Un destello en el sillón me postró. Un resquicio frente a mí y como atraído por un gran imán fui devorado. Me hice adulto. Cuando desperté. El muro tenía grafitis que no lograba descifrar. Me levanté con la pupila húmeda. Caminé como un cíclope. Llegue a mi antigua casa. Las paredes pintadas de azul le daban un aspecto de sanidad. Desde entonces, los días son iguales.
422. Animales prosaicos VI
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Infinita Moby Dick Eugenio Mandrini (Argentina) Las islas que en
ocasiones emergen del mar, no son islas, son ballenas agotadas por vastas
persecucione...
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