salud mermar. Nina y Nuria, siempre fueron responsables, bajo notario donaron sus pertenencias al naturalista que las trató.
Descansan unidas en el mismo lugar. Nunca aprendieron que el No es una N mayúscula.
La tierra y su arcilla de nuevo se modela en el plato. Seco y mojado se empalma para dar forma. El Sr.Pipeto se modeló bajo influencia del colibrí, cuando le dijo a Pachamama que sería fecundada. Antes que Cihuacóatl, la madre de Queztalcóatl, engendrara, el Sr. Pipeto fue concebido por un sueño primario.
Durante cuatro días, por el mundo conocido, llovió a cántaros. El cachimbo, del Sr. Pipeto, estuvo encendido hasta que una voraz tos acabó con su existencia.
En su homenaje esta cerámica lo conmemora con gratitud.
El gallito dejó su maicillo con unas amigas y se fue a bailar a la granja de Tobias. Mintió su edad y bailó con gallota. La música siguió y siguió. La pista se llenó de gallinetas. Ella giraba con él, enroscándose sus plumas. Los rumores inclementes supusieron lo peor.
Al día siguiente puso un gran huevo. Ella no dudó, pero no buscó a su pareja de baile. Sabía que el desayuno sería suyo. Su amanecer rojo le valió reconocimiento entre el gallinero. Ella, recibió en premio el nombre de Porfiria
Gallito la buscó, sin suerte. Todas las mañanas se escucha el canto desesperado de gallito que ni nombre consiguió.
Se le vino la Z encima. De eso la historia no se ocupa, y sin embargo, ser la última en el silabario le brinda la posibilidad de acelerar que el que llega al último llega con sabiduría. Salvados los escollos se presenta como un zarpazo, mortífera y devastadora como un zorro hambriento. Estaba escrito, créanme, la zarigüeya y Zapopan lo sabían desde antes de la llegada de los zancudos.
Las lágrimas no encuentran el camino del zorzal. Zafio destino.