miércoles, 3 de junio de 2009

Visión Femenina


Una visión femenina siempre abre horizontes y pausas, así que este abarrote detiene su carrera por la Interestatal 40, para participarles que Maribel Romero, del blog Ocurrió en Febrero que les recomiendo ampliamente http://ocurrienfebrero.blogspot.com/
tuvo la generosidad de hacerme una entrevista y lo que es mas admirable todavía, tuvo las agallas de publicarla.

Los invito a conocer el blog de Maribel, sobre todos sus microcuentos, y también a leer la entrevista en la revista cibernética Visión Femenina donde se ha publicado:


Gracias por su benevolencia y como todo buen abarrote que se respete tiene que terminar con la celebre frase: Gracias por su preferencia, regrese pronto.
Sergio Astorga

martes, 26 de mayo de 2009

Amarillo I 40

Andar también es perseguir la sombra que nos precede, de todos los que pasaron, una manada de ojos, y muchos nombres que se enturbiaron con distancia y pensaron llegar a su destino. No querían saber que el tiempo es el círculo que vuelve, que regresa y astilla la ceremonia de los huesos que aquí están enterrados bajo ésta línea recta, porque aquí también paso la espada y se agrietaron los rostros en este cuerpo raso de Amarillo.

Frugal desayuno y ánimo fresco nos alejaron de Santa Rosa, volvimos a retomar la Interestatal 40 Este con rumbo a Tucumari, para después dirigirnos a Amarillo en el estado de Texas. Pasamos de largo, sólo una flecha blanca y el nombre nos indicaban que Tucumari sería la última población relativamente importante de Nuevo México y entraríamos al estado tejano. Al entrar a Texas tuvimos que adelantar una hora el reloj. En Los Álamos tenemos la hora de la montaña y en la zona del centro tenemos una hora de diferencia y al llegar a Tennesse tendríamos dos horas (hora del Pacífico) en relación al punto de salida.
La ciudad Amarillo, gracias al ferrocarril y a sus condiciones geográficas es un gran centro ganadero tanto de producción como de comercio. Desde finales del siglo XIX, todos los vaqueros llegaban con su ganado para ser comercializado.


El nombre de Amarillo se debido a la cercanía con el lago Amarillo y a las flores que crecen indiferentes a su nombre y colorido.
Enormes praderas que se motean con puntitos negros y castaños, y que poco a poco se van convirtiendo en largos cuernos y anchas ancas indecorosas al los olisqueos del toro.
Grandes y poderosos ranchos se extienden por toda el área; se percibe desarrollo y opulencia, sólo por la extensión de las tierras cultivadas, nosotros seguimos esta intensa línea de la Interestatal 40 y sólo podemos fantasear el cuerpo rico de las fincas.
Esta ciudad es también “La capital del Helio del mundo” al ser una de las regiones más productivas de éste elemento.
A todo galope seguimos de largo sin entrar a la ciudad, y a los lados de la ruta podemos constatar los grandes centros comerciales y esbeltos edificios con sus cristalizados modales que contrastan con algunos graneros de madera abandonados a su erosión a lo largo de la carretera. Sin embargo, en ésta desbocada carrera por la ciudad que fue llamada la “Rosa Amarilla de Texas” tenemos esa sensación de pisar tierras que esconden una entrañable y fatídica historia y que estas praderas y el polvo que se levanta no nos son ajenos. Por aquí también pasó la espada, la cruz y el sincretismo.
Pánfilo de Narváez famoso por su gusto a los atropellos y masacres con los naturales de las tierras conquistadas, comienza su colección de aventuras sangrientas en la isla de Cuba, Fray Bartolomé de las Casas da testimonio de sus delicadezas. En 1518 cuando Hernán Cortés desobedeciendo las ordenes del Gobernador de la isla, Diego Velázquez, zarpa a la conquista de lo que será México, Pánfilo de Narváez es enviado a seguirlo con instrucciones de traerlo vivo o muerto. Al llegar a la Villa Rica de la Vera Cruz es hecho prisionero por
Cortés. Al ser liberado después de dos años regresa a España y el Rey Carlos I lo comisiona para conquistar la Florida con el título de Adelantado. En 1528 llega a la Florida y se interna al territorio en busca de la mítica ciudad del oro, al no encontrarla construye unas barcas y en el delta del Missisipi naufraga, muere y sólo sobreviven Álvar Núñez Cabeza de Vaca y el esclavo bereber Estebanico, probablemente el primer africano en pisar lo que sería Estados Unidos. La primera obra literaria que narra sobre el suroeste Americano es "Naufragios" de Álvar Núñez.
El naufragio ocurre en la isla de Galveston, frente a la costa de Texas y comienza su odisea de ocho años como uno de los primeros europeos en poner pie en el Oeste.




Sabedor de estas historias, Francisco Vázquez de Coronado, natural de Salamanca, España, emprende una expedición en búsqueda de Cíbola la mítica ciudad de oro. Este mito se originó en 1150 cuando los moros conquistaron Mérida, los siete obispos huyeron con las reliquias religiosas y sus tesoros para fundaron siete ciudades que con el paso del tiempo llegaron a tener grandes cantidades de oro.
Este mito revivió en el Nuevo Mundo, Narváez fracasó, pero la ambición tira más que una yunta de bueyes y en 1540 al mando de Francisco Vázquez Coronado, 300 españoles y 1000 naturales, se dice que en su mayoría tlaxcaltecas, recorren sin éxito un basto territorio sin encontrar la mítica ciudad. Vázquez Coronado regresa y muere en la Ciudad de México. Surge de inmediato la pregunta, qué suerte corrieron esos 1000 naturales, muchos morirían, pero muchos quedarían afincados dejando en estos planos amarillos la simiente de costumbres, de comida, de creencias, de idioma, en ésta relación que no acaba de ser asimilada y que corta al este y al oeste en realidades casi antagónicas.

En estos 285 kilómetros que recorremos en el estado de Texas, hay un polvo de memoria inquieto, que al golpe de calor, nos deja ver a lo lejos, el espejismo humano de los tiempos.




La mirada acostumbrada a la roca, al colérico polvo, al seco latido del vacío que como ave de rapiña lanza su vuelo a la llanura, a ese territorio que se esculpe de nada, de vientres lisos, dónde las fronteras no se alcanzan de tan lejanas. Aquí, donde la curvatura de la tierra parece falsa, donde los sonidos viajan y nunca más regresan. Aquí, el vértigo es del plano que se expande, aquí las líneas son ciegas, se las traga la pastura. Aquí, la luz se expande infinita, informe y sólo cuando el sol nace o se oculta volvemos a saber de su nacencia.
Aquí, la intimidad es derrotada con tanto jadeo de planicie y la pegajosa lengua de los bueyes marca el ritmo de las horas. Aquí las paredes son del aire y el rumbo del ferrocarril es el único destino.
Aquí, todo es amarillo, las flores, el aliento, la distancia y la pubertad del verde se muere rumiante en las barrigas.
Temporal del amarillo por aquí pasamos como si fuéramos cuchillo a medio día.

Sergio Astorga

martes, 19 de mayo de 2009

Santa Rosa I 40

Así como si el calor tuviera insomnio, su voz predica la asfixia desde muy temprano y la sed de garganta se apacigua con la vista. Inmensas extensiones de tierra dura, de lomeríos que asoman un verde tímido como un tatuaje mínimo de verdor entre el pardo rojizo nos rodea. En las peñas altivas a pleno rayo, el tímpano se quiebra de silencio.
Allá, la obstinación del horizonte delinea, esculpe los contornos incendiados de las rocas como un collar petrificado. Así la mañana se descuaja y se exprimen las nubes como breña.


La ventaja de tener un pequeño refrigerador en el cuarto del motel es la posibilidad de desayunar con las viandas de tu “hitacate” (alforja). El súper precio no incluía el desayuno.
A luz del día es más fácil tener noción de los lugares y Santa Rosa es un pequeño poblado ubicado al este de Alburquerque, Nuevo México y al oeste de Texas. Este poblado esta asentado cerca del río Pecos. Su historia, como la mayor parte de las poblaciones y ciudades esta íntimamente relacionada con la cultura precolombina, el México colonial, un breve espacio del México independiente y los nativos americanos, así que el mosaico de olores y sabores tiene una riqueza, diametralmente opuesta al este Americanos donde no existió mestizaje; los franceses, ingleses, irlandeses no se distinguen por asimilar cultura, si por imponer y es notoria la diferencia entre el mestizaje de los españoles en México y el extermino por parte de las colonias americanas a los nativos de éstas tierras. Hecho histórico que tiene su marca hasta en las maneras y formas mas simples de la vida cotidiana. Aquí un ejemplo de los muchos que hay, el poblado que nos ocupa se dice que el primer asentamiento europeo (léase español) fue en 1856 y fue llamado Agua Negra Chiquita, como pueden ver por esos años México, ya era un país independiente y posiblemente el español que fundó la ciudad o era criollo o definitivamente mestizo. En 1890 el nombre de Agua Negra Chiquita (un encanto de nombre si me permiten) mudó por el de Santa Rosa en memoria de una capilla que el fundador de la ciudad de nombre Francisco Baca -español o mestizo de cepa, a saber- construyó al recuerdo de su madre. Aquí hay una pequeña confusión, no se sabe si el nombre de rosa, a parte de ser el de su madre, se refiere a las rosas que Juan Diego traía en su sayal y que se convirtieron en la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, lo que da pie a la ironía, puesto que si la capilla fuera en honor de la Virgen de la Macarena o de Nuestra Señora del Pilar, todo quedaba muy europeo, pero el culto a la Virgen de Guadalupe “La Morenita del Tepeyac” es un culto producto del mestizaje. Ejemplos de ninguneo histórico, este abarrote tiene las estanterías repletas. En fin así son los imperios.
Otro de los atractivos de Santa Rosa es la cantidad de lagos naturales, extraño para el clima semidesértico de la zona.


Aquí en Santa Rosa también se desarrolla la historia típicamente americana, por aquí pasa la legendaria Ruta 66 y se filmó la escena
del tren a la puesta de sol en el puente del ferrocarril del Río Pecos, la película fue dirigida por John Ford y actuada por Henry Fonda. Como ya recordaron esta película está basada en la novela de John Steinbeck “Las uvas de la ira”. La novela es la odisea o el éxodo desde Oklahoma de los jornaleros agrícolas en la gran depresión y es precisamente por la “Carretera Madre” (The Mother Road) como le llamó Steinbeck a la Ruta 66 por donde cruzaron del este a oeste hasta las Californias.
La Ruta 66 o La Calle Principal de América (The Main Street of America) como también es llamada, se estableció el 11 de noviembre de 1926 aunque se empezó a señalizar al año siguiente. La ruta original corría desde Chicago (Illinois) Misuri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California, hasta finalizar en Los Ángeles con un recorrido total de 2,448 millas(3,939 km). Múltiples arreglos, cambios de trazado, subidas y bajadas sufrió durante sus años de vida, y vida fue lo que desarrolló a lo largo de esta ruta, las poblaciones migrantes enriquecieron las ciudades, el comercio y la comunicación de grupos humanos, así como el surgimiento de la comida rápida, los moteles, gasolineras y en la gran depresión unió el nacimiento y la puesta de sol por un camino. Todavía el día de hoy se puede recorrer la Ruta 66 en un 80 por ciento.
La verdadera unión del este y el oeste llego en los años cincuentas, cuando se pensó en construir la Interestatal 40 que corre desde California en el este y termina (a finales de 1980) en la ciudad de Raleigh, en Carolina del Norte. El periodista Charles Kuralt afirmó:
"Thanks to the interstate highway system, it is now possible to travel from coast to coast without seeing anything" (Gracias a al sistema de carretera interestatal, ahora es posible viajar de costa a costa sin ver nada) y es verdad uno puede ir del pacífico al atlántico sin entrar a las ciudades, con una pulcritud que contradice el parar a reabastecerse de humana discordia o compañía.
Con esta sensación de largura en la distancia continuamos nuestro viaje para entrar a la gran planicie texana y otear los ranchos, donde la pastura espera la respiración hambrienta del ganado.


El aire crece como espiga en la intemperie.
Como torreones, hechos para la paz geológica, por los riscos se dispersan el germen de roca y arena y los manantiales del calor sumergen el hostil dardo de fuego en las costillas. Aquí, las líneas paralelas no descansan, y las lámparas terrestres las recorren como si fueran el espinazo nocturno del camino.
En esta pétrea permanencia, de repente, un sobresalto de llanura y olores de majada que se imponen. Son fronteras ahora de los ojos: los belfos, la rumiante paciencia que digiere y la sorda e incivil mirada del ganado.
La tarde se vuelve a quebrar. La rueda celebra su descanso. Llegan galopando los vaqueros del sueño y llevan las cabezas de la noche a beber al arroyo con el simple chasquido de la voz para evitar una estampida.
Sergio Astorga

jueves, 14 de mayo de 2009

Viaje por la I 40

Usar los caminos es extender el rostro de las cosas y sentir que el movimiento circular de la tierra nos predispone, en aparente línea recta, a tejer la promesa vaga del encuentro.
Al alba, se rescata el mito de la salida en caravana, y el tiempo devora la distancia como si fuera un depredador de mansedumbres.
Así como el vaho de las antiguas bestias que cruzaron los caminos, el sol, como naranjo pletórico en su esfera, enmarca la inconsciente emoción de copular el trayecto con el asombro de lo nuevo.
Una serpiente de asfalto, carbonizada, nos sale al
encuentro y es opulenta la claridad de la tarde.


Sí, sigue intacta la sensación del nervio tenso, la incertidumbre de los lugares por ver; la energía apenas contenida y el suplicio de contar con terca parcimonia estas remembranzas caminadas.
Esta ausencia, no fue por falta de antojos, sino por exceso de ellos. Algo me decía que mayo era de vuelo y el calendario así lo atestigua.
Este Abarrote como saben, tiene su sede, no sé por cuanto tiempo, en la ciudad de Los Álamos, Nuevo México, en los Estados Unidos y fuimos invitados, bueno, fue invitada la dueña del Abarrote -yo sólo soy el que levanta y cierra la cortina y atiende a su estimable clientela- a dar una conferencia sobre la investigación que realiza en el LANL sobre ligas de materiales y almacenamiento de hidrógeno en la ciudad de Knoxville en el estado de Tennessee.
Un largo viaje de ida y vuelta que sumarian 4 828 kilómetros (3000millas) aproximadamente de oeste (west) a este (east) atravesando Nuevo México, Texas, Oklahoma, Arkansas, Tennessee (Knoxville se encuentra muy cerca de Carolina del Norte).


Decidimos rentar un auto y aventurarnos a mirar metro a metro. Rentamos por ocho días, seguro incluido, por 350 dólares un automóvil Chevrolet, marca símbolo de la industria automotriz perteneciente a la General Motors (hoy en severa crisis) tanto así que se llegó a decirse en un eslogan famoso “lo que es bueno para la Chevrolet es bueno para Estados Unidos”. El auto era prácticamente nuevo, con la ventaja de que el costo no tiene límite de kilometraje, sería el potro azul cobalto que nos llevaría del oeste al este.
Decidimos salir el viernes por la tarde, preparamos el itinerario de viaje: el primer día saldríamos de los Álamos con rumbo a Santa Fe, (capital de Nuevo México) en Santa Fe teníamos dos hipótesis: seguir por la 25 sur (south) hasta Alburquerque y de ahí tomar la interestatal 40 o tomar un atajo que nos ahorraría una hora de camino, y tomando en cuenta la distancia este ahorro tenía su valor nada despreciable.
Aquí me gustaría poner en el mostrador de éste abarrote una pequeña reflexión sobre como el trazado de los caminos perfila la psicología de una nación, un ánimo, una manera de solucionar, en estos cuatro mil kilómetros no hubo un solo engaño en la señalización de la ruta a seguir, claro el territorio ayuda, es un trazado limpio y plano, conducir fue un verdadero placer, si el máximo de velocidad era 75 o 65 millas por hora el 90% de los conductores respetaba y oh sorpresa para mí los camioneros (traileros) respetuosos e impecables en su conducción. Y miren que el sindicato de los traileros es uno de los más grandes y poderosos de Estados Unidos. Ustedes saben que yo nací en la Ciudad de México donde conducir es un acto de arrojo, de paciencia y habilidad y donde uno se enfrenta a las “peseras” (transporte privado de pasajeros) en donde el riego de ser arroyado ya como conductor, peatón o pasajero es constante, pues pensé que en la escala humana no había conductores más salvajes e indiferentes del respeto a la vida del otro hasta que llegué a Portugal, donde conducir en la ciudad o en las carreteras es una experiencia traumática, prepotencia, machismo, incivilidad absoluta, no he sentido mayor estrés y miedo que en esos caminos, si la velocidad máxima son 120 kilómetros uno es rebasado por la derecha o izquierda, no importa por donde, al doble de esa velocidad permitida y ni hablar de las señalizaciones, uno puede encontrar las flechas señalando al infinito y uno no sabe si indica derecha o izquierda o cielo. Sé que mis amigos de España querrán ser mencionados y les puedo decir que ya atravesé la península desde Oporto hasta Barcelona y el único incidente a contar fue la impaciencia e insolencia de los camioneros, que prácticamente te avientan su camión encima de tu auto. Interesantes maneras y actitudes
iremos encontrando a lo largo del camino.


Pues a las cinco y media de la tarde del viernes primero de mayo, decidimos emprender el viaje utilizando el atajo, en cualquiera de las dos rutas teníamos que llegar a Santa Fe, y de ahí tomamos la 25 norte con rumbo a las Vegas, Nuevo México, no confundir con Las Vegas en el estado de Nevada, al llegar a la 285 sur salimos en la 290 llamada Clines Cornes y de ahí hasta conectar con la Interestatal 40 que nos llevaría hasta Knoxville. Después de tres horas de camino y para no conducir de noche decidimos parar en Santa Rosa, Nuevo México en el motel Super 10, una noche por 36 dólares, estupendo.
Mañana muy temprano le seguimos dando al abarrote.

Al golpe del cansancio, cuando el olor del asfalto se confunde con el olor de hembra que la noche trae, llega el momento de parar y dejar que el camino descanse de nuestras ganas por llegar a nuestro indescifrable destino. El ojo de la carretera se cierra y en las montañas se va enfriando el calor desértico y los cuervos se confunden con el hueco que queda cuando se pone el sol. Sólo el tiempo parece que ha quedado inmóvil, aquí en este cuarto, se me vienen un tropel de caminos y el desorden del aquí me duerme.
Sergio Astorga

miércoles, 29 de abril de 2009

Epitafio

Duermevela. Fina luz
que te envuelve, que se muerde
en la voz: en el ronquido
infinito de la muerte.

Horas serenas de tierra
mojada; lira preñada,
mineral eterno: fibra
tensa de mi hueso.

Eso que se empolva es
el cerebro; desnudez
morena que se abra paso


como almendro, como nuez:
en el enjambre sublime
de ser pus en lo terreno.


Sergio Astorga
Acuarela/papael 20 x 30 cm

lunes, 27 de abril de 2009

Nocturno

Aguas nocturnas
de los olores ciegos.

No se lo que hice.
No se lo que pago.

Un dolor con nombre.
Luz de los reflejos.

Acido sueño que agoniza.

Estúpida frialdad en tibio lecho.

Sergio Astorga

Tinta china/papel 30 x 55 cm.

viernes, 24 de abril de 2009

Aniversario

El día de hoy cumplen un año estos Antojos y toda mi familia, siempre tan unida cuando de festejos se trata, se arrejuntan a la celebración desde sus distintos reinos y temperamentos; han llegado para tomarse la fotografía, algunos de ustedes ya conocen la parte mamífera de mi ascendencia y es de notar ahora la llegada intempestiva, tal vez por ser primavera de la prima Marcela, mariposita de ligeras vestimentas y ademanes. También llegó la Teresa, la venadita, mujer en segundas nupcias del tío Casimiro, se dice que río arriba el tío fue literalmente venadeado, eso de reincidir no ha sido bien visto por la comunidad de pezuña fina.
En éste primer aniversario me congratulo al presentarles a mi tío abuelo Rosendo, coleóptero de los que quedan pocos, por su agilidad elusiva, ha escapado de las más finas y ensalivadas lenguas del estanque, es un admirado veterano y leyenda viviente.
Al tecolote no lo conozco pero por su comportamiento taciturno e indiferente, de seguro será el amigote de Jacinta, la cotorra media hermana de la Tía Eduviges, la que murió de olvido, esta Jacinta por culpa de un mal querer que la trajo de un ala durante cinco años es una chillona insoportable, pero simpática, puede contarte las historias más graciosas del reino de la pluma.
Antes que la prima Lourdes, nos interrumpa con sus dolores jirafales de cuello, quiero agradecer a todos y todas su esplendida compañía a lo largo de este año, su lectura atenta, crítica y cariñosa y que esta antojadera de escribir y de dibujar me la aguanten y celebren.
Se me antoja tanto su compañía que pretendo seguir dándoles lata.
Por todos los reinos gracias.
Un abrazo amoroso que se les antoje.
Sergio Astorga



Acuarela/papel 20 x 30 cm.

miércoles, 22 de abril de 2009

Hacer amor

Hacer el amor
es también guardar tu ropa,
Lavar la loza.
Buscar la forma en la sábana caliente
e imaginar que te poseo.

Hacer el amor es también
el silencio en tu recuerdo
y llenar un mundo con la imagen.
Hacer el amor es no decirte
que muero a veces de tanto que deseo,
y un mal día o mala noche
es una llaga que sangra,
que lacera.

Hacer el amor, amor,
también es fracasar cuando te veo.
Sergio Astorga

Acuarela/papel 30 x 50 cm.

martes, 21 de abril de 2009

Patrias

PARA UNA PATRIA

Trino
blanco,
tranaco
fino.

Sino
franco,
manco
tino.

Pierdes
verdes
tersos.

Subes
nubes:
versos.





MISMA PATRIA
Soñarte
eriza,
hechiza.
No amarte.

Mirarte
plomiza,
ceniza.
Dejarte.

Podrida:
palabras
te labras.

Vencida
amagas:
te apagas.


Sergio Astorga
Acuarela/papel 20 x 30 cm

sábado, 18 de abril de 2009

La dignidad de los escombros

Cuando la noche sabe a hueso
un hábil frío se destila
por la redonda casa.
Un encono de deseos,
una labia de apóstol,
un rostro afrodisíaco
y anémicas niñas de vecindario.

Cuando la noche define
lo que ignoro, se coteja
el rubor de las ciudades,
el dominio del fuego
el avance de la rueda
y el pastoreo de la semilla
en la máscara del rito.

Cuando la noche se traga
la luz de los azules,
los cuerpos vagos sin sombra
perfilan su fonema
y las columnas del templo
olvidan fértil tierra
en falsos paraísos.

Cuando la noche se espanta
de tanta inmensidad,
son gestas de amor
la piel de los recuerdos,
legítimo el sudor,
y es fácil ver de frente
la dignidad de los escombros.

Sergio Astorga
Acuarela/papel 56 x 76 cm

miércoles, 15 de abril de 2009

Tópicos Citadinos (conferencia)

(Asmático) ¡Señores...Señoras!, muy buenas... (tose). No tengo voz aterciopelada, ustedes me disculparán...pero ha llovido... ¡Ah! y cómo ha llovido... Esta ciudad es un mar de llanto...Sí, tienen razón, desde la colonia la ciudad se anega... Esos españoles no supieron encausar las aguas, aunque las cruzaron...pero ahora, ¿qué me dicen?...la ciudad es un drenaje... Todas las colonias ¡apestan!... No es justo Señoras...Señoras, nuestro aliento ya es ácido... ¿han visto el Sagrario Metropolitano?... ¡Oh! que belleza, joya del barroco mexicano... ¿lo han visto?... se pudre... ¡Se pudre hasta lo sagrado. (Saca el pañuelo para secarse el sudor) La ciudad se nos cae... se nos cayó... el corazón, ¿recuerdan?... Señor no se violente... sí usted. Seguimos de pie... En un sólo pie, el derecho, bueno, lo que queda; porque del izquierdo ni sus luces... (Toma agua) Disculpen estos desvaríos. Yo vine a hablar de la ciudad... (Engolado) La ciudad es de todos. Es nuestro hogar. Una casa grande y muy vieja... En un hogar siempre existen las desavenencias... (Deprimido) los malos tratos (indignado) Yo me casé... Sí señores me casé por... ¡imbécil!. Qué quieren soy sincero.... (Melancólico) Uno se casa con una idea y luego... Mi mujer me regaña... ¡saben ustedes porqué?... Porque hecho la colilla al aire... (Confidente) ella también la tira. No lo dice pero, yo lo sé. (Tose orgulloso) Lo que sea, mi mujer es limpia... Sale a barrer la calle todas las mañanas y todas las mañanas la calle es una mugre... (Desconsolado? Mi mujer se queja... qué remedio, no sabe que la basura nos llega por los vientos del norte... ¿se han fijado?, la acera de enfrente limpia y la nuestra, una mugre... (Irónico) Mi mujer es terrible pero tonta... (Satisfecho) Estoy tranquilo mi mujer no vino. Se quedó en casa...bueno... en casa de su mamá
(Triste) La nuestra se cayó... Nos lle... ustedes comprenden, ¿verdad?... (Desconsolado) Desde entonces no voy al centro. Me duele tanto Juárez (tose) la avenida... (Nostálgico) Todas las tardes aseaba mi calzado frente al Regis...(paladeando) Esperaba fumando... (Colérico) ¡Placer inaudito en estos tiempos! ¿Saben cuánto cuestan los cigarros?...¡Un dineral!, señores...(lastimoso) Ya no se puede morir lentamente, porque Señores...Señoras... morirse en serio, ¡ni pensarlo!...(satisfecho) La reflexión es una cualidad. Así que reflexionen antes de morirse.(toma agua) ¿Dónde me quedé?
... Ya recuerdo... Después de fumarme unos pitillos subía al Capri. (Libidinoso) ¡Qué mujeres! tan... tan sanas... (Nervioso) ¿Mi mujer no vino, verdad?...(suspira) Se quedó en casa, allá en San Lázaro...¿qué me dicen... Una pocilga, ¿verdad?
...Por donde se le vea... baches, ruido, olores nauseabundos... (Indignado) ¿y éste es el mundo que legaremos a nuestros hijos?...(disculpándose) Yo no tengo hijos pero, (violento) ¿cuál será el destino de estos hijos de la patria?... No es justo Señores...Señoras, se carcome el organismo desde sus entrañas... El malestar es total... ¿No me creen?... Pregúntenles a los muchachos a que les sabe el pri... (Tose) el primer beso... (Apenado) Disculpen Señores... Señoras, me extendí...Les aseguro que no era mi propósito... (Inquieto) ¿Ya dejó de llover?... Estoy apenado con ustedes... Me tengo que ir ¿saben?
... es que tengo que hacer un mandado... Permítanme ver mi lista... (Contrariado) Faltan blanquillos en casa... ¿Ya no llueve?... Señores... Señoras, ustedes me disculparán pero ha llovido
... ¡Ah, y cómo ha llovido!

Sergio Astorga.

Acuarela/papel (díptico)

lunes, 13 de abril de 2009

No es vano

Hoy será un día largo.
Tiempo de sol
para inventar otro presente.
Tiempo con patio circular.
Con barro.
Con granito.
Hoy habrá reflejos
sobre el agua de sal
de nuestra cara
y manos hambrientas
de voces amorosas arañando la luz hasta matarla.

Sergio Astorga

Acuarela/papel 50 x 70 cm

jueves, 9 de abril de 2009

Adan le dice a Eva

Una flor imbécil
se queja del tallo.

Una abeja ciega
se embriaga en el charco.

Una sombra fría
se mece en la mano.

¿Cuándo nació el rencor?

Las paredes son blancas.
Una grieta en el piso.
Calamar de amor
pozo de pus.
¿Cuándo nació el rencor?
Sergio Astorga

Acrílico/tela 60 x 80 cm

martes, 7 de abril de 2009

Jugar

Jugar a no querer en julio
cuando nadie nos ve,
y como cada tarde,
mejor quedarse con la piel de mayo.

¡Ay! Que beso tan amargo
este del zodiaco
bajo la sombra de una cruz de palo.

Desollado de gloria,
el ojo que mira el hachazo,
talla su espejo de adversario.
Una belleza erguida nos asalta
-racimos de agua dulce –
inscripciones talladas por el rayo.

Jugar a no querer en julio
cuando mueve la sed,
y como cada tarde,
ordeñar con plegarias los jadeos.

¡Ay! cuéntame como en la noche
se mueren de fatiga los que duermen.
Perforado del polvo,
la semilla del árbol se descalza
y el hechizo delira con la rama.

Se tiznan en el sueño
cerrojos de mil años,
agujas de grandeza y desamparo.

Jugar a no querer en julio,
cuando los rostros son jirones,
y como cada tarde
con el martirio de la piel quedarse.

Sergio Astorga

acrílico/tela 30 x 50 cm.

sábado, 4 de abril de 2009

San Quintin V

Después del reparto de trabajadoras, nos dirigimos a los albergues donde teníamos permiso. Entramos por una vereda muy estrecha y empezamos a subir una colina, al llegar a la cima estaba el albergue. La impresión fue aterradora. Nunca me imaginé que me encontraría de frente con la miseria.
La fotografía que tienes ante los ojos es testigo mudo.
Barracas echas de cartón, detenidas con el sobrante del estacón, cubiertos con los plásticos negros que se usan en los campos. El piso es de tierra, llegan pipas con agua potable? Que se almacena en cubetas o tambos; ropa tendida, niños descalzos, desnutridos, sucios, mocosos, extrañados de que vinieran a tomarles fotografías; mujeres jóvenes (13-14 años) lavando, cocinando o cuidando a los niños. Cuando los niños no están en edad de trabajar quedan a cargo de las mujeres mayores o de las tías. Hermanas o vecinas. Guarderías ni pensarlo, escuelas para qué. Podrás observar que televisión no falta, antenas rusticas se elevan como faros de civilización ridícula entre tanta carencia.
Temblando, empiezo a tomar fotografías de las condiciones de ¿vida? de los jornaleros agrícolas.
Otra vez la paradoja, la pobreza, la fealdad, tienen una estética muy sugerente, hay un belleza formal (plástica) muy rica. Altos contrastes, texturas, dinámica de planos, conmoción. La alegría es un poco plana, plásticamente hablando. Tenía que pensar así, si quería continuar tomando fotografías. Pensar y sentir como corresponsal de guerra. Frío, calculador, sin dejar que el sentimiento te atrape. Buscar la toma, el cuerpo despedazado por la bomba, la cabeza sangrante entre la trinchera, sí, como fotógrafo de guerra, envuelto en pañuelos de nieve para no sentir el dolor del otro.



Al terminar el rollo, subo a la camioneta para ir a otro albergue. Las condiciones no varían. Sólo algunos detalles. Existen en el mismo albergue secciones étnicas, de Oaxaca y Guerrero principalmente, en una sección están asentados los Triquis, en otro los Mixtecos, los Zapotecos. Son pueblos que en sus comunidades de origen tienen conflictos ancestrales y se odian entre ellos provocando luchas internas.
En otros albergues existe una leve mejoría, las casas son de madera, esto es gracias a que en el norte del país, las sectas religiosas (evangelistas o testigos de Gehova) han penetrado y ofrecen mejoras a cambio de su filiación. Esto provoca conflictos serios entre los adeptos de una y otra secta con los que tienen creencias católicas. También están asentados partidos políticos que compiten para tener adeptos para las elecciones ofreciendo mejoras en la vivienda. Convirtiendo a los albergues en botín de intereses. El alcoholismo, el hacinamiento, la promiscuidad son los rasgos de la convivencia. Venir de de tan lejos para esto preguntarás. Sobrevivir, tener la ilusión de mejorar es el motor de los sueños que se desvielan al enfrentar la realidad.
El regreso fue silencioso, agotador, todo un día al rayo de un sol despiadado y un panorama cruel. Me dejan a la puerta del Motel Chávez. Un baño caliente y a comer. Tenía mi paraíso a unos cuantos pasos. Voy a él. Una familia de americanos festejan un cumpleaños de un tipo aflautado y cacarizo enfundado en una cachucha de los Broncos de Denver. Me siento en la mesa en la que comí ayer, mi mesa será en lo que resta de la semana. El mesero, más cordial, ya sabe que soy huésped distinguido, fotógrafo de as estrellas, me da la carta, y mientras decido el platillo que me devolverá el aliento, le pido mi sangría natural. Estoy tentado a pedir de nuevo la brocheta marinera, pero me decido por un spaghetti y un T. Bone (término medio) con papa al horno. El spaghetti en salsa de jitomate se enredó en mi paladar dejando aromas de jardín florido.-“Otra sangría”- Por favor. Al llegar el T. Bone el éxtasis contenido en plato blanco. No sé si el hombre de Java o el de Pekín serían concientes del placer carnívoro si no es así es una lástima, tal vez hubieran tenido pensamientos refinados más pronto. Con altivez de homo sapiens sapiens regreso a terminar los carteles.
Trabajo hasta la una de la mañana, esperando que la noche pase rauda, indiferente, lejana y bienhechora.
En la mañana después del baño, escucho el motor de una avioneta volando muy bajo. De inmediato me visto, tomo la cámara y salgo corriendo. Sin proponérmelo se presenta una oportunidad muy deseada. En el campo de cultivo cercano al motel la avioneta fumiga los campos. Tenía conocimiento de que la fumigación se realizaba aún cuando los jornaleros estaban en plena pisca. Entro al surco con la cámara y veo venir a la avioneta, a una altura de 10 metros, a ras de campo, abre la compuerta y deja caer el fertilizante, una lluvia fina me baña de pies a cabeza, la avioneta levanta el vuelo y regresa ahora en sentido contrario, otra estela de fertilizante me deja empapado. Los jornaleros (hombres y mujeres) seguían piscando inmutables al baño del agroquímico.
El fertilizante provoca quemaduras y cáncer en la piel. Muchos jornaleros mueren por éste motivo, ya que están expuestos durante largos periodos y como la higiene en su persona es mínima las consecuencias son fatales.
Empapado y con la certeza de que tenía las fotografías que comprobaban esta acción criminal, regresé al Motel. En el trayecto y con la luz del sol en mi cuerpo empezaba a sentir la piel caliente, rasposa y un olor picante, ácido. El químico en acción. Tuve que bañarme de nuevo y llevar toda la ropa a la lavandería. Limpio por segunda vez, llevé los rollos que había tomado en los campos y en los albergues a la seudo oficina para que los enviaran a Ensenada para el revelado. Tenía parte de la mañana libre, así que pasé a mi paraíso. Unos huevos estrellados con jamón, jugo de naranja y café con pan tostado me devolvieron las ganas de seguir con los carteles. Trabajé hasta las tres de la tarde y salí a estirar las piernas. A la orilla de la carretera me encontré con un tianguis (mercado ambulante) a estos vendedores les llaman globeros, en éste mercado puedes encontrar de todo: estufas, lavadoras, refrigeradores, ropa de segunda mano, herramientas, equipos de sonido, todos traídos del otro lado (USA). Compre unas plumas de caligrafía sheaffer, que todavía conservo, muy baratas. Compré además tinta china sepia, azul, amarillo y negro para los carteles y unos plumones de colores buenísimos.
Los globeros visitan una vez por semana los campos y los albergues para vender sus productos. Les llevan también comestibles: huevo, carne, frijol, arroz, aceite, que los jornaleros compran si tienen dinero. En los albergues hay tiendas que les fían (crédito). Son una especie de tiendas de raya, así que el jornalero siempre está endeudado
Después de mis compras y con mis plumas bajo el brazo, volví a mi encierro a continuar con los carteles, el de la jornalera estaba casi listo y los otros cuatro los tenía a la mitad. A las siete de la tarde suspendí y volví a mi paraíso a repetir la dosis de felicidad: brocheta marinera y sangría natural.
El viernes por la mañana la inquietud no me dejó desayunar a gusto. Fui a la oficina para ver si ya habían llegado las fotografías reveladas. Al entrar, sobre el escritorio ya las tenían esparcidas. Al mirarlas me volvió el color a la cara. No estaban nada mal. “Oye –me dice el coordinador- se ve que ya tienes experiencia en los campos”. Muchísima, le contesto, mientras fascinado recordaba cada detalle de las tomas.
Realizamos la selección y empezamos a montar las fotografías en unas cartulinas, todo muy rustico, como si fuera el periódico mural de la escuela primaria “Mártires de la Libertad”.
Regresé al Motel por los carteles y nos fuimos junto con las cartulinas y las fotografías al lugar donde se realizaría la Feria Regional. Montaríamos todo, porque la Feria comenzaba el sábado por la mañana. El lugar de la Feria era un campo de beiseball, por el jardín central había unos juegos mecánicos (rueda de la fortuna, carrusel) por el jardín derecho se instaló un palenque (pelea de gallos) y entre la tercera base y el jardín derecho estaría la exhibición del programa y de los productos agrícolas de la región, así como los avances tecnológicos en el ramo de la agroindustria, eran unos cuartuchos de 2 x 4 m. improvisados con tres paredes cada uno, el nuestro era el “stand” 22. Como techo estaban colocando unos hules azules. Al ir avanzando el día, con el hule por techo y un sol rencoroso, era aquello un invernadero humano; las fotografías se despegaban y tuvimos que usar tachuelas. En la pared principal pegue el cartel de la jornalera y los otros junto con las fotografías. Al terminar el montaje regresé al Motel a quitarme la ropa y a exprimirla. Un baño reparador y al paraíso por última vez a continuar con mi dosis.
Con la calma del deber cumplido prendí la televisión, y al poco rato me quedé anclado en un profundo sueño.
El sábado llegó puntual. Arreglé la maleta, al día siguiente regresaba a la Ciudad de México, y salí rumbo a la feria. Al llegar, me dicen que el cartel de la jornalera se lo habían robado, no hay mejor halago, ni mejor crítica que un dibujo provoque el deseo de llevárselo aunque sea sin pagarlo. El día pasó sin pena ni gloria, una Feria Regional insulsa. Lo que más importaba para la gente eran los juegos mecánicos y emborracharse. Por la noche me invitan a los gallos. Comí sólo un hot dog, suspiraba por mi paraíso perdido. A media noche me dejan en el Motel y me prometen que me recogerán a las nueve de la mañana para llevarme a Ensenada.
Con la maleta lista de un domingo limpio, dan las nueve, dan las diez y mi vuelo salía a las cinco de la tarde en Tijuana. Como novia de pueblo: vestida y alborotada soporté el plantón. El autobús para Ensenada salía a la una de la tarde, así que tenía que buscar otra solución. Caminé con mi maleta casi dos kilómetros para encontrar una base de taxis que me llevara a Ensenada a la terminal de autobuses. Pasaron minutos de angustia hasta que encontré a uno que quiso llevar, casi todo el dinero de mis viáticos que había ahorrado se me fueron en el taxi. El recorrido fue ameno, la plática del taxista era muy sabrosa, me contó de su familia, de sus hijos, de sus novias, yo sólo intercalaba algunos comentarios, porque el taxista no paraba de hablar. El viaje de tres horas pasó sin sentir. Llegamos a la estación de autobuses de Ensenada. A Tijuana salen camiones cada quince minutos, así que no tuve problemas. El viaje dura una hora, así que cómodamente veía como el mar aparecía y desaparecía a lo largo de la carretera en un coqueteo interminable. De nuevo la falla de San Andrés impactante y el mar azul, siempre azul.
En la terminal de Tijuana tomo otro taxi para el aeropuerto. Llego a muy buena hora, documento y paseo por la terminal. Poco a poco la terminal queda repleta de viajantes, todos vienen de los Estado Unidos, mexicanos que regresan para ver a sus familias.
El vuelo fue tranquilo, a pesar de que iba repleto. Tres horas de ver el cielo perder luz. A las once de la noche llego a la Ciudad de México, una noche lluviosa y gélida me reciben. Siento que han pasado muchos años desde que salí.



Por el surco del recuerdo tendré que piscar al tiempo.
Sergio Astorga.
Próxima parada Zonas de expulsión: Oaxaca

jueves, 2 de abril de 2009

San Quintin IV

La fotografía nos muestra a una ruda y curtida mujer jornalera después de la labor. Del lado izquierdo podrás notar que la planta ya está muy crecida, ya produjo todo lo que tenía que dar. Cuando ya se agotó la producción, entran las maquinas a limpia por completo las parcelas. Después se quema, se deja descansar la tierra y se vuelve a preparar para el nuevo ciclo agrícola. Las montañas de plástico negro (mangueras) son impresionantes, no pueden usarse de nuevo, el plástico se quiebra por la humedad y el sol. No sé cuál sea el destino de esa manguera.


En la siguiente fotografía están las mujeres jornaleras en plena acción. Puedes apreciar la vestimenta (motivo del cartel que ya viste) es característico a lo largo de los centros de producción agrícola. Podrás notar también que las mujeres llevan sus niños a la espalda, niños en edad escolar, jóvenes adolescentes. Todos tienen que trabajar para aumentar sus ganancias y posiblemente ahorrar para cuando regresen a sus comunidades de origen.
Habrás notado las jornaleras llevan una bolsa de plástico, ahí lleva el almuerzo de la familia, que realizan a la una de la tarde, para continuar en la labor hasta las cinco.
La camioneta por fin llegó, la trabajadora social y el chofer emprendimos el viaje a los campos. Inquieto, revisaba mi cámara, una Pentax 35 mm. Llevaba diez rollos a color. No tenía tiempo de equívocos ni de temores. De repente por la ventanilla aparecen los campos, una fertilidad inesperada, después de tanta aridez. El valle es inmenso y es notorio como la tierra se transforma en fértil, su consistencia y aspecto es diferente, sentía que al pisarla germinaría.


Los jornaleros en plena acción solo nos devolvieron el saludo y una indiferente mirada. Miré al cielo, un azul acerado, frío, el sol cubierto por una nubosidad baja y fresca, ideal, pensé; cuando la luz del sol es muy intensa, los reflejos y contraluces son un obstáculo, yo quería fotografías descriptivas no artísticas. De inmediato me metí por los surcos; hablar aunque no te entiendan, sonreír, bromear, tratar de que los jornaleros no se sientan incómodos, atacados, observados. Muchos, sobre todo comunidades indígenas, no les gusta ser fotografiados, dicen que se les roba el alma. Así que ganarse su confianza es fundamental y no estorbar en su labor. El encuadre tiene que ser rápido, preciso, la gente se mueve, no se detiene a posar. Moverse por los surcos con agilidad, correr, inclinarse, agacharse, buscar la toma, el instante preciso; se empieza a sudar como ellos, a ser con ellos.
Cambiar de rollo, subirse a la camioneta y continuar el viaje a otros campos. A veces la división entre campos (entre dueños) está marcada por una hilera de árboles, formados como batallones, que se inclinan por la fuerza de la brisa y que sin perder del todo la vertical parece que todos te miran de lado. Aparte de servir de límite a las propiedades, protegen los cultivos del fuerte viento.
Ese día recorrimos seis campos. Teníamos que ser muy selectivos, no visitamos todos, el valle es inmenso a uno y otro lado de la carretera, el tiempo apremiaba y con el material recabado era suficiente para la exposición.
A las “oficinas” llegamos a la siete de la tarde. Satisfecho por la experiencia pero inquieto por el resultado, me fui caminando al Motel Chávez, un baño reparador y a comer. Como método, cuando salía a tomar fotografías desayunaba muy ligero, un jugo y un café. Durante el día agua para evitar la deshidratarse, y comer hasta que la jornada había terminado. Trabajar todo el día al rayo al sol, no se antoja comer y si lo haces, los alimentos se te fermentan y te sientes pesado, somnoliento y de mal humor y por si fuera poco no hay baños. Al final de cada campo están unas letrinas, que pocos jornaleros usan, y que son comunitarias (la misma para mujeres y hombres y niños) así que ya te imaginarás el estado en que se encuentran.
Con este panorama, pensaba que regresaría a casa con varios kilos menos, en los huesos, pero la sorpresa me esperaba en el restaurante del bien recordado Motel Chávez.
Entré y el lugar estaba vacío pero muy agradable, manteles blanquísimos, luz tenue, presagiaba buenas cosas. El mesero muy correcto me da la carta, menú interesante, precios sensatos. Pido un arroz blanco y una brocheta marinera (término medio) y una sangría natural (sin vodka). ¡el paraíso! Cuando pruebo el arroz: ¡de una consistencia, con un sazón únicos! Lo devoré, no sólo era el hambre que traía, estaba estupendo, a veces las ganas de comer te impiden reconocer los sabores, pero aquí, el placer era completo. Pido otra sangría, la última (no acostumbro beber y menos solo) y era ambrosía, néctar de los de los dioses. A lo lejos veo al mesero traer mi brocheta marinera, cuando está frente a mi, juro que era como ver a Palas Atenea o Afrodita, te parecerá hiperbólico, exagerado, pero si la hubieras visto y comido, estoy cierto que opinarías lo mismo.
La brocheta marinera es como las espadas brasileñas, sólo que aquí son pequeños trozos ensartados: tocino, pimiento verde, jitomate, cebolla y camarón, después otra capa de tocino, pimiento verde, jitomate, cebolla y carne de res (filete) y así sucesivamente. Puede ser al carbón o a la plancha, como guarnición arroz rojo, y por supuesto, termino medio para que la carne esté en su jugo. Y ¡al ataque! Mar y tierra unidos en la boca de un mortal. Después de tal acontecimiento la vida cambia. Orondo regreso a la habitación a trabajar en los carteles.
La mesa de tocador me sirve para empezar a bocetar. A media noche me asalta la sensación de la distancia, prendo el televisor y trato de ver una película, la que sea, a pesar del cansancio no quería dormir, muchas veces me pasó, un día intenso y al llegar al cuarto de hotel tener el presentimiento que al abandonarse al sueño uno despertaría distinto, con otra identidad a causa de noches no conocidas en lugares lejanos. Es un temor incongruente, como todos los miedos, porque al despertar sigue uno siendo el mismo irremediablemente.
Por la mañana parece que la noche no ha dejado huella; un baño riguroso, pantalón de mezclilla, camisa de algodón de manga larga, unas botas todo terreno y la cámara al hombro, atuendo irreprochable para buscar un buen día.
Me encamino al remedo de oficina para esperar la camioneta y a las trabajadoras sociales que nos llevarán a los albergues. Tomo un café. Empiezan a llegar un regimiento de mujeres, todas muy jóvenes, quince en total. Me explican que son trabajadoras sociales del programa que también esperan la camioneta y ser repartidas a los distintos albergues. Cuando los albergues están muy lejanos (de cinco a diez kilómetros) son llevadas por la camioneta, los que están cercanos, a unos cuantos metros sobre la carretera, las trabajadoras sociales realizan el trayecto a pie.
Legó una panel y comenzamos el recorrido. Fuimos repartiendo a cada una en sus respectivos albergues, a varias solo se les dejaba a la orilla de un camino de tercería y las trabajadoras tenían que continuar caminando.
Para poder entrar a un albergue o a un campo (field) le llaman los lugareños, tienes que obtener un permiso especial que tramita la trabajadora social con el administrador o el capataz. La entrada está restringida, puedes llevarte un buen susto, por arrojo dos días después entré a tomar fotografías a un campo donde se cultivaba el melón, llegó el capataz machete en mano y tuve que salir corriendo con el Jesús en la boca y el corazón retumbando en los oídos.
Sergio Astorga (continuará)

lunes, 30 de marzo de 2009

San Quintin III

Nos quedamos en San Quintín, a las ocho de la noche, molidos hambrientos y cansados. Mi encomienda era: preparar una exposición fotográfica de las condiciones de vida y trabajo y elaborar carteles alusivos al programa para la feria regional de San Quintín.
Llegué el lunes y el sábado en por la mañana tenía que estar todo listo. No tenía tiempo para remilgos, así que junto con el coordinador estatal hicimos un plan de trabajo: martes y miércoles iría a tomar fotografías a los campos y a los albergues para que los rollos se los llevaran a Ensenada para revelarlos y el viernes, hacer la selección de las mejores fotografías y montar la exposición. Mientras tanto haría los carteles (cinco en total).
San Quintín es una ciudad pobre, es una lengua a los lados de la carretera transpeninsular, bajando hacia el sur esta Guerrero Negro –centro turístico de surf- y siguiendo por la carretera se llega a los Cabos y a la Paz donde la ballena gris se reproduce., pero ese paraíso estaba muy lejos.
Esta lengua tendrá unos cinco kilómetros de longitud, hay cuatro manzanas a lo mas, de uno y otro lado de la carretera, todas sin pavimentar. Existen dos moteles solamente. Yo me hospede en el Motel Chávez (carretera transpeninsular km. 194). En la tarjeta que me dieron decía: Higiene y Confort, Amplio estacionamiento, Parabólica y Calefacción, y era verdad, lo mejor de San Quintín era el Motel Chávez, sobre todo el restaurante.
La mañana del martes, bañadito y descansado, me dirigí a las oficinas del programa, y decir oficinas es enriquecer el relato porque era un cuarto con un escritorio, sin teléfono, sin luz y la mayor parte del día sin agua corriente, un espacio nada acogedor. Yo iba inquieto, era mi primer viaje donde tenía que entrar en acción como fotógrafo. En estos casos no hay como la intuición y quitarse el miedo. Recurrir al método inductivo y tirarse al agua. Esperaba la camioneta y a la trabajadora social que nos llevaría a los campos y a los albergues. Me detengo aquí para contarte que las trabajadoras sociales (verdaderas adelitas, mujeres admirables) son el enlace entre los jornaleros y el programa. Ellas conviven todos los días con las familias jornaleras y llevan a cabo los objetivos del programa. Actividades desde las más simples (lavarse las manos, vacunación, reglamento de convivencia, limpieza de la vivienda. Parece exagerado lo que te digo, pero las condiciones de convivencia son de excepción.
Los campos de cultivo están en un inmenso valle, aproximadamente a dos kilómetros del mar. Es una zona agrícola de primer orden, de alta tecnología. Son tierras de riego (goteo) no de temporal (lluvia). Existen plantas tratadoras de agua de mar y los mejores procedimientos de la agro industria. La inversión es fabulosa, hicieron fértil un valle que de manera natural sería imposible cultivar. Por desgracia la capa de tierra fértil pronto será erosionada y tal vez San Quintín con los años se convierta en un pueblo fantasma. Toda su riqueza (relativa) proviene de la explotación del valle. Los dueños de los campos están en unas cuantas familias.
Los cultivos principales son hortalizas: tomate (producto principal) papa, ejote y frutas melón, fresa, sandía y existe también una zona de floricultura. La mayoría de los productos so para exportar.


En la fotografía se puede apreciar a la jornalera poniéndo la semilla en una rejilla. Estas rejillas se llevan a un invernadero. Cuando germina y la mata (planta) ha crecido unos diez centímetros está lista para el implante. Para entonces ya está preparada la tierra; con el tractor se realizan los surcos donde será depositada la planta. Recuerda que en ésta zona hay tecnología, en las zonas de expulsión (las comunidades pobres) todavía se utiliza la yunta, el arado se realiza a pie y al tiro de animales de labor. La yunta es jalada por bueyes, mulas o caballos.

En la segunda y tercera fotografía se realiza el implante. Podrás observar que el trabajo es manual. Notarás también unas líneas negras a lo largo del surco, son las mangueras, kilómetros de plástico negro por donde correrá el agua, el sistema se llama riego por goteo. Recuerda que también existe el riego por aspersión, por gravedad y el más antiguo y natural: por lluvia (tierras de temporal).

La cuarta fotografía describe el momento de la pizca o recolección del tomate (jitomate). Podrás notar unas varas o palos clavados en el surco, se le llama estacón; sirve de guía y sostén a la planta en su crecimiento. Después del implante y cuando ha crecido la planta se procede a clavar el estacón; de estacón a estacón se tienden líneas de alambre paralelas entre si a todo lo largo del surco que servirán para amarrar la planta y sostener su crecimiento. En la fotografía no se aprecia (el alambre) porque la planta ya ha crecido y se encuentra en plena producción. Cuando la planta empieza a desarrollarse se realiza el trabajo de desyerbe; a un lado de la planta va creciendo hierba y es necesario arrancarla para que el surco quede limpio y no debilite el desarrollo de la planta.
Sergio Astorga