viernes, 20 de diciembre de 2013

Bocacalle


Ciertas horas del día no tienen peso. Impalpable, la presencia de un farol atestigua los recovecos que se forman cuando la mirada se da cuenta que el espacio abierto existe distante. La realidad es suspendida por finos equívocos de imágenes. No es la memoria la que habita. Son los ojos ignorados de las cosas que de repente aparecen. Es la transparencia entre el ahora y el después. Ingresas al labio del umbral y cada camino que te llega se embriaga de dudas y de espanto. Como una telaraña de claridades las manos están frías y las palabras se calcinan. Inmóviles, ya no pensamos en el camino. Llegar o salir pierde destino. Plantados como cepa, sensibles a este tiempo que se abre en dos, se derrocha la mirada.
Hay ciertas horas del día que una ciudad entreteje su lujo y un cordón umbilical se va conjeturando.
Hay ciertos días que los minutos no pasan.    

Fotografía Miragaia, cualquier rua. Porto, Portugal

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