viernes, 27 de marzo de 2020

Dos palmeras


A los doce años cumplidos se matriculó como vividor desalentado de la palmera. Como los miles de estudiantes que se inscriben para huir a los pocos meses y encontrar un empleo simple, monótono, pero con tiempo libre para tirarse en la arena caliente, así le sucedió a Román. Se instaló en su palmera como un pájaro salvaje. Nada mudo en él a pesar de que en el año de las fiestas de San Aníbal, llegaron las muchachas con el pelo recogido y falda rebullera. Exigente y celoso no sucumbió a los ojos de Otilia, ni a sus dedos finos ni a su candente voz de ternura. Román, guardó silencio y se dejó dominar por la sombra de su palmera. Fue entonces que consideró viajar a Europa, se quiso despedir pero no encontró a nadie. Huérfano de propósito, violado de padre y encelado de madre, compró su billete de barco para París. Le preguntaron si sabía hablar francés, dijo que no. Perdió el billete y se puso a estudiar francés, hasta que conoció a Elizabeth, mulata de Santiago de Chuco. Olvidó París y al aguacero y ahora se dejan ver dos palmeras meciéndose con todo su cariño.
Así es la compañía, dicen.

jueves, 26 de marzo de 2020

Septuagésima octava columna


Algunas columnas manifiestan el sincretismo desde sus cimientos. 

Fotografía: Iglesia de San Pedro de Tiahuanaco, La Paz, Bolivia.

miércoles, 25 de marzo de 2020

El Señor T


El señor T tiene el gesto oclusivo sordo. Arrastra en su saco rojo las cenizas del vocabulario que usaba cuando en el Liceo estudiaba la axiología de la dignidad de las frases iniciadas con la T. Apreciador del coñac y de las camisas de lino, le dolía ver a su hermana llorar por una S mal vestida. Se dolía pero no podía intervenir, cada quien tiene su alfabeto y no se puede borrar de la noche a la mañana. 
Traigo a cuenta al Señor T porque hoy, al mirar mi sombrero colgado y al gato estirarse con esa hereje complacencia en la cocina, porque comprendo con esfuerzo que las letras iniciales marcan el temperamento. Él sabe que el afecto que le tengo tiene una U que lo abraza, no importa que el Señor T tenga la boca hinchada de tanta tontería.
Quién soy yo para entrometerme si soy una Ñ revolcada en un salsa de sonidos.

lunes, 23 de marzo de 2020

En ayuno

Ellos son testigos de esa araña enorme que anda convencida que sus innumerables patas tienen el consuelo de los caminos. Viajeros contumaces salían indistintamente de sus heredades. Honrados miraban el sol con nostalgia. Sus nombres: Nicolás, Conrado, Martín, Eustaquio y Fernando. Quedaron en los huesos, sus lineas les dieron la intuición del martirio. No se dolían. No eran hombres malos. Pioneros sí de la migraña del caminante, ese dolor de andar sin brújula, al encuentro virgen de las cosas. Se conocieron en el pavimento, a la hora del hambre, decir la fecha es decir siempre. No era tristeza lo suyo. Era buscar el lugar soñado, donde la cebolla no provoca lágrimas, ni el ajo mal aliento. Quieren sacudir su persona, tener dicha. Les urge encontrar, bañarse. Dan ganas de ayudarles, darles un vaso de agua, un corazón bueno o un cuchillo para que dejaran de buscar.
Se conocieron hace tiempo, en los tiempos locos. Dan ganas de acompañarlos después del desayuno.

sábado, 21 de marzo de 2020

Octogésima segunda lección


Todo encierro es una manera de encuadre.
Percibir esta realidad nos libera.

Fotografía: Desde Retoría, Porto, Portugal.

viernes, 20 de marzo de 2020

Queja en azul


Hoy me acuerdo de sus ojos. Eran un sulfato de azul, un balazo de emoción encadenada. Sí, quisiera preguntar por dónde anda. Tendría que preguntar a otros que la vieron. Que tomaron café y desayuno con ella. Quisiera tocar las puertas donde sé que anduvo. La gladiola, el silencio, el punto final. Por eso con este pregón la busco. Triste, arrugado. ¿qué estará haciendo? me pregunto. Tomo esta copa de vino y me dan ganas de tocar esa falda de satín y ese andar de caña en la zafra. Yo no sé porqué esta distancia si en septiembre tuve todo octubre entre mis noches. Si no fuese hombre también la sufriría, porque su azul pupila me llegó tan hondo que arruinó mi blanco y negro. Me hecho a la sombra y vivo el recuerdo. Me quedo quieto. Algo de humanidad presumo, tengo.
Comprendo con esfuerzo, que es indiferente contar lo que te cuento.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Enclavada


El clavo de su amor estaba en ese rincón de su cuerpo, ese que huele a olivo. Treinta metros por segundo te daba vuelta una idea que dialogaba sudorosa, mecánica: ¿cómo  sacar ese clavo?. ¿Cómo sanar de tu amado?. ¿No sabes?
Quieres llorar todo el tiempo a ojo abierto. Como si abotonaras tu camisa terminas tu día zurciendo las horas, tus documentos, el certificado que dice que cursaste la primaria con sobresaliente.
Ay de ti, desde mi tórax te digo: tira el zapato roto y no lo veles. No insistas en esa miseria de hambre. Todos estamos clavados y tenemos reloj. Mírate de perfil que la gravedad es poca y tápate el agujero con pasta de dientes.
Antes de que el sol se vaya, te digo, jala con el pulgar y el meñique, antes que se hunda en el músculo de la culpa. Es mejor oler la sangre amada.

martes, 17 de marzo de 2020

Encuentro bronceado


A las ocho de la mañana en un mar ácido, como ácaro hambriento el viento se llevaba el resto de la cauda desde la ingle. La tarascada fue bárbara. Inaudita porque ella, experta nadadora no se dio cuenta de esa sigilosa corriente matinal. El Cachalote experto en sirenas vírgenes, sabía que la violencia no tiene dignidad, le dio la dentellada certera. Le quitó la gana de vivir y ese afán de cantar a brasa viva.
Si no fuera amada nadie tendría una palabra de consuelo. Al saberse la noticia, miles de sobrevivientes de su canto benigno construyeron la fuente donde vive bronceada con su cauda partida. 
Estremecido, hoy he pasado para darle mis respetos, sordo a la cordura.

martes, 10 de marzo de 2020

Puericia. Octogésima séptima lección


Algunos niños todavía se sientan en los frontones a platicarse historias de encantamiento.

Fotografía: Oporto,Portugal.

sábado, 7 de marzo de 2020

Octogésima sexta lección. Horror al vacío


Las autoridades repintan, gustan del minimalismo, en cambio, la juventud disidente gusta del barroco.

Fotografía: Porto, Portugal.

domingo, 1 de marzo de 2020

Marzo

Escondido como una señal o una fecha cálida entre el aire frío se encuentra marzo. Como una medida que se dibuja y se borra a toda ora renace fuera de ti, con esos lazos que nos unen como lectores; con la levedad de la hoja de papel en blanco.

viernes, 28 de febrero de 2020

Septuagésima séptima columna


Algunas columnas tienen en su fuste estoperoles para defenderse de las insanas miradas.

Fotografía: Igreja da Misericórdia.Guimarães, Portugal.

martes, 25 de febrero de 2020

Orestes Orellana


Orgulloso de ser el remedo de “la O de Giotto” Orestes Orellana se ufanaba de ser el símbolo armónico de su genero que pasaba del óvalo al ojal. Presuntuoso, se quejaba de su entorno: “no saben ni la o por lo redondo” decía, alargando su brazo para en el aire realizar una especia de enrolamiento de su persona. Rodar por la ciudad era su pasatiempo preferido, gustaba cuando veía el rostro de la gente dibujar con los labios la O de su nombre. 
Su amable trato no fue suficiente y su destino se fue curvando inexorablemente. Ahora cuando pasa por la avenida de los Aliados, la gente exclama: “Oh. Oh, que pena que su círculo vital disminuya”. 
Los gramáticos que lo han visto pasar vaticinan que se convertirá en un cero muy cerca del finito vacío. Otros, con su cuaderno pautado aseveran que se mudará en una nota musical.
El % de opiniones se equilibra, en tanto, Orestes Orellana se ha puesto a estudiar geometría para ver si sale de la O por la tangente.

sábado, 22 de febrero de 2020

Astillas de vuelo


Sus ojos astillados son noche y nada más. No hay gritos, sólo la estatua de su vuelo dorado queda. Huraño, su adivinanza lo encontró en la tierra. Varado, se va por la orilla de la conciencia. 
En la palma de tu mano, si la miras, hay dos líneas carnosas que la atraviesan, son los vestigios del vuelo fallido que todos tuvimos. Por eso los jamas y los siempre han hecho nido entre nosotros. Los sentidos nos unen. Te aviso.

jueves, 13 de febrero de 2020

El Señor Trazo


Tan pálido como una nieve de armario y tan sediento de sol como la lagartija, el  Señor Trazo se puso a podar el pasto y fue entonces que se dio cuenta de estar vivo. Siempre un trozo de lengua, un deshuesado puesto de pie. Nunca sino ahora tiene horizonte. Ahora se advierte extraño, le sorprende como se pasó el tiempo sin darse cuenta del estruendo de la calle. Siempre caminando en paralelo. Miraba las cúpulas y ahora franquea los puentes. Ahora no se duele. Se sabe vivo. Tiene una causa. Por eso escribe cartas. Ha comprado miles de sellos postales. Si te llega una a la puerta de tu casa, no te preocupes si la miras y no ves al remitente. Él vive en la estancia luminosa, con esa sorda luz que lo deja esbelto, sin número, sin puerta.

martes, 11 de febrero de 2020

Libre pensador


Solitario, aferrado al frío de ser hombre. Predador y popular no hubo trabajo que no intentara, compitiendo con los caballos, con los burros; con los otros hombres y con la debilidad del ofendido se cubrió las cicatrices de la espalda. Al fin mortal, le salió al paso una justicia que no creyó porque era de la misma especie. La vida le sabia a yugo y no se enteró de las póstumas palabras que le mostraban la salida. Armado hasta la frente por las buenas, retrocedió en su odio y quiso aguzar el oido. 
Los muertos son inmortales, por eso, si tu te sientes mortal será porque que la pólvora es colectiva. Si has salido, te digo, y tienes un diámetro de vida, cuéntale a otro lo que pasa. Es urgente.