La blanca piedra y el reloj solar dejan las nubes aborregadas como si el aire hiciera una pausa en afán de cruzar el azar.
La blanca piedra y el reloj solar dejan las nubes aborregadas como si el aire hiciera una pausa en afán de cruzar el azar.
El universo es la suma de puntos de plata. La voz hablada es un ferroeléctrico que proviene de la fecunda cueva. El semblante augusto de septiembre es tan dulce que el litio es una corchea dinámica y el sodio viene de lejos, trashumante.
Ahora el amor es tan coherente que los caminos se curvan de tan graves.
Recorrió sin zapatos de la A a la Z buscándose a sí mismo como quien ha perdido el botón de su camisa de la manga izquierda.
Bajo la axila derecha del cielo, el sol negro espiaba los rayos grises de la mañana. Llovía, se podían ver claramente las huellas de otros animales. Él era un hermoso pastor de cabras. Todas se cayeron al desfiladero. Tanta era la cortina de agua.
Paso a paso llegó a su casa. Con los brazos cruzados sobre el pecho repasó de memoria su rebaño. Sabe que en algún lugar encontrará el rastro, cuando el mirlo cante de nuevo.
Cuando A Jano se le perdieron las llaves de las puertas, el águila le picó el orgullo y el gusano cara de camello le mordió el calcáreo con insistencia.
Todo le ha pasado en agosto. Tiene que esperar hasta enero para conseguir un duplicado.
Grandes filas se agolpan en las puertas, a diestra y siniestra la desesperación es mundial.
La cabeza le mira y él, aún no sabe quién es. Sobre el hombro lleva el libro de nombres y ciudades. Implora y el oído se retuerce. Cambia de diccionario y busca en el libro cartográfico. Se compone el boné.
Reconoce un futuro incierto a pesar de su buena anatomía.
El alma ha dado vuelta muy cerca del chelo. Mi casa es de un verde esqueleto musical altivo. Cuando pensamos lo que significa agosto y miramos nuestra pobreza encendemos la batería, es natural, vivir a compás, entre cientos de instrumentos.
Así comienza un mes, digo.
Si me quieres, será por escrito. Si me quieres, la sintaxis será noche y madrugada por la ventana abierta. La letra será como el calor del salvaje, como la mordida suspirada de las cosas.
Si me quieres, ha de ser de lado a lado. Tendrás que disfrutar del error. Leer a pausas y nunca encabritarte por lo no dicho.
Si me quieres, descubrirás lo no previsto, lo que todavía no es bruñido. La brisa parda mojará las alas quemadas por la resolana.
La escritura es de tinta morada y nunca sabremos si deja el azul por el bermellón.
Si me quieres, el oído se cansará de oír estas palabras y mi cuello dejará la mansa paz del solitario.
Háblanos de los niños, le preguntamos.
El mañana no lo puedes visitar, contestó cogitabundo. La flecha no es del tiempo sino del espacio.
El Profeta miró a todos y nos dijo: las raíces crecen y lo mejor que les puede pasar a los niños es crecer.
Queríamos seguir preguntando. El sol calcinaba y él, bajo la sombra de un higuera, cerró los ojos.
El viento llegó y nos trajo el silencio que tanto nos costaba aceptar.
La generosidad es siempre poca por eso la paz es desconfiada.