viernes, 17 de agosto de 2018

Sexagésima primera columna


Algunas columnas tienen la forma de mujer para aplacar la sed de las fuentes.

Fotografia: Chafariz da Rua Oscura. Porto, Portugal.

martes, 14 de agosto de 2018

viernes, 10 de agosto de 2018

La 34


La 34, exhausta, se perdió la meta. Escuchaba pasos, silbidos, voces. Ráfagas de punzantes recordatorios. Su infancia, sin acomodo, siempre corriendo se le fue metiendo por el carril derecho. En el último sprint la rebasó con facilidad. Sus patrocinadores la increparon. Ella, sumisa ante las evidencias, se hidrató para recuperar el llanto vertido.

jueves, 9 de agosto de 2018

martes, 7 de agosto de 2018

Sr. Moteado



El Sr Moteado no conoce al ocelote. Sombra, sueño y engaño lo persiguen en el fervor de creer ser único. Es verdad que hay un brillo en sus ojos, un felino ardor y ese obsceno andar de ridículo macho. Nada lo consuela, tiene ahora el tizne del himno roto. Alguien le dijo que el ocelote tiene mas poder y misterio. Él sacó su tamborcito, los crótalos de la abuela y encadenó, con el vientre manchado, canciones de lamento, de ruina. Ya no duerme. Resiste sonámbulo los nombres que le den identidad. Su casa, la gente que camina en las calles le parecen inhabitables.
Le fue creciendo el heroísmo. Tirarse a la hoguera. Nacer con otro sol en la piel. 
El fuego no es suficiente. Ayudemos al Sr. Moteado donando leña, carbón o cualquier objeto combustible. Seguir la huella del humo.

lunes, 6 de agosto de 2018

Lección vigésima cuarta


La espera es el hoyo del anhelo. El negro fondo de la boca abierta.

Fotografía: pelas portas do Porto, Portugal.

viernes, 3 de agosto de 2018

Lección vigésimo tercera


De tanto insistir los reflejos del encierro deciden quedar también presos.

Fotografía: Antiga Cadeia da Relação do Porto, Portugal.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Agosto


Agosto viene filtrado por las cavernas para darnos el fruto. Ese que nos alimenta; no importa el continente donde lo comamos. Porque ese paso entre el día y la noche encierra el misterio de los que alguna vez quisieron comerse.

martes, 31 de julio de 2018

Alto contraste


Nunca vestiré de negro. Adoro el blanco. Sus huesos eran de una blancura purísima. ¿Y me preguntas porqué la desorganicé?

viernes, 27 de julio de 2018

miércoles, 25 de julio de 2018

Arnulfo el panadero


Besos, bigotes, birotes, cemitas, cocoles, conchas, corbatas, cuernitos, salían de su horno en esa panadería de las calles de Esperanza y 22 de Febrero. Panadería Líbano, se así llamaba en honor a un bisabuelo que estuvo trabajando con libaneses en la venta de ropa por las calle de Tres Cruces. Gracias a ello, Arnulfo pudo dedicarse a lo que más talento tenía, amasar y hornear. Intentó ser ceramista con poca convicción, hasta que entró de chamaco, tendría 15 años, a la panadería que a la larga compró y le cambió de nombre.
El éxito de sus Garibaldis no tenía comparación, mal salían a los aparadores cuando la gente se arremolinaba para comprarlos.
Grajeas, hojaldras, orejas, pan de yema, puerquito, rehilete, trenza, desfilaban envueltos en ese santo olor de mantequilla tibia que no pocas veces en la calle se conglomeraban compradores y no compradores levantando sus narices inspirando extasiados.
Arnulfo envejeció y en la panadería se mira colgado un rotulo que dice: Se Renta.
Es una pena que el olor, que da pie a la nitidez de tantos recuerdos se pierda y nadie quiera aprender tan sabroso oficio. Su hija, única posible heredera, decidió ser nutrióloga.
Si algún escritor, con dotes de biógrafo, quisiera hablar con Arnulfo, la comunidad está dispuesta a cubrir sus honorarios y una taza de café con leche para sopear su cuernito.

martes, 24 de julio de 2018

Lección vigésima segunda


Mentiras, uno no se da cuenta de nada. La prisión es cotidiana; hasta la luz se queda inmóvil en su amarillo frío.

Fotografía: Antiga Cadeia da Relação do Porto, Portugal.

lunes, 23 de julio de 2018

Espergencia Ramírez


Encendía el espacio con su su cuerpo en movimiento continuo. Su escenario taladra el fondo de la tierra y labra el aire. Domadora de la tutela de la gravedad. Espiritual, con la misma semilla que se derrama en los teatros terrestres. Su tintineo se pega como el primer sonido que nos impulsó a movernos. Paso a paso dejó atrás los ecos muertos y el que le sigue parece que renueva su esqueleto. Su carne trabajada, como la buena madera de las guitarras, vive la furia del ritmo. 
Espergencia Ramírez, la de los pies alados, tuvo miles de admiradores en su centelleante carrera por los teatros. Un día, cesó, se volvió invisible. Su abandono se hizo mito. Joven y pura como manda la vetusta estética cuando el pozo se seca.