El peso inaguantable, atroz. Pidió auxilio. Al no tener respuesta. Emocionado, lanzó lenguaraz, blasfemias honradas a las ventanas del mundo.
Las vacantes rodean con ojos insanos la escena.
El peso inaguantable, atroz. Pidió auxilio. Al no tener respuesta. Emocionado, lanzó lenguaraz, blasfemias honradas a las ventanas del mundo.
Las vacantes rodean con ojos insanos la escena.
Muchos seguimos sus pasos, picando la soberbia de sus granos esparcidos por el mundo.
Encallada se lamenta cada hora por ola.
Con pocos trazos fueron dibujados. Se hicieron trizas. Unos callaban otros gritaban. No sabían cómo terminar el año. Interpretaban la entrada del invierno. Magdalena, la más sabia, tejió una trenza de ajo y la colgó a la entrada de su casa.
Toda la calle la imitó. Ahora se acabaron los malentendidos y un olor a ajo los envuelve y adormece.
Se vende instructivo de como trenzar.
Irremediablemente unidos, no sólo por su afición al pan horneado sino por su antagónica manera de pronunciar. Ella, un sonido consonante oclusivo y sonoro. Y él, consonante obstruyente, oclusivo, dental y sordo.
Él de pie grande, y ella diminuto, se adaptaron a sus diferencias.
La discrepancia, si la hubo, la tuvo el gluten. Ella enfermó y él enloqueció. Por fortuna encontraron cobijo en la terapia y en su concienzudo estudio sobre el metabolismo.
Sonoridad y sordidez, nunca fueron tan armónicas en el habla común.
Cuando llegamos al campanario un polvo dorado nos impidió ver el paisaje. No podemos bajar ni subir. Esperamos que vengan por nosotros, antes que nos desintegremos.
Nació con la lengua equivocada. ÉL gustaba de llamarse conejo, no rabbit. Le gustaban las zanahorias con epazote, no las lechugas transgénicas.
Intentó por todos los medios granjeros mudar la R por la C sin conseguirlo. No se consuela ser llamado con otra lengua. Es ser dos veces renegado.
Rabbit a la parrilla fue su cruel destino.
Hubo una vez un Adán que se quiso cubrir con la hoja y le
quedó chica. Desde entonces nada lo ampara del frio.
Tiene la H de por medio y por fin. Huerta por parte de padre e Hidalgo por parte de madre. Envuelto en la mudez, sufre por partida doble. Su ayuno de voz es irreversible. Le falta claridad de pecho. Suceda lo que suceda el silencio se le sucede con normalidad.
Yace Enclavado.
Federico, adormeció cuando la F apareció en su campo visual. Fue fácilmente feliz. Feraz fervor fundamentó su figura. Abrazó con fuerza las finuras que lo rodeaban. Furtivamente borró todas las letras anteriores y se fugó para siempre con la fricativa labiodental sorda
Jacinta llegó al salón de clases. Bajo el brazo su libro
de Gracián y en su rostro el semblante hierático de Madame Curie. Sus alumnos,
con el semblante del Periquillo Sarmiento, devoraron la figura de Jacinta hasta
que una sensación orwelliana los dejó ensartados en el pabellón número 6.
Jacinta sin inmutarse escribió en sus notas las
indicaciones para la siguiente clase. El barroco será el tema. No espera tener
alumnos.