jueves, 20 de febrero de 2014

La incerteza de Gatri


Gatri es un coludo por parte de madre y un bigotón por parte de padre. De patas largas y hábitos realmente mesurados apareció un buen día dentro de una caja negra. No sabíamos que era su casa. Solo cuando la abrimos comprobamos que ahí vivía. Después comenzamos a dudarlo porque jamás quiso volver a entrar si era observado. Pasaba largas horas perdido, o cuando menos fuera de nuestra vista y por más que lo llamábamos no aparecía hasta que lo encontrábamos en la caja. Nos fuimos acostumbrando a que Gatri puede estar fuera o dentro de su caja. Estas dos realidades son tan evidente que nunca pensamos que si la caja no estaba significaba que Gatri estaba muerto o aparecía vivo en otro lugar dentro de su caja. Muchas veces sucedió. Hasta que un buen día no encontramos la caja y por tanto a Gatri. Si no encontramos la caja, deducimos, Gatri no puede ser visto y por tanto estar vivo.

Si encuentras una simple caja negra y la abres, vas a encontrar al gato llamado Gatri que es coludo por parte de madre y bigotón por parte de padre. Recuerda que tienes que abrir la caja, la sospecha no es suficiente. Es irrelevante que quieras ser su dueño.

Sergio Astorga tinta/papel

sábado, 15 de febrero de 2014

Las aventuras de Javiercito y su pastilla


¡Papi! me das tu gorila negro para jugar en mi cuarto. Mi tortuga se murió, dice mi má. ¿Quieres jugar? No te pongas serio. Si yo fuera ese capitán de la historia que me contaste, ese de los cabellos negros y largos con un parche en el ojo izquierdo, podría darte con mi espada la libertad. Yo sé que estas preso.
¡Toma!. ¡Toma! Papi, ¿me compras una espada?

Javiercito con la piel morena danzando por sus siete años. Vivía en una casa rentada, con sus padres, que alguna vez sonrieron. Javiercito, obediente tomaba su pastilla, una al despertar y otra antes de dormir. Era una pastilla verde, para la ansiedad, les dijo el doctor. Ma, si yo fuera ese príncipe a caballo de la historia que siempre me cuentas te libertaba de la bruja mala. ¡Toma. ¡Toma! Ma, ¿me compras un caballo?

Al llegar a la cama, la luz negra entró como una pedrada y en silencio comenzaron a surgir esas imágenes febriles. Un gusano enorme se subía a su pecho y se metía por su garganta. De repente, su tortuga muerta se movía lentamente delante de sus ojos. Olía a flores, como la loción de Ma, se contestaba. Una loba abrió su hocico y se tragó a la tortuga. Fue entonces que apareció el dragón de grandes ojos. Alzó una de sus bestiales patas para aplastar a la loba.

Somnoliento, Javiercito caminó hasta el cuarto de sus papas. Se acercó a la cama.
¡Papi! ¡Papi! me puedes dar otra pastilla. La loba mató al dragón y quiero ir a buscarlo.

Sergio astorga mixta/papel

miércoles, 12 de febrero de 2014

Suspicacia



Su cuerpo creció fuerte, redondo, con la suculencia del presagio y la cabellera suelta. No es bonita, decía su padre, tiene una nariz muy grande y caderas estrechas. No se parece a mi mamá. Confirmaba, cuando la levantaba de las axilas para revisarla. 
Para sorpresa de su familia ella creció con la rebeldía en sus ojos y ese fuego sofocante de la voluntad. No sabían que el misterio es gordo y duradero.
Cuando salió de casa, el odio de su madre ya había fermentado.
La han visto caminar por diferentes calles en distintas ciudades. Su semblante ha crecido dulce, han llegado noticias. Tan salida, tan ágil, que va quebrando las invisibles ataduras de los rostro mustios.
Todavía se escuchan algunos lamentos de muchachas atadas a la pantorrilla de la mesa diaria. Tal vez por el bochorno que produce la obediencia. 
Si tienes el buen fario de encontrarla por tu calle no pierdas el equilibrio porque cuantitativo, el suspiro que te saldrá tiene el natalicio mental del salto.

Acuarela sobre papel 20 x 30cm.

lunes, 10 de febrero de 2014

Sin novedad


¿Será que la tierra que vemos
es ceniza del mismo fuego?

El olor del río
por la mañana es tambaleante.
La historia es pegajosa.
Siglos de ser contada.
Las puntas de los dedos se entumen
y aliento se adelgaza de tan vano.

No hay aire.
Sólo este tiempo helado
que no tiene vértebras.

¿Será que el hueso que da cuerpo
nada cuenta de nuevo a la memoria?

Técnica mixta.

sábado, 8 de febrero de 2014

Los yerros, yerros son


Sus buenas intenciones le llevaron a revisar el gran Libro de las Impertinencias. Parecido al I Chin (libro de las mutaciones), con la diferencia del uso occidental del orden alfabético. El libro de las Impertinencias se basa en la interpretación de las primeras percepciones. Su protocolo es muy sencillo. Un hecho objetivo tiene dos posibles maneras de abordar, uno basado en los usos y costumbres, donde siempre se busca transferir a los otros nuestros errores cometidos, y la otra manera de interpretación es a través de la intuición primera. Esta segunda manera es la que trata el Libro de las impertinencias. 
Abrumado, por no saber si había elegido la profesión adecuada y avergonzado, por la descomunal barriga producto de sus taquizas de nana, cuerito y trompita. Realmente, estaba desconsolado por no encontrar una pareja que le diera lo que su madre le heredó. Con ese panorama, tuvo el firme propósito de enmendar lo enmendable y descartar lo menos posible porque uno después lo puede necesitar. 
Cansado de las lecturas de auto ayuda, terapias en grupo y en solitario, pensó, como buen desahuciado, arrojarse al primer convoy del metro. Para colmo, la estación mas cercana era San Pedro de los Pinos, linea 7 que en ese horario, 10 de la mañana, estaba prácticamente vacía y no habría la suficiente gente para detenerlo. De repente, su mirada se detuvo en un pequeño aparador con el aviso de: se traspasa, liquidación total. Una vieja librería de usado con el clásico moho en el ambiente. En el segundo estante a la derecha, un libro grueso de pasta dura dejaba entrever su título: El Libro de las Impertinencias. 
Ya en casa, preparó un cafe bien negro con mucha azúcar y comenzó a leer: “Conócete a ti mismo”. “Las mentiras mas crueles son dichas en silencio” “Lo necesario, aunque cueste sólo un céntimo, es caro” “El hombre es ante todo un animal que juzga” ”La ambición es el último refugio del fracaso”. Sinceramente, era un libro impertinente, en eso no tuvo duda. 

Terminó su cafe y con el rostro beatificado por la ratificación de los usos y costumbres se fue a la cama con una máxima futurista: los yerros, yerros son. 

Sergio Astorga Mixta/papel

jueves, 6 de febrero de 2014

Concierto de atril para dos en Fa mayor detenido por Mi



Bajo el patrocinio del afamado solista Peter Arévalo, mejor conocido por el “Meticulosi” se celebró, con sumario éxito, el Concierto de atril para dos en Fa mayor detenido en Mi. 
El recinto, la capilla del Rosario de Azcapotzalco fue prácticamente abarrotado por las notas subidas de tono de los asistentes, todos vecinos de la entidad, chintololos para mas señas.
El concierto se desarrolló sin contratiempos de blancas y dejando que las corcheas pudieran explayarse a voluntad. Nunca escenario tan barroco coincidió tan puntillosamente con los estípites sonoros del primer violín. 

Al inicio del primer movimiento, un Presto con fuoco, el retablo en su primer cuerpo parecía que se desdoraba a causa del ímpetu de las cuerdas. Por fortuna un cambio drástico de cadencia dejó las pechinas en su lugar y la preocupación quedo descansada en los capiteles.

El segundo movimiento, un Andante cantábile, se dejó llevar dulcemente sin interferir con los intervalos de quinta. Es de notar, que el estofado de las esculturas parecía brillar en contrapunto con la melodía dominante.  

El tercer movimiento, un Andante sincopado, tuvo las apoyaturas requeridas para que el contraste con las orlas de cabecitas de ángeles anticiparan la futura gloria de la Señora Santa Ana, preciada escultura del siglo XVII, que con devota dignidad estaba vestida con una túnica tónica de intensas advocaciones marianas. Cabe destacar que la audiencia se fundía en una emoción genuinamente sacra.

El ultimo movimiento, un Prestíssimo, fffffff (quasi comme un inferno) desenfrenó cualquier posibilidad de estabilidad emocional. Frenéticas, las semifusas se clavaban como clavos de martirio en las pilastras estípites del segundo cuerpo, hubo un momento, cuando un arpegio en mi, rebotó desde el altar hasta la cúpula, que todos sentimos que iríamos a sucumbir irremediablemente. Momentos de tensión se vivieron, hasta que la maestría de los ejecutantes calmaron la fiebre de las cuerdas para terminar arrebatadamente en un acorde disminuido.

Al salir, y congregarnos en el atrio de la iglesia, un argumento se escuchaba pertinaz, el atril jamás tuvo una duda, permaneciendo firme en su posición.
Hasta ese momento entendimos la relevancia estética de permanecer en su sitio hasta el término del concierto. En términos coloquiales, lo importante de no tirar el arpa antes de tiempo.

Sergio Astorga Tinta/papel

martes, 4 de febrero de 2014

Tirando estandartes


Con el estribillo del edén perdido en la memoria y ese resonar de la metralla por las calles de toda la ciudad, lo dejaron acalambrado. Sus manos arrepentidas de civismo buscaban descanso en los bolsillos de su pantalón. Mutilados, hasta los árboles mostraban su tronco baleado. 
Quiso correr, pero era inútil, la caída era inminente. El verdugo devoraba a los vivos y a los muertos. Todo el alfabeto yacía desmembrado y los lápices del mundo quedaron romos.

¿Adónde poner el estandarte? Preguntaba, pero no había olivos que respondieran. 

“Mi reino es de este mundo” se escuchaba en los altavoces amarrados en los álamos insepultos del parque.
Con la certeza de la uña enterrada, sabía que no habrá zapatos para poder andar, ni monedas en el pecho para pagar el alba.

*Dicen que hay voluntarios fajados en otra vida que tiran las cenizas de todos los estandartes que han ardido.

Sergio Astorga Tinta /papel

jueves, 30 de enero de 2014

A golpe de calcetín


Nada me tienen que reprochar. He guardado mi soltería toda la curva de años. Los celos, que nunca oculte, no fueron mi perdición como todo mundo supone, al contrario, fueron ellos los que me salvaron.
Yo necesito que mi ropa huela a jabón Jardines de California y mis calcetines tienen que estar ordenados según el material con el que están hechos. No importa el color o el posible dibujo o estampado, eso no me molesta. Díganme si no es entendible estos dos únicos empeños. El celo, es ese ardor que tenemos por nuestras cosas. Yo me curvo por ellas. 

No es sólo el bastón lo que me tiene amolado. Es el recuerdo. Sus labios recién pintados con ese rojo intenso me sigue perturbando. Y esas axilas con su bello recién cortado, tan fino, tan excitante. No lo voy a negar ahora, he sido prisionero de ese recuerdo. He sabido que enviudaste y te has ayuntado con Justino. 

Yo sigo leal, impoluto en mis cosas. Cierro los ojos y me pregunto ¿cómo vas a vivir con alguien que no comprende que un calcetín es primordial?

Sergio Astorga tinta/papel

martes, 28 de enero de 2014

Despegue fallido


Intentamos llegar al lago Groom, en el estado de Nevada. Mi abuelo había trabajado en la minas de plomo y plata ubicadas al el sur de la Cordillera Goom. Así que conocía los vericuetos de caminos para llegar al lago. Caminamos durante cuatro horas. Sólo descansamos unos minutos para beber agua y comer una carne seca que compramos el día anterior en una tienda mexicana llamada “El Paisano” en Santa Fe New Mexico. Al bajar por un acantilado, difícil pero caminable, logramos ver la blancura proyectada del salar. Al sur, dos rectas paralelas ratificaban las pistas de aterrizaje. De repente sentí que me jalaban de la camisa a la altura del hombro izquierdo. Mi amigo, que hasta ese momento se dejaba guiar como un corderillo temeroso, me señaló a un guardia, que pertrechado en la cima de una colina, vigilaba con dominio de visión todo el panorama. -Si nos atrapan soy ente muerto, me dijo. Ante la agitación no medité sus palabras, Comenzamos a sudar copiosamente, yo lo veía de reojo y mi amigo mostraba ya los síntomas de la desesperación. Todo indicaba que no lograría acercarse a las pistas de aterrizaje. Ya había intentado en Roswell hacer contacto con un amigo de otro amigo de mi abuelo; parece ser que el contacto se esfumó sin dejar rastro. De repente mi amigo comenzó a disparar con su cámara fotográfica ráfagas de tomas de las pistas de aterrizaje. Siempre creí que era un reportero gráfico; trabajaba en una revista de divulgación científica, pero ahora ya no sé que creer. Sin decir palabra, me lanzó un gesto de resignación y comenzó a descender a toda prosa hacia las pistas. Comprendí que era inútil seguirlo. El llamado de un destino inexplicable para mí, lo había desbordado.
Tenía razón mi abuelo, cuando decía que: hay entes que buscan despegar al saberse atrapados en un mundo que no es el suyo.

Texto publicado en la revista en la revista:

Revista Digital miNatura 132 (Castellano e inglés)

27.01.14

Sergio Astorga
tinta/papel

lunes, 27 de enero de 2014

La Moraleja del Cuento



Este Abarrote se complace una vez mas en abrir la cortina con una novedad de alta calidad. No los torturaré con necedades abarroteras y sólo los convido a leer estos espléndidos  textos de José Manuel Ortiz, que ha tenido la amabilidad de invitarme a colaborar con algunos dibujo y un brevísimo prólogo.  
Recuerden que la mejor moraleja comienza con la lectura.

LA MORALEJA DEL CUENTO (pique)

jueves, 23 de enero de 2014

Espinos



La calle donde vivo, no piensen ustedes que estoy a exagerar, pica. Algunas cosas, me lo ha dicho mi padre que nunca llego a ser apologista de nada, toman la apariencia de su nombre. Yo vivo en Espinos 18 interior tres. La ventana principal mira a la calle, así que no tengo una visón distorsionada de lo que veo, vamos, soy testigo fidedigno de lo que cuento. 
Al principio era una calle tranquila, no hermosa, pero caminable. Poco a poco empecé a notar que la suela de mis zapatos quedaba con pequeños orificios, como cuando pisamos vidrios partidos. Hoy es insoportable andar por la calle; se clavan una especie de púas, como si fueran de rosal. Con decirles que no se consigue caminar pegado a la pared porque también están repletas de picos.
Ya no salgo de casa. Por fortuna, bendita sea la tecnología, a través del correo electrónico, todos lo moradores de la calle de Espinos hemos enviado una petición al Ministerio de las Nomenclaturas, para que en la brevedad modifique el nombre de nuestra calle por el motivo, entendible, supongo, de que los pinchazos ya son insufribles.  

Sergio Astorga Tinta/papel

martes, 21 de enero de 2014

Estancamiento


Ella, dormida sobre el agua y el ruiseñor cantando del otro lado de la muralla. El haz  solar quedó prisionero cuando en el reflejo, las claridades se estamparon en la retina. Abandonada, cubierta de cicatrices de agua 
azul cian, se gastan los caminos. 
Los sapos que la rondan, no consiguen despertarla. Ningún beso ha dejado la saliva cierta. 
El ruiseñor sigue ufano dando trinos. La disciplina de la imagen no se inmuta y todos, expectantes, esperamos a que algún día se despierte y nos mire nuestra cola anfibia de aristócratas. 

Sergio Astorga Fotografía: à Casa de Mateus,
a Mulher adormecida de João Cutileiro 

viernes, 17 de enero de 2014

A dos tiempos


-  ¡No hay enanos, mamá! ¡Ni sapos! ¡Ni zombis! ¡Ni seres interplanetarios! ¿Con eso quieres asustarme? Tú vives en otro mundo. Ni siquiera tuviste Atari.


La mamá, quitada de la pena, permanecía sentada en la silla del comedor con ese característico hilillo de sangre escurriendo por su nariz.

Sergio Astorga tinta/papel 

miércoles, 15 de enero de 2014

martes, 14 de enero de 2014

El otro yo


Cuando caminaba por la avenida sintió que una fuerza extravagante lo hacía caer en círculos A los pocos segundos comenzó a sentir que su masa se expandía. De inmediato pensado en el colapso. ¿Cómo regresar a mi estado original? ¿Mi conciencia se vio alcanzada? ¿Será el mismo cuando vuelva? No dejaba de dialogar a la manera que había aprendido. Nadie podría ayudar, ni su iPad, ni su Smartphone conseguían establecer conexión. Seguía cayendo sin saber en que modelo atómico podría acomodar su nueva realidad. Notó que su naturaleza a veces era de onda ya veces corpórea. Prendado de esta sensación creyó que podría seguir cayendo eternamente y que en realidad el tiempo es tan elástico como su percepción.

Cuando volvió a su estado inicial, es decir, cuando caminaba por la avenida, por supuesto que los dinosaurios ya se habían extinguido y se habían convertido en un ser químicamente impuro al afirmar: el espacio se curva bajo el peso de las palabras.

Sergio Astorga tinta/papel 14 x 19 cm.

lunes, 13 de enero de 2014

El buen escriba



Nunca se atrevió a sentirse tan vivo hasta que publicó su epitafio.

Sergio Astorga mixta/papel

Máquina de coser palabras


De nueva cuenta llamo su atención caramelos y bonitas en este nuevo año que todavía no se desteta del anterior, para contarles que Juan Yanes, creador de la mítica Maquina de coser palabras, ha tenido la paciencia, generosidad y tolerancia para coser mis palabras a su Máquina. 
El halago ha sido tal, que todo el que venga al mostrador de los Antojos, aquí a la Invicta ciudad de Porto, brindaremos con un Port wine de 20 años, ya que la ocasión lo amerita.

Los convido a visitar la pagina de Máquina de coser palabras y leer la antología que Juan Yanes tuvo a bien publicar.

Puedo decir ahora con orgullo que soy Abarrotero y 
Maquinista.

viernes, 10 de enero de 2014

Tres aires



I

No hace falta adelgazar el aliento.
La carne se hurta al horiznte 
y los signos de tu vientre
son la piel de algunos trazos.
Todo calla.
II

Bebo tu nombre para encontrar tu piel.
Reconozco la sombra de tu asombro.
La lengua que escribe tu perfil.
El pincel me deja empapar el lecho.
Lecho de papel.
Algodón que funciona como puerto;
como tibio abrazo que se adhiere 
al destino de una linea.

III

Tus ojos se desnudaron en las esquinas.
Si hubo un principio fue gracias al azul.
Entre una orilla y otra 
queda una imagen ausente.
Formas que siguen la huella
que dejó el eco 
de las sabanas húmedas. 

Sergio Astorga Tríptico acuarela/papel 

miércoles, 8 de enero de 2014

Tiempo de lectura


Su carátula se distorsionaba, su redondez  se fugaba a lo Dalí. Las muchachas en flor se acomodaban en su tiempo perdido. Algunos muchachos conversaban en la catedral. Todo se veía como el llano en llamas. El sonido y la furia recordaban el rojo y negro de las guerras floridas. Todo daba a entender que los caminos se bifurcaban y todos los nombres tuvieron su región mas transparente.

De repente las manecillas se detuvieron a lo Bovary y un cementerio marino descansa bajo el volcán.

Sergio Astorga Acuarela/papel  20 x 30 cm.