Alza su frente para que la fiebre se escape. Los reflejos acuchillan su cuerpo. De su ojo derecho un enjambre de lágrimas baja por su mejilla. El tiempo no pasa, arde, se consume, pero no pasa. En la calle los ladridos metálicos lo orientan, sabe que es su calle, que es su cama. Ella llega. La siente. Una mano colérica lo despierta. El tiempo se le abre en dos. Jadea. Un labio vacío lo reconforta.
ESCRIVIVIR, 2026
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Ha sido un gran placer participar este año en el congreso ESCRIVIVIR 26,
con la sistencia de grandísimos escritores de talla internacional y
numeroso p...
Hace 22 horas.



















