viernes, 8 de junio de 2018

Día de museo


Cansado de mirarse a sí mismo se fue al museo a buscar lavarse la cara con los retratos que hicieron los pintores del siglo dieciséis. Miró rostros de cardenales, reyes y gente común. Se vio representado, encontró semejanza en cada uno de ellos. Se reconoció, se palpó y descubrió su insignificancia entre tantos ojos y narices. Fue entonces, que entró a la sala de de arte del siglo xx. De inmediato se despreocupo con esos rostros que no representan a nadie y que sólo personifican una intensión de trazo, de gesto, de existencia. Destinado a ser hombre, sintió un alivio encontrarse en esa levadura de lo informe, en esa confusión de rostros que pueden tener o estar en cualquier cuerpo. Caras que tienen nombre de color, espacios que rasgan la forma. De prisa, entre corredores, buscó esconderse, se acodó en la ventana, alargó la vista y comenzó a reconstruirse como parte de esa masa que lidia con su realidad día por día.

En recta conciencia se puede concluir: se tienen que visitar los museos en domingo y en familia, para que la tribu consuele.

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