lunes, 13 de febrero de 2017

El Sr. Madeiro



Como narcotizado de tanto sueño perdido, el Sr. Madeiro, comía aceitunas negras. Lascivo, guardaba en un cajón los recortes de fotografía de rostros de actrices y actores de teatro. La primera tristeza fue en el segundo acto, cuando de repente, olvidó sus líneas. Hay algo de sensualidad en los ritos del recuerdo. A veces él se mira a la mitad del foro y se sumerge en parlamentos profundos y melancólicos. El insomnio lo deja tierno, lo desgrana y caído de noche se acumula su teatralidad perdida. 
La segunda tristeza llegó mustia, solícita, como heroína del segundo acto. La voz se le fue apagando, nódulos en sus cuerdas vocales le dieron su último papel. Al principio se sintió inválido y no disimulaba su degradante humor. Tiene mérito, no hay que escatimar, no acabar desangrado en la tramoya. La tercera tristeza lo sacó del drama, dos ojos oscuros le dieron ese fúnebre pétalo del enamorado. Fue rápida la escena, pero le sirvió para enjabonarse la sonrisa y el amor propio.
El Sr Madeiro, nació en un tiempo malo, como el de todos, pero encontró en las aceitunas negras el refugio a los desdenes de Ofelia.

domingo, 12 de febrero de 2017

Guía de sombras


Seguir una ruta por las calles de la ciudad es seguir el discurso de una recta. Un sentido que se fuga a una velocidad proporcional al sin sentido. Fluyendo con los otros, boqueando pensamientos planetarios a toda línea.  El tiempo se deforma, entra en crisis, sus infinitas sombras nos muestran el camino. Empujamos al cuerpo a su destino para llegar a la meta aunque se nos separe la mirada de nuestros labios. Escondemos las manos para que la interrogación de la sombra revele su respuesta. Nada se oye, los pasos no se turban, lentos siguen el impulso. Paso que repasa el antiguo grito ahogado de la calle. Se diría que la luz acumula esos silencios, los pulsa y en perspectiva parece que también camina.
Hay una estación al final que nos espera. La lección se aprende si no se pierde el paso anónimo de esta odisea contemporánea.

Fotografía: Rua de Cedofeita, Porto, Portugal.

viernes, 10 de febrero de 2017

Día catorce del séptimo mes



Ese día las aguas se desbordaron de su cauce. Miles de peces, como dice Tablada, “al golpe del oro solar”, encallaron en el puerto. Se les veía mover sus aletas dorsales desesperados, abrían y cerraban sus bocas jalando aire. Dotados de indómita energía bajaron por la calle Marina Alta y dieron vuelta en la calle Almirante Thomas donde se alza la bodega y donde yacen las almejas y calamares envueltos en el frío. Como estela, la sal repasaba el camino desde el puerto a la bodega. Crecía una ola ensangrentada de escamas y branquias. Los pescadores, acostumbrados a los misterios del océano, veían ese desfile de peces moribundos. La tierra, siempre tan inhóspita, los recibía dichosa. 
Esto sucedió el día 14 del séptimo mes cuando se festejaba a Nuestra Señora del Ancla y las gaviotas, siempre hambrientas, se marcharon aterradas a mar abierto.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Cuadragésima segunda columna


A la voz de la columna hay una aspiración ascendente preñando con su influencia el rostro de las urbes.

Fotografía: Rua José Falcão, Porto Portugal.

martes, 7 de febrero de 2017

Mario y su entorno



La primera sorpresa que recibió ese día lo ha dejado dolido. Su nombre no aparecía en la lista. Sabía que todo nombre tiene un rostro pero, si no lo nombraban ¿cómo reconocerían su rostro? Mario es un nombre común, lo sabe, por eso es importante que lo relacionaran con una cara, porque reconocerlo por las manos o por las piernas requiere de un trato, de un reconocimiento mayor. Resolvió preguntar la razón de ese ninguneo. Quizo preguntarle al profesor pero este ya había salido del salón. Repasó las lista pegadas en la pared. No. No aparecía su nombre. Mario es un nombre simple tendría que seguir al de Macario. Contristo se dirigió a la Oficina de aclaraciones. Una larga fila lo esperaba. Tantos nombres sin rostro, pensó, esto si que es una conflagración. Esperó con esa inquietud propia del que no es conocido. Al llegar al frente de la ventanillas una señora muy encopetada alzo la mirada y sin esperar a que preguntara le dijo: 

- Hola, Mario ¿estás bien?
- ¿Cómo sabe mi nombre?
- Con esa cara sólo puedes ser llamado Mario. Yo reconozco el nombre con sólo verlo en su rostro. Cosas del oficio. ¿No te llamas, Mario?
- Si. Por eso vine, en la lista no aparece mi nombre.
- Eso es fácil, si te llamases Juventino o Zigor el problema sería grande para mi, ¿cómo reconocer un rostro con ese nombre? Ya me ha pasado y causé un enorme problema de identidad. Listo, ya está. Ahora tu fotografía y nombre coinciden.
- Gracias. 

Mario, con un semblante reconciliado, fue a la cafetería a tomarse un buen desayuno. No hay nada como recuperar su nombre. se decía. Al llegar al frente del mostrador pidió dos huevos fritos con jamón y un café con leche. El dependiente preguntó si estaba inscrito en la lista, los desayunos se pagaban al inicio del período escolar y Mario había pagado todo el año.

- ¿Estás en la lista? me preguntó.
- ¡Por supuesto! Me llamo, Mario.
- No estas.
- ¿Cómo?
- ¿Cuál es tu apellido?

lunes, 6 de febrero de 2017

Mosaico mar


No todo el mar es de agua. Con la prisa del camino y de hallar puerto, una red de mosaico negro y blanco se expande como marea en un gesto sólido. Peces urbanos, huraños porque no saben contar historias de fabulosas olas,  tienen que conformarse con un sin fin de dura arena. Deambulan, sin espuma que les refresque la vista. Han puesto un barco rabelo que cuando se pisa, esa falsa filigrana ribereña, ata sus tobillos. Buscan algún muelle y una calzada blanca y negra se alarga hasta terminar la calle. Atracar en una esquina y buscar destino en agua verdadera, los enfrenta a la tormenta diaria del navegante citadino. Con la zozobra, desandan y se embarcan de nuevo, con el pecho apretado, para buscar la gloria de jalar los cordeles y confundir el tedio extenso de otros viajes.

Fotografía: Calzada portuguesa, Porto, Portugal.

domingo, 5 de febrero de 2017

El Sr. Euclides


El Sr.Euclides se quedó con el silencio de los labios. En su vía láctea se dejan ver los equiláteros y son paralelos sus recuerdos. Su cóncava mirada construye rectas equidistantes que permiten recorrer caminos de interpretación nunca vistos. De su ancho y su largo, poco se sabe, pero se deduce que le fascinan las mandarinas y los melocotones. De sus ángulos interiores retoma esa fuerza de carácter para enfrentar las dos hipótesis que tiene siempre enfrente. Aunque sabía que todos lo ángulos son rectos, lo mortificaba la distorsión del mundo que percibía. Estimulado al saber que los signos cambian y que lo que dicen a veces no dicen, se pasa la vida a distinta velocidad. Sabe que los catetos no suman su hipotenusa, aunque lo quiera.

viernes, 3 de febrero de 2017

El cartógrafo


El cartógrafo se desvela y lanza un efímero lazo por la ventana abierta. Busca grabar en su memoria la tranquila visión del medio día. Él, vigila el vacío y las venas del río lo dejan en vilo, imantado a esa pureza perenne de los silencios a la deriva. En su mesa están sus mapas como cicatrices sonámbulas de tierra. Por su razón se cuelan las nubes de la tarde y en carne viva, se le pegan las algas de otros mares. Su vida es insular y nada estéril, aunque son flácidas las puntas de sus lápices. En la noche, cuando duerma, sabrá sumergirse en esas aguas que tanto amor le han confortado. Por lo pronto, la brisa lo amarra con ese leve frío en sus orejas.

Fotografía: vista de Ribeira desde Gaia, Porto, Portugal.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Febrero



A trompicones y aullidos de ácidos alientos nos traen a febrero con el corazón abierto. Recelo y fibrilación en nuestras casas. Sin embargo la palabra viene como bálsamo, esencial en su jarrón de horas. Busquemos la afinidad del fruto y con audacia, vibremos.


**Como todos los años por respeto a las personas que adquirieron su calendario, los dos primeros meses pondré sólo la portada. Si quiere adquirir el Calendario, todavía está a tiempo, puede pedirlo.

martes, 31 de enero de 2017

lunes, 30 de enero de 2017

Desenlace


Como versión masculina deja mucho que desear dicen las hembras que lo miran pasar como una lamentable larva que pudo apresurar su crecimiento y así adquirir una cualidad prehistórica. Tiene un residuo de alas disfuncional que le obliga a caminar dando saltitos como fraile peripatético. Le ha salido un cuerno que ostenta en su punta una especie de hongo que le sirve de blasón. No tiene pico, que es lo que habría de esperar. Una especie de vulva carnosa le sirve de boca. A pesar de que es herbívoro, le ha tomado gusto a los anélidos y se le mira devorar detrás de los árboles frutales, largas y jugosas lombrices. A fuerza de verlo, francamente, uno comienza a tener grandeza de alma y le ayuda a escarbar la tierra para facilitarle el sustento. 
Era inofensivo, no sé porqué le tenían tanto recelo. Un día amaneció con espuma en su boca. Debí dejarle entrar a casa mas veces, me digo, al ver su fotografía enmarcada en la pared.

domingo, 29 de enero de 2017

Afrontamiento


Hace algún tiempo escuché a dos lectores decir:

- Tus aforismos no tienen profundidad, son demasiado inmediatos.
- ¿Tú creés?
- Claro, por ejemplo, si tu escribes: “La lectura es la única herramienta del saber” Los dos conceptos son acciones, no herramientas.
- Bueno, es en sentido figurado
- Figúrate. Por eso te digo que son inmediatos, casi un impulso por afianzar un alumbramiento.
- Entonces: "Los actos de lectura derivan en un saber".
- No suena mal, porque incluyes la lectura visual, cinética, auditiva, vamos la física y la mental. No calificas, solo alumbras.
- ¿Tú creés?
- Todo aforismo es una aproximación.
- ¿Un coqueteo?
- Mejor sigamos leyendo.

jueves, 26 de enero de 2017

Desdibujar


Se desdibujó frente a nosotros. Nos costaba trabajo entender cómo era posible esa transformación. Guardamos esa imagen por muchos días. Desenterramos la memoria en el café de siempre. Con el corazón apretado su madre nos contaba que desde chico le gustaba transformarse. 

“Lo llevé con el santito, lo empujaba, me recuerdo. Le salieron ampollas, tan delicado era. El santito no lo vio, después lo llevé al doctor; lo palpó, y me dio mala espina. Entonces comencé a darle un te de gobernadora y le machacaba dientes de ajos en un vaso de agua para buscar fijar su imagen. Nada sirvió. Me acuerdo muy bien que en la noche, se escondía, tenía miedo. Yo encendía la luz para que sintiera compañía, esa compañía que se siente cuando una mira. El abría los ojos. Esa mirada de desconsuelo, aquí la tengo, por eso nunca verán una luz de noche en mi casa. Yo quiero transformarme, pero no puedo. Descansar, atravesar la noche sin terror. Me dan ganas de seguirlo, eso pienso, pero me ganan los deseos de que se cure. Por eso no lo seguí. A veces me escribe, le sobra vida. Por eso no lo sigo. A mi santito, ya no lo visito. No supo como curar. Mis suplicas se fueron al aire. No lo culpo. Debí preguntar cuál era el bueno, el que conocía de transformaciones".

miércoles, 25 de enero de 2017

Muro III


El mensaje se encierra en sí mismo. Está vivo. Lanza afirmaciones que alguien atrapa. Un secreto a voces de líneas sobre la piedra. No sé si el escriba tenga en cuenta la porosidad del muro y su color y en base a ello escoja la tonalidad de los trazos. Palpable, la garganta del signo no tiene pies o cabeza. La ciudad fluye entre sus paredes como en el antiguo latido de la cueva donde una primera mano revivió la chispa de decir para otro: estoy presente.

martes, 24 de enero de 2017

La llave de la casa


Por generaciones se ha buscado la llave. La familia de Samuel Patricio, no ha sido la excepción. Tener la llave en el bolsillo fue la historia de su vida. Madre e hijo con esa demencia por encontrar, hicieron del éxodo su manera de estar en al mundo. Viena, Nuremberg, Ucrania, Perú, fueron recorridas. La dimensión humana tiene tantas fronteras que sólo la imaginación ejercitada puede trucar el lamento por la perseverancia. Samuel Patricio desde pequeño, se esforzó, no solo verbalmente, en encontrar un espacio para sentirse a gusto, a sus anchas. Se casó en Viena, en Domkirche St. Stephan, la Catedral de San Esteban, su esposa Anna, desde un principio sintió que la peregrinación sería su forma de vida. Buscaron la ciudad ideal y la calle donde estuviera la casa de su único sueño. Lukas, su también único hijo, nació en Nuremberg, en Albrecht-Dürer-Straße, muy cerca de la casa de Durero. Por eso, Lukas hablaba muy bien alemán, balbuceaba el español y tenía una gran habilidad para las ecuaciones de segundo grado y la trigonometría. Anna, tocaba el violín, habilidad que libertaba a la familia de los desencuentros. Samuel Patricio, los contagió de ese impulso atávico de encontrar el espacio ideal. Juntos siguen recorriendo ciudades y casas de los más diversos estilos y tamaños. Ellos saben, como nuestro ser íntimo, que todos venimos del llano en llamas.

lunes, 23 de enero de 2017

Encapsulada


Al bajar por la empinada Rua da Asunção, en la iglesia de los Clérigos, suplicante, necesitando del cielo, una santa se debate a ras de suelo. Dueña de mejores tiempos y gloriosas plegarias, se desluce día tras día. Miradas no le faltan, pero no se interesan en su misterio. Fue echada a la calle desde otro universo. Segura de sí misma, en sus maderas palpitan esas voces de azucena y la muchedumbre no le quita la piedad que algún día tuvo.
Es de cierto: en toda ciudad, por sus calles, hay una talla que ya no vemos abrumados al pensar en otro firmamento.

Fotografía: en la Rua da Asunção, Porto, Portugal.

domingo, 22 de enero de 2017

El Sr. Moises


Algunos dicen que se comió la letra M. Otro, que se atragantó de montaña. La verdad es que el Sr. Moises, tiene un apego al agua y dice que su inicial  describe ese movimiento y lo único que él hace, es dejarse llevar por el ímpetu natural de la letra. Soy acuático, afirma, y si lo miramos bien tiene una semejanza a un ser anfibio. No se desentiende del número romano pero él no tiene capitales de importancia, es más, vive de milagro, como navegando entre las vicisitudes de la tierra plana. Algunos maledicientes lo provocan al decirle que es un mugido de persona. Él se reafirma y murmura ondulante como canto marino y retoma su sitio. Todo mundo sabe que en boca cerrada los labios  anuncian la M, de ahí le viene que el Sr. Moises sea tan expresivo y tan mimético. En sus clases, porque es maestro de párvulos, logra cautivar a los niños con su magia discursiva. Si lo miras por la calle, no masculles comparaciones malsanas, es un poco cargado de hombros y parece que se ondula al caminar pero, es sin lugar a dudas un meritísimo homo. Miradlo.

sábado, 21 de enero de 2017

Cuadragésima columna


Algunas columnas muestran su simetría aunque estén a buen resguardo.

Fotografía: en algún momento en Braga, Portugal.

viernes, 20 de enero de 2017

El problema de la familia D.


Las atrocidades nunca vienen solas, se leía en un baño público. Y era verdad, pero lo que no explicaba esta sentencia es la perversa manera que tenemos de verlas venir y quedar pasivos. Así le pasó a la familia de Donald. El chamaco les salió misógino, vulgar, y por más que intentaron ablandar su nunca hallada humanidad, los instintos quedaron sueltos, sin amarre. Pero, tenemos un largo rato gustando de estos bichos, ¿nos gusta acaso la pólvora y el sacrificio? El fósforo enciende rápido en nuestra apatía. Entendámonos, nuestro martirio tiene mucho de nuestro gusto por la fealdad y por los clavos. Así les pasó a los papás. No hubo retorno, se entrelazaron la ceguera y el miedo. Nunca lo enfrentaron y de mayor, sólo aprendió a masacrar la indecisión de los otros. Que el mundo es así, lo dicen todos los desaparecidos y sigue vigente el idioma de los huesos, de la zona fría. ¿Qué dicen los vivos? ¿la agonía mundial? Los padres de Donald, están en blanco, atascados en el círculo del déspota. Sin embargo, en el barrio, los vecinos se han reunido y han sacado filo a los lápices y se siente un sudor de nube y de esperanza. Tuvo que ser Teresa, la mujer que lo cobijó engañada, la que tuvo que abrir el grillete y enfrentó al chamaco y le aplico la física de aquí no pasas y los pocos hombres que había en el entorno, dejaron de ser mendigos y unieron sus gargantas. ¿Habrá tiempo? preguntaban los padres. Hacen falta voluntarios, les dijeron. Otra ves los voluntarios llenándose los hombros para cantar el himno siempre trunco de las voces.
Es bueno que el vecindario comience a valorar el sonido de las sílabas en las frases. No hay micro que no lo sepa.

jueves, 19 de enero de 2017

El Sr. Goa


EL Sr. Goa, piensa ha perdido su cartera. En ella su billete de identidad, su licencia de conducción y esa fotografía de cuando tenía 10 años, retratado con su uniforme de jura de bandera, los lunes, y con un semblante sereno y adusto como corresponde a un abanderado. Su primera estrategia fue desandar el camino y ver si la encontraba  en el piso, la cartera no traía dinero, así que pensó, con toda lógica, que de nada servía una cartera vacía, así que por humanidad el posible dueño o dueña, la dejaría en el lugar. Desandar a veces es inútil y el Sr Goa, llegó a la última esquina recorrida sin resultados. Entonces trató de reconstruir mentalmente los momentos previos a la perdida. Evitó el hecho de cama y regadera, visitó lo habitual: camisa blanca, un pantalón café de pana, un saco color crema ácida y sus zapatos de suela de goma. Nunca desayunaba con cartera así que no se detuvo. Claro, antes de salir, junto con las llaves tomo la cartera y la pone en el bolsillo trasero del pantalón, siempre a la derecha, era diestro. Salió de casa, le dio dos vueltas a la llave y se encaminó al puesto de revistas a ver si la revista de Historia ya había llegado. Pagó con monedas, no sacó la billetera. Caminó por la calle de Cabral y dio vuelta en Gonzaga, nada que contar, hasta llegar al punto donde se encontraba haciendo ejercicio mental. Entrar a al café fue su mejor opción. Pidió un café americano y un bizcochito, repasó metódicamente todo el recorrido y nada. No encontraba el momento de la perdida de la billetera. Lo que le preocupaba era la fotografía, los documentos podía sacarlos de nuevo, con inconvenientes, pero conseguía. ¿Y la fotografía? -Dónde la saco, es un tiempo congelado, no puedo volver a ese momento - cavilaba el Sr. Goa desconsolado. Para estas emergencias, el posible extravío de la cartera, traía monedas, había comprado la revista y le sobraba dinero para otro café. Extenuado y triste bebía cuando se palpó el pecho y descubrió en el bolsillo interior del saco, un bulto que vaticinaba el encuentro deseado. Casi llora, si no es porque una señora lo miró como se mira  a un sueño pesado. Pidió otro café. – ¿Por qué mira así esa señora? ¿No me conoce? ¿Cómo se atreve? El Sr. Goa, buscó un poco de ternura y sacó la fotografía para acariciarla lentamente, dando la espalda a los ventanales y al atardecer.