viernes, 29 de noviembre de 2013

Mercadería



Antes de migrar al campanario las palomas se detienen en el mercado a retozar con los ángulos de la fruta y la juventud de las lechugas. Estático, el temblor de la mañana se parece a dos pezones ateridos de frío. Crecen las pestañas y la epidermis se vuelve una certeza. No hay razones para agitar el momento y sin prejuicio, el pecho se inflama. Las palomas, amorosas, picotean sus alas esperando que llegue el aire del trigo para bailar con las simientes.

El territorio de la mirada no comprende la paciencia de las palomas, por eso las palabras se adelgazan y solo queda el manojo del instante.


Sergio Astorga fotografía en el interior del Mercado do Bolhão, Porto. Portugal.

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